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CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA EN LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA LA MAYOR

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María
Jueves 8 de diciembre de 1988

 

1. "Alégrate, María, llena de gracia" (Aleluya del Evangelio, cf. Lc 1, 28).

La Virgen escucha en el pueblecito de Nazaret las palabras de saludo del Ángel. Experimenta una profunda emoción: "se turbó", y al mismo tiempo su mente se abre: ¿qué sentido tenían aquellas palabras? (cf. Lc 1, 29).

Sí, Dios le habla de su eterno misterio. Dice que es Padre y, esta paternidad que es Dios mismo, se manifiesta admirablemente en el Hijo. El Hijo de la misma naturaleza que el Padre y El mismo, Dios. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado.

¡Sí! Engendrado, y continuamente generado desde la eternidad en la unidad de la Divinidad. En la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu-Amor.

2. En el pueblecito de Galilea Dios mismo visita, mediante el Mensajero angélico, a la Virgen, y le habla de su eterno misterio.

Comparte con Ella, con una criatura, con su humilde esclava, el Misterio de sus eternos designios.

Son éstos los designios del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: en la unidad de la Divinidad que es Amor.

Dios que es Amor, abraza a toda la creación, visible e invisible.

El Amor que es el Existir de Dios, el "Ser" de la Trinidad "ayer, hoy y siempre" (cf. Heb 13, 8), se concentra sobre el hombre. Desea hacer partícipe gratuitamente al hombre de su vida, de su naturaleza, de la divinidad misma.

Y he aquí, en la vía de tal don se encuentra Ella: la llena de gracia.

En Ella, el corazón de una criatura y la historia de un ser humano llegan a ser la primera morada del Emmanuel:

"El Señor está contigo" (Lc 1,28). "Bendita tú entre las mujeres" (Lc 1,42).

3. María escucha las palabras del saludo del Ángel. Y junto a María escucha estas palabras toda la creación. La humanidad entera. Precisamente en esas palabras, se trata de la causa del hombre.

"Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo" (Lc 1, 31).

De la mujer nace el hombre. Ella lo concibe; lo lleva bajo su corazón; lo da a luz.

María, siendo virgen y permaneciendo virgen, debe realizar la misma experiencia: debe llegar a ser Madre.

"¿Cómo será eso, pues no conozco varón ... ? El Espíritu Santo vendrá sobre ti" (Lc 1, 34-35).

4. El Espíritu Santo.

Aquel que es el amor increado.

Consubstancial al Padre y al Hijo. ¡Precisamente El!

Es propio de El, que es el Amor, realizar el misterio del nacimiento humano del Hijo de Dios: de Aquel que, siendo de la misma naturaleza del Padre, nace desde la eternidad, en la unidad de la Divinidad.

Tú preguntas, María, "¿cómo será eso?".

Esto no puede realizarse de otro modo —"ni de amor carnal, ni de amor humano"— sino de Dios.

Sólo de Dios puede nacer Aquel que será "Santo y llamado Hijo de Dios" (cf. Lc 1, 35). "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra". Solamente de esta potencia, que es Amor, puede nacer Aquel que, siendo Dios, será también hombre; Aquel que, siendo hombre, será también Hijo de Dios.

¡Hijo tuyo, María! ¡No temas!

5. La Iglesia escucha incesantemente estas palabras junto con la Virgen de Nazaret y junto con Ella las medita: "qué saludo era aquél".

Y, meditando, sigue las palabras que escuchó María y penetra —en la medida de la capacidad humana— en las profundidades inefables del Misterio que es Dios.

Dios y sus designios salvíficos con respecto al hombre.

Y por esto, meditando las palabras del saludo de Nazaret, la Iglesia mira a través de ellas a la historia del hombre en toda su extensión, hasta los mismos orígenes.

Por esto leemos del Libro del Génesis en la liturgia de hoy; el texto que habla de la verdad del pecado original.

Y leemos este texto para retornar a Aquella que el Mensajero proclamó: llena de gracia.

¿No era tal vez necesario que sólo Ella no participase en el pecado del "origen" humano? ¿Que estuviese libre de tal herencia? ¿ Que en Ella, elegida para ser la Madre del Redentor, se realizase toda la plenitud de la redención?

¿Que Ella fuese la Inmaculada Concepción?

6. Hoy, viviendo el Adviento del año del Señor de 1988, la Iglesia desea agradecer todo lo que ha sido el don del "Año Mariano" para todos y para cada uno. Para las personas y para las comunidades del Pueblo de Dios en todo el mundo.

Para la relectura del mensaje del Concilio Vaticano II sobre la presencia de la Madre de Dios en la misión de Cristo y de la Iglesia.

Para la renovación y la conversión de los corazones humanos.

Para el fortalecimiento de la fe y de la esperanza.

Para el recuerdo de las grandes acciones de Dios en la historia de cada una de las naciones.

Para la relectura de la verdad sobre la dignidad y vocación de la mujer.

Por la alegría de la maternidad espiritual que Cristo extendió a todo ser humano en su testamento de la redención.

7. Centrados en el misterio de María, que lleva el nombre de "Inmaculada Concepción". entramos en el Adviento. No solamente en el Adviento de este año litúrgico., sino también en el adviento del próximo milenio,

Caminamos hacia la noche de Navidad y hacia la noche pascual de la lucha entre la muerte y la vida que está en Cristo.

En El, el Padre eterno eligió a la Virgen de Nazaret.

En El nos eligió a cada uno de nosotros "antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante El por el amor" (Ef 1, 4), para que fuésemos alabanza de su gloria, nosotros que, junto con María, esperamos en Cristo (cf. Ef 1, 12).

 

© Copyright 1988 - Libreria Editrice Vaticana

 

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