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CARTA DEL PAPA JUAN PABLO
II A LOS EPISCOPADOS DE ARGENTINA Y CHILE
A los queridos hermanos Juan Carlos Aramburu Cardenal Arzobispo de Buenos Aires, Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina,
Raúl Francisco Primatesta Cardenal Arzobispo de Córdoba,
José Manuel Santos Ascarza Arzobispo de Concepción, Presidente de la Conferencia Episcopal Chilena,
Tomás González Morales, Obispo de Punta Arenas
Con profunda alegría he leído vuestra carta del día 12 de este mes, con la que,
interpretando los sentimientos de los Episcopados de Argentina y Chile, habéis
querido renovarme el común compromiso pastoral de trabajar con denuedo por la
unión fraternal de vuestros dos países, respondiendo así al espíritu de este Año
Santo de la Redención y ofreciendo también un fruto inmediato de vuestro
encuentro en la Asamblea General del Sínodo de los Obispos sobre la penitencia y
la tarea reconciliadora de la Iglesia.
Transcurridos ya casi cinco años desde que, al comienzo de mi Pontificado, hice
también mía la preocupación por el diferendo de vuestras Naciones en la zona
austral, no puedo sino acoger con viva complacencia e íntimo agradecimiento este
gesto de ambos Episcopados, que desean acompañarme, en la forma que corresponde
a su responsabilidad pastoral, en los trabajos y desvelos que conlleva mi misión
de Mediador.
El proceso de búsqueda de una solución justa y equitativa, y por consiguiente
honorable para Chile y Argentina, ha requerido ya más tiempo de lo que las
expectativas de todos podían suponer. Vuestra carta, expresión generosa de un
empeño renovado en pro del entendimiento entre los dos países, es así mismo una
señal evidente de las hondas aspiraciones de dos pueblos que anhelan ver sellada
de modo oficial, lo antes posible, esa hermandad que los une desde siempre por
encima de pasajeras diferencias.
Recojo gozoso vuestros sentimientos y bendigo vuestra decisión de renovados
esfuerzos, en un momento en que me agradaría percibir indicaciones más
alentadoras sobre un positivo y sustancial desarrollo de las negociaciones;
confío, en efecto, en que vuestras Autoridades públicas, movidas por ideales de
paz y sabedoras de la necesidad y de las ventajas de una más estrecha
colaboración, lleguen con solicitud al Tratado final que, asumiendo y reflejando
mi Propuesta del 12 de diciembre de 1980, satisfaga a ambas Partes.
En justa correspondencia a vuestro compromiso y a los deseos de vuestros
países,
seguiré haciendo cuanto esté en mis manos para ayudar a ambos Gobiernos al logro
de esa feliz conclusión, en la convicción de que a las Autoridades responsables
no han de faltar una resuelta disponibilidad y una acentuada apertura de miras,
sobre todo si se sienten comprendidas, sostenidas y estimuladas en sus
decisiones por las esperanzas de reconciliación y de paz efectivas de sus
respectivos pueblos.
Con vosotros, queridos hermanos en el Episcopado, formulo fervientes votos para
que Chile y Argentina lleguen a ofrecer al mundo esta respuesta, humana y
cristiana, al reto de sus divergencias en la zona austral. Confío a María
Santísima estos votos y en sus manos pongo esta etapa de la Mediación para que
con su ayuda materna podamos ver pronto los frutos concretos de esa respuesta.
Acogiendo vuestra súplica, en prenda de abundantes gracias, de progresivo
bienestar cristiano y de una mejor convivencia civil de todos los queridos hijos
argentinos y chilenos, imparto a vuestras dos Naciones mi cordial Bendición
Apostólica.
Ciudad del Vaticano, 28 de octubre de 1983.
IOANNES PAULUS PP. II
© Copyright 1983 - Libreria Editrice Vaticana
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