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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
CON OCASIÓN DEL IX CENTENARIO
DE LA COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA
DE LA BASÍLICA DE MÓDENA (ITALIA)

   

Al venerado hermano
BENITO COCCHI
Arzobispo-abad de Módena-Nonantola
Metropolitano de la provincia eclesiástica emiliana

1. Es para mí una gran alegría unirme espiritualmente a esa comunidad archidiocesana que el próximo 9 de junio celebrará el IX centenario de la colocación de la primera piedra de la catedral de Módena, insigne monumento de arte y fe. Ese templo, lleno de recuerdos, está asociado a situaciones humanas y acontecimientos históricos que, a lo largo de los siglos, han afectado a la provincia eclesiástica emiliana, especialmente a partir del año 1099, cuando el clero y todos los modeneses, a pesar de que la sede episcopal estaba entonces sine cura pastorali, decidieron unánimemente reconstruir la antigua iglesia donde se hallaba la tumba de su patrono, san Geminiano.

Como testimonian valiosos documentos que se conservan en el archivo capitular, el pueblo de Módena llevó a cabo esa empresa tan grandiosa, impulsado por el deseo de «renovar, reconstruir y elevar el templo de tan excelso patrono, para alabanza y gloria de Dios Padre todopoderoso, de su Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, y del Espíritu Santo, así como en honor de la bienaventurada siempre Virgen María y de nuestro santo patrono Geminiano» (Códice O. II. 11 del archivo capitular).

Las admirables esculturas románicas que embellecen la catedral ilustran los grandes contenidos de la fe pública y constituyen un auténtico «libro de piedra», que muestra las riquezas de la Revelación y celebra a Cristo, único Salvador. Esas esculturas narran el desarrollo del diálogo salvífico entre Dios y la humanidad a través de la historia de los hombres que, ya desde los albores, se ha convertido en historia de salvación.

La catedral es un gran monumento de fe, como bien testimonia la Relatio de su fundación: «La construcción de los cimientos comenzó (...) el 9 de junio (...) con alabanzas, himnos y cantos, con cirios y antorchas, con los santos evangelios y las cruces, con gran participación de hombres y mujeres». Edificada como domus clari Geminiani, en su sobria majestuosidad representa, asimismo, un insigne monumento de arte, que la Unesco ha declarado «patrimonio de la humanidad».

2. Con el paso de los años y los siglos, vuestra catedral ha transmitido el depositum fidei de una generación a otra. El templo construido con piedras se convirtió, ya desde el principio, en un signo tangible de la comunidad eclesial, Iglesia viva, edificio espiritual que tiene como piedra angular a Cristo mismo, y que está construida sobre el fundamento de los Apóstoles. En ella, los creyentes, como piedras vivas, se dirigen al Señor en la liturgia diciéndole: «En este lugar, Señor, tú vas edificando aquel templo que somos nosotros, y así la Iglesia, extendida por toda la tierra, crece unida, como Cuerpo de Cristo» (Prefacio de la dedicación).

El pueblo de Dios, convocado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, recibe allí el don de la salvación en los sacramentos de la fe y, mediante la escucha de la Palabra y la «fracción del pan», se abre a las perspectivas del amor de Dios y a la solidaridad con sus hermanos más pobres.

Evocando de nuevo el espléndido testimonio de vuestro santo patrono, y haciéndome eco de los numerosos discípulos de Cristo que a lo largo de este milenio han marcado la historia de vuestra comunidad cristiana, también yo, con motivo de la celebración jubilar, quisiera exhortaros a vosotros, queridos fieles de Módena-Nonantola, a no avergonzaros jamás del Evangelio, que es fuerza de Dios (cf. Rm 1, 16). Recordad siempre la advertencia del Apóstol: «El santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario» (1 Co 3, 17). Por eso, «¡mire cada cual cómo construye! Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo» (1 Co 3, 10-11).

Las piedras de la renovada catedral de Módena encierran, asimismo, la memoria permanente de san Geminiano, hombre de mucha oración y piedad, invocado por su poder sobre los demonios y venerado por los modeneses como «servidor del Evangelio» y «padre de la fe». Yo mismo tuve la alegría de orar ante su tumba el 3 de junio de 1988, durante mi visita pastoral a vuestra ciudad, renovando el acto de muchos de mis predecesores y, en particular, de Pascual II en el año 1106 y de Lucio III en el año 1184.

