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SANTA MISA EN RITO
LATINO Y BEATIFICACIÓN
HOMILÍA DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
Martes 26 de junio de 2001
1. "Haced
lo que él os diga" (Jn 2, 5).
El pasaje del Evangelio que hemos proclamado presenta la primera intervención
de María en la vida pública de Jesús y pone de relieve su cooperación en
la misión del Hijo. En Caná, durante un banquete nupcial en el que
participan María, Jesús y sus discípulos, se acaba el vino. María,
manifestando su fe en el Hijo y ayudando a los jóvenes esposos que se
encuentran en un apuro, pide al Salvador que provea realizando el primer
milagro.
"¿Qué nos va a ti y a mí, mujer? Todavía no ha llegado mi hora" (Jn
2, 4), le responde Jesús. Ante estas palabras, María no se desanima y, dirigiéndose
a los sirvientes, dice: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,
5). Renueva su confianza en el Hijo y su intercesión se ve premiada con el
milagro.
El episodio evangélico nos invita hoy a contemplar a María como "Auxilio
de los cristianos" en todas las necesidades. Sería instructivo considerar
las vicisitudes del pueblo fiel para reconocer en ellas los signos de la
protección materna de María, siempre solícita del bien de sus hijos. Podríamos
recoger numerosos testimonios de las intervenciones de María para ayudar a las
personas y a las comunidades. Pero los testimonios más hermosos precisamente
los podemos encontrar en la vida de vuestros santos
Hoy fijamos nuestra mirada en dos hijos de esta tierra, a los que la
devoción a la santísima Virgen impulsó a seguir un camino de perfección,
reconocido ahora solemnemente. Son el arzobispo José Bilczewski y el sacerdote
Segismundo Gorazdowski. Ambos tuvieron un profundo amor a la Madre del Señor.
Su vida y su servicio pastoral fueron una respuesta continua a su invitación:
"Haced lo que él os diga". Con una obediencia heroica a las enseñanzas
del Señor, recorrieron el camino estrecho de la santidad. Ambos vivieron aquí,
en Lvov, casi durante los mismos años. Hoy son inscritos juntos en el catálogo
de los beatos.
2. Al recordarlos, me complace saludar a todos los aquí presentes. Saludo,
de modo especial, a los señores cardenales Marian Jaworski y Lubomyr Husar, a
los obispos de la Conferencia episcopal ucraniana y a los del Sínodo de los
obispos de la Iglesia greco-católica ucraniana. Os saludo también a vosotros,
sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, y a cuantos estáis
activamente comprometidos en las diferentes actividades pastorales. Dirijo un
saludo afectuoso a los jóvenes, a las familias, a los enfermos y a toda la
comunidad reunida idealmente aquí para acoger el mensaje espiritual de los
nuevos beatos.
Me alegra que la archidiócesis de Lvov cuente con un segundo arzobispo beato.
Después de Jacob Strzemie, que guió a este pueblo durante los años 1391-1409
y fue beatificado en 1790, hoy es elevado a la gloria de los altares otro pastor
de esta archidiócesis, José Bilczewksi. ¿No es un testimonio de la
continuidad de la fe de este pueblo y de la bendición de Dios, que le envía
pastores dignos de su vocación? No podemos por menos de dar gracias a Dios por
este don concedido a la Iglesia de Lvov.
El arzobispo José Bilczewksi nos invita a vivir con generosidad el
amor a Dios y al prójimo. Esta fue la regla suprema de su vida. Ya desde
los primeros años de sacerdocio cultivó una ardiente pasión por la verdad
revelada, que lo llevó a hacer de la investigación teológica un camino
original para traducir en comportamientos concretos el mandamiento del amor a
Dios. Tanto en su vida sacerdotal como en los diversos e importantes cargos que
desempeñó en la universidad "Juan Casimiro" de Lvov, supo
testimoniar siempre, además de su amor a Dios, un gran amor al prójimo. Prestó
atención particular a los pobres y mantuvo relaciones respetuosas y cordiales
con sus compañeros y con sus estudiantes, que le correspondieron siempre con
gran estima y afecto.
