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MISA PARA LOS UNIVERSITARIOS ROMANOS COMO
PREPARACIÓN A LA NAVIDAD
HOMILÍA DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
Martes 11 de diciembre de 2001
1. "Como un pastor apacienta el rebaño, su mano
los reúne" (Is 40, 11).
La primera lectura que se acaba de proclamar en nuestra asamblea nos ha vuelto a
proponer el inicio de lo que comúnmente se llama "Libro de la consolación".
Al pueblo elegido, obligado a vivir en el exilio, el profeta, conocido con el
nombre de "segundo Isaías", le anuncia el fin de los sufrimientos y
el regreso a su tierra.
Este anuncio de esperanza se abre con la invitación: "Consolad,
consolad a mi pueblo" (Is 40, 1). Sigue una proclamación gozosa de
la intervención decisiva de Yahveh, que vendrá a liberar a su pueblo:
"Mirad, Dios, el Señor, llega con poder" (Is 40, 10).
"¡Aquí está vuestro Dios!". Es preciso prepararse para encontrarse
con él. Es necesario preparar el camino al Señor (cf. Is 40, 3), porque
viene a liberar a los suyos, oprimidos por la esclavitud. Viene presuroso y solícito
a buscar la oveja perdida.
Las palabras del profeta se cumplen en la figura de Cristo, el buen Pastor, del
que la página evangélica de hoy ofrece una breve descripción. En Cristo Dios
no sólo sale al encuentro del hombre, sino que lo busca con conmovedora
intensidad de amor.
2. "Mirad: Dios, el Señor, llega con poder" (Is
40, 10).
En el clima de Adviento, que estamos viviendo, la afirmación del profeta tiene
un eco aún más amplio y significativo. El Adviento es el tiempo de la espera
vigilante del Mesías, que "llega con poder" a liberar a su pueblo, y
al que acogeremos dentro de pocos días en la pobreza de Belén. Vendrá como
Rey victorioso al final de los tiempos, pero ya ahora, constantemente,
"viene a renovar el mundo". Debemos aprender a escrutar los
"signos" de su presencia en los acontecimientos de la historia.
La liturgia de este tiempo nos invita a buscarlo y a descubrir que está cerca
de nosotros aun cuando nos alejamos de él siguiendo senderos efímeros e
ilusorios. Si lo buscamos, es porque antes él nos ha buscado y ha
encontrado. Por eso, frente a las situaciones difíciles, en los momentos
oscuros de la existencia, no faltan jamás la esperanza y la alegría en el
corazón de los creyentes.
3. Con estos sentimientos os saludo: señor ministro de Educación,
amadísimos rectores, profesores y alumnos de diversas universidades romanas,
italianas y europeas, aquí presentes. Os acojo con afecto y doy a cada uno mi
cordial bienvenida, agradeciendo en particular al profesor Mario Arcelli, rector
de la LUISS, y a la joven universitaria, las palabras que me han dirigido al
inicio de la celebración, interpretando los sentimientos de los profesores y
alumnos.
Este tradicional encuentro con el mundo universitario, que se realiza poco antes
de Navidad, constituye siempre para mí una grata y esperada ocasión para
aprovechar la riqueza de reflexión y esperanza de que son portadoras las nuevas generaciones
universitarias. Agradezco a los rectores y a los profesores la contribución
que dan a la formación de los jóvenes. Os agradezco cordialmente a vosotros,
queridos jóvenes, vuestra presencia, y os deseo que realicéis felizmente los
estudios y proyectos que cultiváis en vuestro corazón.
Permitidme que os repita una vez más, especialmente a vosotros: "¡No
tengáis miedo!". "Remad mar adentro" e id con confianza al
encuentro de Jesús, porque en él seréis libres y estaréis seguros, incluso
cuando los caminos de la vida resultan abruptos e insidiosos. Fiaos de él, jóvenes
universitarios de diversas naciones europeas. Acogerlo significa abrirle la
riqueza de cada cultura y nación, exaltando su originalidad, en el dinamismo de
un diálogo fecundo y en la articulación armoniosa de las diversidades.
