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VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA
DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Domingo 4 de febrero de 2001

1. "Duc in altum, rema mar adentro" (Lc 5, 4). Esta invitación que Jesús dirigió al apóstol san Pedro constituye el motivo dominante de la liturgia de hoy, V domingo del tiempo ordinario.
Recogí estas mismas palabras en la carta apostólica Novo millennio ineunte, que firmé durante la celebración conclusiva del Año santo. En ella, después de repasar los elementos fundamentales que caracterizaron la experiencia jubilar, tracé las líneas guía para la vida de la Iglesia y su misión evangelizadora en el tercer milenio.

"Maestro..., por tu palabra, echaré las redes" (Lc 5, 5). Así responde Simón Pedro a la invitación de Cristo. No oculta su desilusión por el trabajo infructuoso realizado durante toda la noche y, sin embargo, obedece al Maestro:  abandona sus convicciones de pescador, que conoce bien su oficio, y se fía de él. Conocemos la continuación de la historia. Al ver las redes rebosantes de peces, Pedro toma conciencia de la distancia que lo separa a él, "pecador", de aquel a quien ahora reconoce como el "Señor". Se siente transformado interiormente y, ante la invitación del Maestro, deja las redes y lo sigue. Así, el pescador de Galilea se convierte en el apóstol de Cristo, la piedra sobre la que Cristo funda su Iglesia.

2. Hoy tengo la alegría de realizar mi primera visita pastoral a una parroquia romana, después del extraordinario acontecimiento de gracia del gran jubileo. Vuestra iglesia está situada a poca distancia del lugar llamado Saxa Rubra, donde en el año 312, como narra la tradición, se apareció misteriosamente la cruz. "In hoc signo vinces":  estas palabras, que conocéis muy bien, se unen idealmente a las que acabamos de escuchar:  "Duc in altum, rema mar adentro". Confiar en Cristo lleva a compartir con él el camino del sufrimiento y de la muerte. Pero lo que humanamente parece una derrota, expresada significativamente en el misterio de la cruz, se convierte en garantía de victoria segura y definitiva.

Estas consideraciones me llevan a recordar a don Eulogio Carballido Díaz, pastor generoso y amado, que guió esta comunidad durante veinticinco años. Solía ir en peregrinación todos los años a Saxa Rubra, acompañado por muchos de vosotros, para venerar la imagen de la Virgen inmaculada, Madre de Dios, que yo mismo tuve la alegría de coronar. El Señor, que hace un año lo llamó repentinamente a sí, le conceda el premio celestial reservado a sus servidores buenos y fieles.

3. Amadísimos hermanos y hermanas de la parroquia de San Alfonso María de Ligorio, os saludo a todos con afecto. Dirijo un saludo especial al cardenal vicario, al obispo auxiliar del sector norte, a vuestro párroco, don Stefano Alberici, a los sacerdotes que colaboran con él y a los representantes de los niños y de los jóvenes, a quienes agradezco las amables palabras de bienvenida pronunciadas al comienzo de la celebración. También saludo cordialmente a las religiosas de las dos comunidades femeninas presentes en la parroquia:  las Franciscanas de Susa y las Pequeñas Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María.

Os saludo especialmente a vosotros, amadísimos feligreses de San Alfonso, que habéis venido en tan gran número a esta misa dominical, así como a todos los habitantes de la zona, que durante estos años han visto crecer, junto a los primeros asentamientos rurales y a los reconstruidos después de la terrible riada de 1965, nuevos y modernos centros residenciales.

4. "Duc in altum, rema mar adentro". ¿Qué significa para vosotros, amadísimos hermanos y hermanas de esta parroquia, remar mar adentro al comienzo del nuevo milenio? Los primeros habitantes de esta periferia romana, que emigraron de la Italia central y meridional, trajeron consigo una fe sencilla y sincera, con tradiciones religiosas bien consolidadas. Así, se fue construyendo, bajo la guía de un párroco celoso, una comunidad activa y vigilante en el ámbito de la fidelidad a Cristo y de la solidaridad con quienes atraviesan situaciones difíciles.

Ciertamente, aquí, como en otras partes, no han faltado y no faltan dificultades y pruebas. Sin embargo, con san Pablo, podéis repetir hoy que la gracia de Dios no se ha frustrado en vosotros (cf. 1 Co 15, 10). Las numerosas semillas de bien sembradas a lo largo de los años están dando frutos abundantes. Gracias al nuevo complejo parroquial, inaugurado el 1 de octubre del año pasado, vuestra parroquia dispone ahora de un lugar adecuado para acoger y formar a los habitantes del barrio, prestando especial atención a los niños y a los jóvenes.

Por tanto, al considerar el gran bien ya realizado entre vosotros, os digo:  remad mar adentro. Convertíos, individualmente y como comunidad, en misioneros del amor del Señor. Preocupaos por todo hombre y toda mujer que vive y trabaja en este territorio, siguiendo el ejemplo de vuestro patrono celestial, san Alfonso, que sintió un celo constante por la evangelización.

5. Ensanchando nuestra mirada, podemos preguntarnos:  ¿qué significa remar mar adentro para nuestra comunidad diocesana? ¿No significa, acaso, recomenzar desde Cristo para llevar a todos el anuncio de la salvación?

A este propósito, sé que toda la diócesis se está preparando con empeño para el congreso que se celebrará el próximo mes de junio. Yo mismo lo he deseado como un gran encuentro útil para delinear, sobre la base de la experiencia de la Misión ciudadana, las líneas fundamentales de una "movilización" constante al servicio del Evangelio.

Ese importante momento de reflexión y comunión conferirá una impronta misionera estable a la pastoral diocesana. Servirá, además, para aumentar la sensibilidad hacia el tiempo actual, en el que es posible y necesario vivir de modo coherente como cristianos en todos los ambientes de vida, de actividad y de servicio.

6. "He trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo" (1 Co 15, 10). Estas palabras del apóstol san Pablo, que hemos escuchado en la segunda lectura, nos ayudan a comprender correctamente el valor de nuestros esfuerzos:  la realización de cuanto nos proponemos depende ciertamente de nuestra buena voluntad; pero depende, sobre todo, de la gracia de Dios. Por tanto, el camino pastoral de vuestra parroquia, así como el de la diócesis y el de toda la Iglesia, debe ser esencialmente un camino de santidad, con una adhesión cada vez más profunda a Aquel que es, por antonomasia, el tres veces santo (cf. Is 6, 3).

En este itinerario de fe, esperanza y caridad nos acompaña la Virgen santísima, aurora luminosa y guía segura de nuestros pasos por los caminos del mundo y de la historia. Imitémosla en la contemplación, meditando en nuestro corazón el misterio de Cristo (cf. Lc 2, 51). Sigámosla en la oración perseverante y concorde, en comunión con los Apóstoles y con toda la comunidad eclesial (cf. Hch 1, 14). Acojamos su invitación a tener confianza en su Hijo:  "Haced lo que él os diga" (Jn 2, 5).

Y tú, María, Estrella del nuevo milenio, ruega por nosotros. Amén.

 

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