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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A MONSEÑOR JOSEPH WERTH, S.J.,
ADMINISTRADOR APOSTÓLICO DE SIBERIA
Al venerado hermano JOSEPH WERTH, s.j.
Obispo titular de Bulna Administrador apostólico de Siberia
Me alegra particularmente unirme al gozo de
usted, de los sacerdotes y de los fieles de esa Iglesia local con ocasión de la
consagración de la catedral de los latinos en Novosibirsk, cuya primera piedra,
bendecida por mí, fue tomada de la tumba del apóstol san Pedro, bajo el altar de
la Confesión en la basílica vaticana.
Ese acontecimiento, con el que culmina un
largo período de gran compromiso, constituye un momento especialmente
significativo de la historia de esa comunidad cristiana. Después de los años de
duras y dolorosas persecuciones, de las que fue víctima, durante el régimen
comunista, junto con los demás cristianos de la ex Unión Soviética, ahora vive
un clima de libertad religiosa recuperada, que ha permitido a la Santa Sede
erigirla como administración apostólica. Así, los fieles católicos podrán
reunirse para orar en la nueva catedral, símbolo y profecía de la Iglesia una y
santa, cuya Cabeza y fundamento es Cristo muerto y resucitado.
La solemne
consagración del nuevo templo, acontecimiento ciertamente histórico, atestigua
que los mártires no han derramado en vano su sangre y que Dios ha escuchado el
grito de sus sufrimientos.
Los católicos de Siberia, diseminados a lo largo de
un territorio inmenso, aislados y perseguidos en los años pasados, supieron dar
un generoso testimonio de fe en Jesucristo y de fidelidad al Romano Pontífice.
La presencia entre ellos del obispo, sucesor de los Apóstoles, y la recuperada
visibilidad de su identidad de pueblo de Dios constituyen hoy una ocasión para
comprometerse con nuevo ardor, «cual piedras vivas, (...) en la construcción de
un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios
espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo» (1 P 2, 5). En
este esfuerzo de edificación de la Iglesia cultivarán una cordial colaboración
con los hermanos de la Ortodoxia y de las demás comunidades cristianas de Siberia, que también han sufrido las consecuencias del ateísmo de Estado.
Deseo
ardientemente que los católicos de Siberia resplandezcan por su fe viva y su
caridad activa, llevando a las personas cercanas y a las lejanas el alegre
mensaje de la salvación. Así, la nueva catedral, que constituye un signo
peculiar de comunión con la Sede de Pedro, se convertirá cada vez más en lugar
privilegiado de crecimiento en la fe mediante la reflexión en la palabra de
Dios, la oración comunitaria y la celebración litúrgica de los misterios
divinos.
Con estos deseos le imparto a usted, amadísimo hermano, a los
sacerdotes, a los religiosos, a los participantes en el sagrado rito y a toda la
comunidad eclesial católica de Siberia, una bendición apostólica especial,
propiciadora de los favores celestiales.
Vaticano, 29 de junio de 1997, solemnidad de
los apóstoles san Pedro y san Pablo.
© Copyright 1997 - Libreria
Editrice Vaticana
 
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