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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL
PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE BURUNDI
A monseñor SIMON NTAMWANA Arzobispo de Gitega Presidente de la
Conferencia episcopal de Burundi
Mientras la Iglesia que está en Burundi celebra con alegría la Asunción de la
Virgen María con una peregrinación al santuario de Nuestra Señora de la Paz,
en Mugera, me alegra saludar cordialmente a los obispos, sacerdotes, religiosos,
religiosas, catequistas y fieles todos de ese amado país, que ha pasado por
tantas pruebas, pero que jamás ha renunciado a vivir con esperanza.
Presente con mi corazón en ese lugar donde se manifiesta la fe de vuestro
pueblo, uno mi oración a la vuestra para que el Señor guíe a todos los hijos
de la nación por los caminos de la concordia y la reconciliación. Animo
vivamente a los hombres de buena voluntad a proseguir con valentía y
abnegación sus esfuerzos para llegar a esa paz tan deseada. Dirijo con fuerza a
los beligerantes y a todos los responsables del país un nuevo llamamiento a
superar sus intereses propios para que, con renovado ardor, se pongan al
servicio del bien común de los burundeses, quienes, desde hace tanto tiempo,
están pasando por numerosas pruebas y privaciones, y aspiran a vivir con
dignidad y seguridad.
Pero sólo en el corazón de los hombres se puede construir una paz auténtica.
Esta exigente tarea se confía, de modo muy particular, a los cristianos: ellos
han recibido la misión de testimoniar que Cristo vino al mundo a traer el amor
del Padre. Por tanto, los exhorto a una verdadera conversión interior,
oponiéndose decididamente a recurrir a la venganza como un medio para
restablecer la justicia. En efecto, la búsqueda de la paz requiere, por parte
de todos, un esfuerzo sincero y una voluntad decidida a cambiar de vida, aunque
a menudo esto sea difícil y obligue a ir contra la corriente de las ideas
recibidas y de algunas tradiciones. Al acoger la gracia de la reconciliación,
ante todo en su propia familia, los cristianos están llamados a construir la
civilización del amor, que es la única garantía para establecer una sociedad
más justa y una paz duradera.
La fiesta de la Asunción de María nos invita a volver nuestra mirada hacia
esta Madre santísima, que guía y sostiene la esperanza del pueblo de Dios aún
en camino (cf. Prefacio de la misa de la Asunción). Que ella sea para
todos los burundeses un modelo de vida entregada totalmente a Dios y al
prójimo, con un corazón generoso y amable. ¡Quiera Dios que todos encuentren
en ella una fuente viva de ternura, de paz y de confianza, que les ayude a
perseverar en sus esfuerzos por construir un Burundi cada vez más fraterno y
solidario!
En este día de fiesta en que usted, monseñor, celebra las bodas de plata de su
ordenación sacerdotal, y tiene la alegría de conferir la ordenación a
numerosos ministros, sacerdotes y diáconos, signo de gran esperanza para la
Iglesia tan probada de su país, invoco la protección materna de Nuestra
Señora de la Paz sobre todos los habitantes de Burundi, y le imparto a usted,
así como al señor cardenal Ersilio Tonini, de visita en su país, al señor
nuncio apostólico, a los obispos, al clero y a todos los fieles de Burundi, una
afectuosa bendición apostólica.
Vaticano, 4 de agosto de 1999
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