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JUAN PABLO II
HOMILÍA EN LA MISA CELEBRADA EN LA PARROQUIA
ROMANA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
Domingo, 17 de octubre de 1999
1. "Dad al César lo que es del César y a Dios lo
que es de Dios" (Mt 22, 21).
En el pasaje del evangelio de hoy resalta la respuesta de Jesús
a algunos judíos que, como en otras circunstancias, trataban de ponerlo a
prueba. Jesús evita la trampa, actuando como un Maestro de gran sabiduría,
que enseña fielmente el camino de Dios sin ceder a componendas.
Dad a Dios lo que es de Dios. Resulta evidente que lo
que más cuenta es el reino de Dios. Las palabras de Cristo iluminan la línea
de conducta del cristiano en el mundo. La fe no le pide que se aísle de las
realidades temporales; por el contrario, es un estímulo mayor para que se
comprometa con generoso empeño a transformarlas desde dentro, contribuyendo
así a la instauración del reino de los cielos.
También la primera lectura, tomada del libro del profeta Isaías,
subraya esta verdad. Para los creyentes existe un solo Dios, que, con su
providencia, guía el camino de la humanidad a través de la historia (cf. Is
45, 5-6). Precisamente por esto, se comprometen en la construcción de la
ciudad terrena, a fin de hacerla más justa y humana. Los sostiene en este
esfuerzo la esperanza de participar un día en la comunión de la ciudad
celestial, donde Dios será todo en todos.
2. Amadísimos hermanos y hermanas de la parroquia de San
Francisco de Asís en el Monte Mario, me alegra visitar hoy vuestra comunidad
y celebrar con vosotros la eucaristía. En este período de preparación
inmediata para el jubileo, se nos invita constantemente a contemplar el
misterio de la encarnación del Hijo de Dios, para disponernos así a cruzar
con la actitud interior debida el umbral del tercer milenio.
Os saludo a todos con gran afecto. Saludo al cardenal vicario,
al obispo auxiliar del sector, monseñor Vincenzo Apicella, a vuestro celoso párroco,
padre Maurizio Fagnani, al superior general de los escolapios y a todos los
padres escolapios de la provincia romana, que colaboran con él en la guía
pastoral de la comunidad.
Deseo saludar con gratitud también a los miembros de
institutos religiosos presentes en el territorio parroquial; a los numerosos
grupos seglares que, con las diversas iniciativas de catequesis, caridad y
animación del tiempo libre, enriquecen la vida de la parroquia; y a los
miembros del consejo pastoral y del consejo para los asuntos económicos.
Dirijo un cordial saludo al grupo Agesci 27, a los jóvenes
y a los animadores del "Oratorio Calasanz", creado recientemente con
el objetivo de realizar un centro de reunión para niños y muchachos del
barrio.
Os felicito por estas actividades en favor de las jóvenes
generaciones y, sobre todo, me alegra que los adultos compartan los
compromisos y responsabilidades de la pastoral juvenil, sin dejar solos a los
jóvenes en su camino de crecimiento y educación en la fe. Para los jóvenes
el sentirse acompañados por adultos maduros, que sepan proponerles metas
elevadas y sean capaces de escucharlos y dar respuestas válidas a sus
preguntas existenciales de fondo, es una garantía con vistas a su futuro y
eso enriquece a la Iglesia y a la sociedad. Por tanto, os exhorto a seguir por
ese camino, inspirándoos en el ejemplo de san José de Calasanz, fundador de
las Escuelas Pías y patrono de las escuelas populares cristianas, que tanto
hizo por el bien y la formación cristiana y cultural de la juventud.
3. Hablando de jóvenes, el pensamiento va naturalmente a
la próxima Jornada mundial de la juventud que, como es sabido, se celebrará
en Roma del 15 al 20 de agosto del año 2000. Aunque se trata de una
iniciativa dirigida ante todo a los jóvenes, debe contar con la participación
de toda la comunidad cristiana de Roma, en sus diversos niveles y estamentos.
Hay que prepararse para brindar una acogida cordial a los muchachos y
muchachas que vengan a Roma para esa celebración. Encomendemos al Señor, por
intercesión de María, el éxito y los frutos espirituales que producirá
seguramente ese gran acontecimiento.
Además de vuestro laudable esfuerzo con vistas a la formación
de los jóvenes, no quiero olvidar las diversas iniciativas de caridad y
evangelización que se realizan en vuestra parroquia, especialmente las que
son fruto de la Misión ciudadana, recientemente clausurada, pero cuyo espíritu
y estilo pastoral deben seguir impregnando todas las actividades apostólicas.
Me refiero, en particular, a la realización de un centro de acogida y ayuda
para los pobres, así como a los centros de escucha del Evangelio, que habéis
abierto en muchas partes del barrio. Jamás debemos cansarnos de ser
misioneros y de difundir el evangelio de la caridad.
4. Amadísimos feligreses de San Francisco de Asís en el
Monte Mario, al venir esta mañana a visitaros, noté que vuestra comunidad
dispone de una iglesia pequeña, que, aunque tenga tres siglos de historia, no
basta para vuestras exigencias litúrgicas y pastorales. A la vez que deseo
que pronto tengáis otra mayor, os exhorto a considerar la pequeñez del
edificio como un nuevo estímulo para ser comunidad viva, comprometida a
llevar el Evangelio a todas partes. Sed una parroquia misionera, compuesta por
creyentes apasionados de Cristo y capaces de testimoniar la fe con su vida.
Que la Virgen María os proteja; que san José de Calasanz y
san Francisco de Asís obtengan de Dios para cada uno de vosotros el don de la
perseverancia en vuestros propósitos de bien, según el espíritu y los
compromisos de la nueva evangelización.
Amén.
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