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SANTA MISA EN LA CAPILLA SIXTINA
Y ADMINISTRACIÓN DEL SACRAMENTO DEL BAUTISMO

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Fiesta del Bautismo del Señor
Domingo 12 de enero de 2003

 

1. "Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca" (Is 55, 6).

Estas palabras, tomadas de la segunda parte del libro de Isaías, resuenan en este domingo con el que se concluye el tiempo de Navidad. Constituyen una invitación a profundizar en el significado que tiene para nosotros esta fiesta del Bautismo del Señor.

Volvamos espiritualmente a las orillas del Jordán, donde Juan Bautista administra un bautismo de penitencia, exhortando a la conversión. Ante el Precursor llega también Jesús, el cual, con su presencia, transforma ese gesto de penitencia en una solemne manifestación de su divinidad. Repentinamente resuena una voz en el cielo:  "Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto" (Mc 1, 11), y el Espíritu Santo desciende sobre Jesús en forma de paloma.

En aquel acontecimiento extraordinario Juan ve realizarse cuanto se había dicho con respecto al Mesías nacido en Belén, adorado por los pastores y los Magos. Es precisamente a él, el anunciado por los profetas, el Hijo predilecto del Padre, a quien debemos buscar mientras se deja encontrar, y llamar mientras está cercano.

Con el bautismo todo cristiano lo encuentra de manera personal:  es insertado en el misterio de su muerte y de su resurrección, y recibe una vida nueva, que es la misma vida de Dios. ¡Qué gran don y qué gran responsabilidad!

2. La liturgia nos invita hoy a sacar "aguas con gozo de las fuentes de la salvación" (Is 12, 3); nos exhorta a revivir nuestro bautismo, dando gracias por los numerosos dones recibidos.
Con estos sentimientos, me dispongo, como ya es tradición, a administrar el sacramento del bautismo a algunos recién nacidos, en esta estupenda capilla Sixtina, donde el pincel de grandes artistas ha representado momentos esenciales de nuestra fe. Son veintidós los niños, procedentes en gran parte de Italia, pero también de Polonia y del Líbano.

Os saludo a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, que habéis querido participar en esta sugestiva celebración. Con gran afecto os saludo particularmente a vosotros, queridos padres, padrinos y madrinas, llamados a ser para estos pequeños los primeros testigos del don fundamental de la fe. El Señor os confía, como custodios responsables, su vida tan valiosa a sus ojos. Comprometeos amorosamente para que crezcan "en sabiduría, edad y gracia"; ayudadles a ser fieles a su vocación.

Dentro de poco, también en su nombre, renovaréis la promesa de luchar contra el mal y de adheriros plenamente a Cristo. Que vuestra existencia se caracterice siempre por este compromiso generoso.

3. Sed también conscientes de que el Señor os pide una colaboración nueva y más profunda, es decir, os confía la tarea diaria de acompañarlos a lo largo del camino de la santidad. Esforzaos por ser vosotros mismos santos, para guiar a vuestros hijos hacia esta alta meta de la vida cristiana. No olvidéis que, para ser santos, "es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración" (Novo millennio ineunte, 32).

María, la santísima Madre del Redentor, que acogió con total disponibilidad el proyecto de Dios, os sostenga, alimentando vuestra esperanza y vuestro deseo de servir fielmente a Cristo y a su Iglesia. Que la Virgen ayude especialmente a estos pequeños, para que realicen a fondo el proyecto que Dios tiene para cada uno de ellos, y que ayude a las familias cristianas del mundo entero a ser auténticas "escuelas de oración", en las que rezar unidos constituya cada vez más el corazón y la fuente de toda actividad.

 

 

© Copyright 2003 - Libreria Editrice Vaticana

 

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