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VIAJE APOSTÓLICO
DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
A CROAZIA

BEATIFICACIÓN DE SOR MARÍA DE JESÚS CRUCIFICADO PETKOVIC

HOMILÍA DE JUAN PABLO II

Puerto de Dubrovnik
Viernes 6 de junio de 2003

 

1. "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?" (Mc 10, 17), preguntó el joven que aquel día se presentó ante Jesús, poniéndose de rodillas.

Amadísimos hermanos y hermanas, también nosotros, en la asamblea litúrgica en que nos reunimos como discípulos del "Maestro bueno", le dirigimos hoy la misma pregunta para saber cuál es el camino que nos conduce a la vida eterna.

La respuesta es sencilla e inmediata:  "Cumple los mandamientos". Y viene de Aquel que es el verdadero manantial de la verdad y de la vida. El pueblo de Dubrovnik, reunido para esta celebración festiva, juntamente con los peregrinos que han venido del resto de Croacia, de Bosnia y  Herzegovina, de Montenegro y de los demás países, acoge con emoción la invitación del "Maestro bueno", e implora su ayuda y su gracia para poder corresponder con generosidad y empeño.

2. Os saludo con afecto, amadísimos hermanos y hermanas, juntamente con vuestros obispos, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas que os acompañan en vuestro camino de testimonio cristiano. Dirijo mi saludo cordial al obispo de esta diócesis, monseñor Zelimir Puljic, a quien agradezco las amables palabras que me ha dirigido; a los cardenales Joachim Meisner y Vinko Puljic; y de modo especial a las religiosas Hijas de la Misericordia, fundadas por la nueva beata. Saludo con deferencia también a las autoridades civiles y militares, a las que doy las gracias, así como a todos los que han trabajado para hacer posible mi visita.

Recordando a mi predecesor Pío IV, que fue arzobispo aquí, he venido con alegría a esta antigua y gloriosa ciudad de Dubrovnik, orgullosa de su historia y de sus tradiciones de libertad, justicia y promoción del bien común, testimoniadas por las lapidarias palabras grabadas en la fortaleza de San Lorenzo:  Non bene pro toto libertas venditur auro ("La libertad no se vende ni por todo el oro del mundo") y sobre la puerta de la sala del Consejo, en el palacio del gobernador:  Obliti privatorum, publica curate ("Olvidando el interés privado, preocupaos por el público").

Deseo que el patrimonio de valores humanos y cristianos, acumulado a lo largo de los siglos, con la ayuda de Dios y de vuestro protector san Blas, siga constituyendo el tesoro más valioso de la gente de este país.

3. "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?" (Mc 10, 17). Es la pregunta que también sor María de Jesús Crucificado hizo a su Señor desde que, siendo joven, colaboraba en la parroquia de Blato, en la isla de Korcula, y se prodigaba al servicio del prójimo en las asociaciones del Buen Pastor y de las Madres católicas, así como en la cocina popular.

La respuesta resonó nítidamente en su corazón:  "¡Ven y sígueme!". Así, conquistada por el amor de Dios, eligió consagrarse para siempre a él, realizando la aspiración de entregarse totalmente al bien espiritual y material de las personas más necesitadas. Luego fundó la congregación de las Hijas de la Misericordia de la Tercera Orden Regular de San Francisco, con la misión específica de "difundir y propagar, mediante las obras de misericordia espirituales y corporales, el conocimiento del Amor divino". No faltaron dificultades, pero sor María siguió adelante con indómita valentía, ofreciendo sus sufrimientos como actos de culto y sosteniendo a sus hermanas con la palabra y con el ejemplo. Durante cuarenta años gobernó con sabiduría materna su instituto, abriéndolo al compromiso misionero en diversos países de América Latina.

4. La figura de la beata María de Jesús Crucificado me lleva a pensar en todas las mujeres de Croacia, tanto en las que están casadas y son madres felices, como en las que están marcadas para siempre por el dolor de la pérdida de un familiar en la cruel guerra de la década de 1990, o por otras amargas desilusiones sufridas.

Pienso en ti, mujer, porque con tu sensibilidad, generosidad y fortaleza "enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas" (Carta a las mujeres, 2). Dios te ha confiado de modo especial las criaturas, y por ello estás llamada a convertirte en un apoyo importante para la existencia de toda persona, en particular en el ámbito de la familia.
El ritmo frenético de la vida moderna puede llevar al ofuscamiento e, incluso, a la pérdida de lo que es humano. Nuestro tiempo, tal vez más que cualquier otra época de la historia, necesita "el "genio" de la mujer, que asegure en toda circunstancia la sensibilidad por el hombre" (Mulieris dignitatem, 30).

Mujeres croatas, conscientes de vuestra altísima vocación de "esposas" y "madres", seguid mirando a toda persona con los ojos del corazón, salid a su encuentro y acompañadla con la sensibilidad propia del instinto materno. Vuestra presencia es indispensable en la familia, en la sociedad y en la comunidad eclesial.

5. De modo particular, pienso en vosotras, mujeres consagradas como María Petkovic, que habéis acogido la invitación a seguir con corazón indiviso a Cristo, casto, pobre y obediente.

No os canséis de responder fielmente al único Amor de vuestra existencia. En efecto, la vida consagrada no es sólo compromiso generoso de un ser humano; es, ante todo, respuesta a un don que viene de lo alto y que se debe acoger con plena disponibilidad. Que la experiencia diaria del amor gratuito de Dios a vosotras os impulse a entregar sin reservas vuestra vida al servicio de la Iglesia y de los hermanos, poniéndolo todo, presente y futuro, en sus manos.

6. "Jesús, fijando en él su mirada, lo amó" (Mc 10, 21). Dios dirige una mirada llena de ternura a quien desea cumplir su voluntad y caminar por sus sendas (cf. Sal 1, 1-3). En efecto, cada uno, según su vocación propia, está llamado a realizar, en sí y en torno a sí, el proyecto de Dios. Con este fin, el Espíritu del Señor reviste al hombre fiel a Dios "de entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia" (Col 3, 12). Sólo así se puede edificar la ciudad terrena a imagen de la ciudad celestial.

Que vuestra comunidad cristiana crezca y se fortalezca en el perdón recíproco, en la caridad y en la paz:  esta es la oración que hoy el Papa eleva al Señor por todos vosotros.
"Y todo cuanto hagáis, de palabra y de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de él a Dios Padre" (Col 3, 17).

A él la gloria por los siglos de los siglos.


Al final de la misa el Santo Padre dirigió las siguientes palabras: 


Siempre deseé visitar Dubrovnik. Esto se ha cumplido hoy. Doy gracias a Dios. Y os doy las gracias a todos vosotros por la cordial acogida, por esta liturgia, por estas bellezas naturales. Os bendigo a todos vosotros. Bendigo a vuestras familias. Bendigo a los jóvenes, y les digo:  ¡Ánimo! Bendigo a los niños y a los enfermos. Que Dios bendiga el país natal de la nueva beata, la ciudad de Dubrovnik y toda Croacia.

 

 

© Copyright 2003 - Libreria Editrice Vaticana

 

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