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SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL «CORPUS CHRISTI»

HOMILÍA DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II

Basílica de San Juan de Letrán
Jueves 25 de mayo de 1989

 

1. Lauda Sion Salvatorem...

Hoy la Iglesia da las gracias por el don de la Eucaristía. Hoy la Iglesia adora el Misterio Eucarístico. No sólo lo hace hoy. Ciertamente, la Eucaristía decide la vida de la Iglesia cada día. Sin embargo la Iglesia desea dedicar de un modo particular este día a la acción de gracias y a la adoración pública.

Lauda Sion Salvatorem...

Saldremos en procesión con el Santísimo Sacramento desde la Basílica de Letrán, que es "madre" de todas las iglesias de Roma y de fuera de Roma, a la basílica mariana del Esquilino: Ave verum Corpus natum de Maria Virgine.

2. Caminando en procesión, tendremos ante los ojos a la muchedumbre que seguía a Jesús, cuando El la instruía acerca del reino de Dios. El Evangelista Lucas escribe que curó "a los que lo necesitaban" (Lc 9, 11). Aquella vez, sin embargo —además de los enfermos— todos los presentes tuvieron necesidad de alimento, puesto que "caía la tarde" (Lc 9, 12). Jesús no sigue el consejo de los Doce de despedir a la muchedumbre y mandarla a las aldeas y poblados de los alrededores, sino que dice: "Dadles vosotros de comer" (Lc 9, 13).

Los Apóstoles no tenían nada más que cinco panes y dos peces (cf. Lc 9, 13).

Jesús los tomó y "alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente" (Lc 9, 16). El Evangelista constata que "comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos" (Lc 9, 17).

3. El milagro de la multiplicación de los panes es un signo que preanuncia de modo particular la Eucaristía.

La liturgia. por tanto, nos remite á la tarde del Cenáculo, en que Cristo fue traicionado. La tarde de la institución de la Eucaristía, que celebramos cada año el Jueves Santo.

Aquella tarde, después de las palabras sacramentales pronunciadas sobre el pan pascual y sobre el cáliz del vino, Cristo, dijo: "cada vez que coméis de este pan y bebéis de la copa, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva" (1 Co 11, 26).

"Cada vez": en la Eucaristía la sacramental "multiplicación de los panes" se extiende a todos los tiempos. Llega a muchos lugares de toda la tierra. Permanece a lo largo de las generaciones.

Hoy deseamos "reunir" en la vía de la procesión eucarística romana a todas las generaciones, que desde los tiempos apostólicos se han nutrido, en esta ciudad, de la Eucaristía.

Nosotros, que en la generación actual vivimos de este Sacramento, deseamos dar las gracias y adorar por todos.

Lauda Sion Salvatorem...

4. La procesión eucarística es imagen de la peregrinación del Pueblo de Dios. Seguimos a Cristo que es Pastor de las almas inmortales.

Nos conduce la modesta especie del Pan: la Hostia blanca, en la que se expresa sacramentalmente el misterio del único sacerdocio. He aquí el sacerdote que "penetró los cielos" (cf. Hb 4, 14). He aquí, el "Sacerdote por siempre" (cf. Sal 109/110, 4). Mediante el sacrificio de la cruz El ha superado todos los sacrificios de la Antigua Alianza. Su sacerdocio conoce sólo una sola figura en los tiempos de Abraham: Melquisedec. El sacrificio cruento de nuestra redención ha sido revestido por Cristo con las especies del pan y del vino. Igualmente Melquisedec ofreció el pan y el vino. Un signo profético.

5. Mediante su Sacrificio mesiánico Cristo ha realizado todo cuanto ha sido pronunciado por el Salmista en relación a Melquisedec.

Precisamente a El el Señor le ha jurado: "Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec" (Sal 109/110, 4).

Precisamente a El le ha dicho: «Oráculo del Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha... Yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora"» (Sal 109/110, 1. 3).

"Oráculo del Señor a mi Señor" así habla el Padre al Hijo de la misma sustancia, el cual está sentado "a su derecha" en virtud del Sacrificio redentor de la cruz; del Sacrificio del Cuerpo y de la Sangre.

Precisamente mediante dicho Sacrificio El es Pastor de todos.  Es Pastor eterno, al que el Padre le ha confiado a todos los hombres. Porque, por El y en El, el hombre puede reencontrar la Vida, la Vida eterna que está en Dios mismo.

Lauda Sion Salvatorem...

Lauda Ducem et Pastorem, in hymnis et canticis.

6. Sigamos, pues, en procesión a Cristo. Nos conduce la blanca especie del Pan por los caminos de la ciudad, a la que se encuentra unido un particular testimonio apostólico, y la herencia apostólica de la Eucaristía.

Caminemos, cantando y adorando el Misterio.

Sabemos que no hay palabras capaces de expresarlo adecuadamente ni capaces de adorarlo.

“Quantum potes, tantum aude, / quia maior omni laude...”. / Sí. “Maior omni laude”! / “Quia maior omni laude, / nec laudare sufficis”.

Amén.

 

© Copyright 1989 - Libreria Editrice Vaticana

 

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