Su nombramiento como arzobispo le brindó la ocasión para ensanchar
inmensamente los confines de su caridad. En el período particularmente difícil
de la primera guerra mundial, el nuevo beato se presentó como el icono vivo
del buen Pastor, dispuesto a animar y sostener a sus fieles con palabras
inspiradas y llenas de benevolencia. Socorrió a las personas necesitadas, por
las que sintió una predilección tan grande, que quiso permanecer con ellas
incluso después de su muerte, pidiendo que lo enterraran en el cementerio de
Janow, en Lvov, que acogía los restos mortales de los desheredados. Siervo
bueno y fiel del Señor, animado por una profunda espiritualidad y una incesante
caridad, fue amado y estimado por todos sus conciudadanos, sin distinción de
confesión, rito o nacionalidad.
Hoy su testimonio brilla ante nosotros como aliento y estímulo, para que también
nuestra acción apostólica, alimentada por una profunda oración y una tierna
devoción a la Virgen, esté totalmente consagrada a la gloria de Dios y al
servicio de la santa Madre Iglesia, para el bien de las almas.
3. Asimismo, esta beatificación constituye para mí un motivo particular
de alegría. El beato José Bilczewski se sitúa en la línea de mi sucesión
apostólica. En efecto, él consagró al arzobispo Boleslao Twardowski, el cual,
a su vez, ordenó obispo a monseñor Eugenio Baziak, de cuyas manos recibí la
ordenación episcopal. Hoy, pues, también yo recibo a un nuevo y particular
patrono. Doy gracias a Dios por este admirable don.
Hay otro detalle que no podemos pasar por alto en esta ocasión. El beato
arzobispo Bilczewski fue consagrado por el cardenal Juan Puzyna, obispo de
Cracovia. Le acompañaron en la ordenación el beato José Sebastián Pelczar,
obispo de Przemysl, y el siervo de Dios Andrés Septyckyj, arzobispo greco-católico.
¿No fue un acontecimiento extraordinario? En aquella circunstancia el Espíritu
hizo que se reunieran tres grandes pastores, dos de los cuales son proclamados
beatos, y el tercero, si Dios quiere, lo será también. En verdad esta tierra
merecía verlos juntos en el acto solemne de la creación de un sucesor de los
Apóstoles. Merecía verlos unidos. Su unión sigue siendo un signo y una
llamada para los fieles de sus respectivas comunidades, pues su ejemplo los
impulsa a construir la comunión amenazada por el recuerdo de los
acontecimientos históricos y por los prejuicios surgidos del nacionalismo.
Hoy, a la vez que alabamos a Dios por la inquebrantable fidelidad de estos
siervos suyos al Evangelio, sentimos el íntimo impulso a reconocer las
infidelidades evangélicas en que han incurrido muchos cristianos tanto de
origen polaco como ucraniano, residentes en estos lugares. Es tiempo de tomar
distancia del pasado doloroso. Los cristianos de las dos naciones deben caminar
juntos en nombre del único Cristo, hacia el único Padre, guiados por el mismo
Espíritu Santo, fuente y principio de unidad. Quiera Dios que el perdón
ofrecido y recibido se difunda como bálsamo benéfico en el corazón de cada
uno. Que la purificación de la memoria histórica impulse a todos a hacer que
prevalezca lo que une sobre lo que separa, para construir juntos un futuro de
respeto recíproco, de colaboración fraterna y de auténtica solidaridad. Hoy
el arzobispo José Bilczewski y sus compañeros Pelczar y Septyckyj os exhortan:
¡estad unidos!
Están aquí presentes los fieles de Wilamowice, el pueblo donde nació y de
donde procedía el arzobispo Bilczewski. Envío mi saludo a los habitantes de
esa región y a los fieles de la parroquia con ocasión de la fiesta de hoy.
4. Durante los años del episcopado de monseñor Bilczewski, también vivió
en Lvov la última parte de su existencia terrena don Segismundo Gorazdowski,
auténtica perla del clero latino de esta archidiócesis. Su extraordinaria
caridad lo llevó a dedicarse sin cesar a los pobres, a pesar de sus
precarias condiciones de salud. La figura del joven sacerdote que, olvidándose
del grave peligro de contagio, visitaba a los enfermos de Wojnilow y amortajaba
los cuerpos de los muertos de cólera, quedó grabada en la memoria de sus
contemporáneos como testimonio vivo del amor misericordioso del Salvador.