4. "Una voz dice: "¡Grita!"" (Is 40, 6).
Esta exhortación del profeta resuena con singular vigor en nuestra asamblea litúrgica.
Se dirige a vosotros, que formáis el mundo de las universidades y de la
cultura. Queridos amigos, también vosotros debéis gritar. En efecto, no se
puede callar la verdad de Cristo. Exige ser anunciada sin arrogancia, pero con
firmeza y valentía. Esta es la parresía de la que habla el Nuevo
Testamento, la cual debe caracterizar también el compromiso cultural de los
cristianos.
¡Gritad, jóvenes universitarios, con el testimonio de vuestra fe! No os
contentéis con una vida mediocre, sin impulsos ideales, orientada sólo a
conseguir el provecho individual inmediato. Trabajad por una universidad
digna del hombre, que sepa ponerse también hoy al servicio de la sociedad de
modo crítico.
Europa necesita una nueva vitalidad intelectual. Una vitalidad que proponga
proyectos de vida austera, capaz de compromiso y sacrificio, sencilla en sus
aspiraciones legítimas, clara en sus realizaciones y transparente en sus
comportamientos. Es necesaria una nueva valentía del pensamiento, libre y
creativo, dispuesto a aceptar, desde la perspectiva de la fe, las exigencias y
los desafíos que surgen de la vida, para mostrar con claridad las verdades últimas
del hombre.
5. Queridos hermanos y hermanas, procedéis de diferentes naciones de
Europa, de Oriente y Occidente. Sois como un símbolo de la Europa que debéis
construir juntos. Pero para cumplir esta ardua misión necesitáis la paciencia
y la tenacidad del pastor que busca la oveja perdida, de la que habla el pasaje
evangélico de san Mateo, que se acaba de proclamar.
Una búsqueda incansable, que no se desanima jamás aunque sean escasos los
resultados, ni se paraliza por las inevitables y a veces crecientes
incomprensiones y oposiciones. Una búsqueda inteligente y apasionada, como de
quien conoce y ama. Para el pastor, la oveja perdida no es una entre cien; es
como si fuera la única: la llama por su nombre y reconoce su voz. En una
palabra, la ama. Así actúa Dios con nosotros. El hombre de hoy necesita
reconocer la voz de Cristo, el verdadero Pastor que da la vida por sus ovejas.
Por tanto, sed apóstoles capaces de acercar las almas al Señor, ayudándoles a
experimentar el consolador abrazo de su redención.
6. "Toda carne es hierba y su belleza como flor del campo"
(Is 40, 6).
La liturgia del Adviento proyecta nuestra mirada hacia las verdades eternas que
iluminan de sano realismo las vicisitudes diarias. Desde este punto de vista,
esas palabras del profeta resuenan como una invitación a no ceder a los
espejismos de un progreso que no corresponde al designio divino. En efecto,
por asombroso que sea el desarrollo científico y tecnológico moderno, y por
prometedor que parezca para el futuro de la humanidad, trae consigo a veces
sombras terroríficas de destrucción y muerte, como ha acontecido también en
tiempos recientes. Es necesario respetar los límites insuperables que fijan las
referencias morales. Cuando el hombre pierde el sentido del límite y se erige
en legislador del universo, olvida que es como la hierba y la flor del campo,
cuya duración es breve.
Que la luz divina ilumine a cuantos trabajan en el importante campo de la
investigación y del progreso, para que se acerquen al hombre y a la creación
con humildad y sabiduría. Ojalá que los estudiosos y los científicos sean
siempre conscientes de la alta misión que la Providencia les confía. Amadísimos
hermanos y hermanas, cooperad también vosotros en esta exaltante misión. Al
investigar los secretos del cosmos y del ser humano, os acercáis cada vez más
al insondable misterio de Dios.
Que os sostenga la intercesión constante de María, Sedes sapientiae y
Madre solícita. Que ella os guíe en la búsqueda de la verdad y del bien,
siempre con actitud de dócil escucha, como ella, de la palabra vivificadora de
Dios.
¡Feliz Navidad a todos!
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