3. Vuestra catedral, iglesia «madre» de todas las iglesias de la archidiócesis, es el corazón y la imagen misma de la comunidad cristiana. Allí el obispo, sucesor de los Apóstoles y de san Geminiano, tiene su cátedra, desde la que anuncia el Evangelio, y su altar, sobre el que celebra los misterios divinos. Como recuerda el concilio Vaticano II, la liturgia, y en particular la eucaristía dominical, «al edificar, día a día, a aquellos que están en la Iglesia para ser templo santo en el Señor, morada de Dios en el Espíritu, hasta la medida de la plenitud de la edad de Cristo» (Sacrosanctum Concilium, 6), robustece al mismo tiempo de modo admirable sus fuerzas para predicar a Cristo.

La catedral es, de igual modo, signo de la comunión eclesial, que se manifiesta y afirma gracias a la guía pastoral del obispo. ¡Cómo no recordar aquí las sabias indicaciones del santo obispo y mártir Ignacio de Antioquía! Decía: «El Señor Jesús, que es uno con el Padre, nada hizo sin contar con su Padre. (...) Así vosotros nada hagáis tampoco sin contar con vuestro obispo. (...) No tratéis de hacer pasar por bueno lo que hacéis (...) por vuestra cuenta; al contrario, preferid la forma comunitaria. (...) Acudid todos al único templo de Dios, al único altar de Dios y al único Jesucristo, que ha salido del único Padre» (A los cristianos de Magnesia, 10).

Ojalá que la celebración de este feliz aniversario inspire en todos los creyentes de la comunidad eclesial de Módena-Nonantola una conciencia más profunda de su dignidad cristiana y de las tareas que derivan de ella. El Espíritu Santo los haga cada vez más conscientes de su adopción divina como hijos de Dios en Cristo Jesús y de su llamada a la novedad y santidad de vida, y los confirme en sus diferentes papeles, para que los sacerdotes, los religiosos y los laicos realicen su vocación asociados íntimamente a Cristo en su acción redentora.

4. La fundación de la catedral constituyó un momento significativo de la historia eclesial y civil de Módena. La decisión unánime de construir la domus clari Geminiani, fruto de una feliz y provechosa colaboración entre la Iglesia y la sociedad civil, inauguró la época de las libertades municipales y contribuyó a afirmar los valores humanos y cristianos que son los cimientos y la garantía de la dignidad del hombre y de la pacífica convivencia social.

La basílica catedral, situada, como «corazón ideal de la ciudad», en estrecho contacto con la plaza cívica, punto de referencia y símbolo de la vida social, y junto a una de las más antiguas vías de comunicación, ha de ser «estación que conforta» para quien recorre los caminos de la existencia humana, y para el homo viator, a menudo sólo preocupado por su bienestar material, una llamada intensa a la trascendencia y la comunión, de modo que cada uno se sienta impulsado a ensanchar la mirada sobre la realidad hacia horizontes divinos.

5. Ya en el umbral del tercer milenio, la Iglesia de Módena-Nonantola, recordando su tradición milenaria de santidad y compromiso apostólico, bien simbolizada por la historia de la basílica-catedral de San Geminiano, no puede menos de mirar al futuro con esperanza y con un anhelo pastoral más ardiente. En esta línea se sitúa la iniciativa, muy oportuna, que usted, venerado hermano, ha querido promover, es decir, la convocación de una misión para toda la archidiócesis durante el gran jubileo del año 2000.

Deseo de corazón que dé copiosos frutos, reavivando la obra evangelizadora del santo obispo Geminiano. Ojalá que durante el año jubilar se renueve la gozosa y unánime respuesta de fe que vivió la comunidad cristiana de Módena, reunida en torno a mi predecesor el Papa Pascual II, en el año 1106. En el Acta de reconocimiento del cuerpo de san Geminiano, la fuente literaria más antigua de la catedral, se dice textualmente que, congregados en torno al Papa, «todos elevaban sus manos al cielo y todos daban gracias al Salvador y Creador de todos los santos».

La misma fe que san Geminiano, «servidor del evangelio de Cristo», transmitió a los modeneses, hay que testimoniarla y propagarla ahora a las nuevas generaciones, para que se prolongue la acción redentora de Cristo, que en sus discípulos de todos los tiempos debe encontrar cooperadores indispensables y obreros infatigables de su Reino.

María, a quien Módena venera con el dulce título de Auxilio del pueblo modenés, acompañe vuestro camino. A ella le encomiendo los deseos y las oraciones de la celebración del noveno centenario de vuestra catedral, así como del Año jubilar, «año de gracia del Señor».

Como prenda de mi particular afecto, le imparto de corazón a usted, venerado hermano, a toda la comunidad archidiocesana y a la ciudad de Módena, la consoladora bendición apostólica.

Vaticano, 28 de mayo de 1999

  

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