Tuvo un celo ardiente por el Evangelio, que lo llevó a trabajar en las
escuelas, en el campo editorial y en diversas iniciativas catequísticas, sobre
todo en favor de los jóvenes. Además, su acción apostólica era confirmada
por un compromiso de caridad incesante. Los fieles de Lvov lo recuerdan
como el "padre de los pobres" y el "sacerdote de los
desheredados". Su creatividad y su entrega en este ámbito casi no tuvieron
confines. Como secretario del "Instituto de los pobres cristianos"
estuvo presente dondequiera que se elevaba el grito angustiado de la gente, al
que trató de responder, precisamente aquí en Lvov, con numerosas instituciones
caritativas.
Reconocido en el momento de su muerte como "un verdadero religioso, aunque
sin votos especiales", por su plena fidelidad a Cristo pobre, casto y
obediente, sigue siendo para todos un testigo privilegiado de la misericordia
divina. En particular, es testigo para vosotras, queridas Religiosas de San
José, que tratáis de imitarlo fielmente difundiendo el amor a Cristo y a los
hermanos mediante obras educativas y asistenciales. Del beato Segismundo
Gorazdowski habéis aprendido a fundar la actividad apostólica en una intensa
vida de oración. Espero que, como él, conciliéis la acción con la
contemplación, alimentando vuestra piedad con una ardiente devoción a la pasión
de Cristo, un amor tierno a la Virgen Inmaculada y una veneración muy especial
a san José, cuya fe, humildad, prudencia y valentía don Segismundo trataba de
imitar.
5. Ojalá que el ejemplo de los beatos José Bilczewski y Segismundo
Gorazdowski sea motivo de estímulo para vosotros, queridos sacerdotes,
religiosos, religiosas, seminaristas, catequistas y estudiantes de teología.
En este momento pienso en vosotros de manera muy especial y os invito a aprender
la lección espiritual y apostólica de estos dos beatos pastores de la Iglesia.
¡Imitadlos! Vosotros, que de diferentes modos prestáis un servicio especial
al Evangelio, debéis hacer como ellos todo lo posible para que, con vuestro
testimonio, cada hombre, independientemente de su edad, su origen, su formación
y su situación social, se sienta amado por Dios en lo más íntimo de su corazón.
Esta es vuestra misión.
Que vuestro compromiso prioritario sea amar a todos y estar a disposición de
todos, sin faltar jamás a vuestra fidelidad a Cristo y a la Iglesia.
Ciertamente, este es un camino lleno de dificultades e incomprensiones, que a
veces puede implicar incluso la persecución.
Los ancianos son muy conscientes de esto. Entre vosotros se encuentran numerosas
personas que, en la segunda mitad del siglo pasado, sufrieron mucho a causa de
su adhesión a Cristo y la Iglesia. Quiero rendir homenaje a todos vosotros,
queridos sacerdotes, religiosos y religiosas que habéis permanecido fieles a
este pueblo de Dios. Y a vosotros, que ahora secundáis a estos generosos
obreros del Evangelio, procurando proseguir su misión, os digo: ¡no tengáis
miedo! Cristo no promete una vida fácil, pero asegura siempre su ayuda.
6. Duc in altum! ¡Rema mar adentro, Iglesia de Lvov de los latinos!
El Señor está contigo. No temas frente a las dificultades que también hoy
insidian tu camino. Con Cristo saldrás victoriosa. Elige con valentía la
santidad: es la premisa segura de la paz verdadera y del progreso
duradero.
Amadísimos hermanos y hermanas, os encomiendo a la protección de María, benévola
Madre de Dios, a la que desde hace siglos veneráis en la imagen que tendré la
alegría de coronar hoy. Me alegra poder arrodillarme también yo ante esta
imagen que recuerda los votos del rey Juan Casimiro. La "Graciosa Estrella
de Lvov" os sostenga y os alcance la plenitud de las gracias.
Iglesia de Lvov de los latinos, que intercedan por ti todos los santos y santas
que han enriquecido tu historia. Te protejan de modo especial los beatos
arzobispos Jacob Strzemie y José Bilczewski, con el padre Segismundo
Gorazdowski. Avanza confiada en el nombre de Cristo, Redentor del hombre. Amén.
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