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MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO II
CON OCASI
ÓN DEL CENTENARIO DEL NACIMIENTO
DE GIORGIO LA PIRA, ALCALDE DE FLORENCIA

 

 

Al venerado hermano
Señor cardenal ENNIO ANTONELLI
Arzobispo de Florencia


1. Me ha alegrado saber que la Iglesia florentina quiere conmemorar con oportunas celebraciones el centenario del nacimiento de Giorgio La Pira, que fue estimado alcalde de Florencia y figura ejemplar de laico cristiano. Ya lo recordé, el pasado mes de abril, con ocasión del encuentro con la Asociación nacional de municipios italianos, refiriéndome en particular a su actividad política, social y administrativa. En esta feliz circunstancia, deseo considerar brevemente su perfil espiritual.

2. La Pira, aparentemente frágil, estaba dotado de grandes energías intelectuales y morales, potenciadas y afinadas en el ejercicio diario del estudio, de la reflexión, de la ascesis y de la oración. Por naturaleza intuitivo, se sintió llamado a realizar su compromiso de cristiano siguiendo el ejemplo de Jesús, "ungido para anunciar a los pobres la buena nueva" (Lc 4, 18). Era preciso evitar la "tentación del Tabor", como él la llamaba (cf. Diario, 14 de septiembre de 1951), para bajar a la llanura de la entrega diaria a las numerosas exigencias del prójimo que atravesaba dificultades.

De la fecunda tensión entre contemplación y acción emerge la singular fisonomía del laico cristiano íntegro que fue La Pira. De ahí deriva también la herencia espiritual que legó a la Iglesia de Florencia y a toda la comunidad eclesial. Su espiritualidad fue, por decirlo así, "inmanente" a la actividad diaria:  en su vida eran inseparables la comunión eucarística, la meditación, el compromiso cultural y la acción social y política. Sentía fuertemente la presencia de la santísima Trinidad, que atraía y recogía su alma en la contemplación y la adoración. "La raíz de la acción -escribió- está siempre aquí:  en este "éxtasis" del alma enamorada que derrama lágrimas diciendo al Señor:  ¡Señor mío y Dios mío! ¡Mi Dios y mi todo!" (ib.). Por eso le resultó tan natural el lema "contemplata aliis tradere", tomado de santo Tomás de Aquino y de la escuela dominicana, que tanto contribuyó a su formación.

3. Giorgio La Pira buscaba luz e inspiración para su oración y su vida en Jesús resucitado, Señor de la historia, apoyándose en la Iglesia, Cuerpo de Cristo, bajo la protección materna de María santísima. Su mente, iluminada por la fe, fue capaz de intuiciones premonitorias sobre el camino de la Iglesia y del mundo, especialmente con respecto a la necesidad de la paz entre los pueblos y la superación de las ideologías ateas y materialistas.

Fiel al magisterio de la Iglesia, tuvo el sentido de la laicidad auténtica y de la justa autonomía de los fieles en el ámbito de las realidades seculares. Concibió la función pública como servicio al bien común, sin los condicionamientos del poder y sin buscar el prestigio o el interés personal.

Nos complace pensar que ahora, una vez concluida su historia terrena, está definitivamente inmerso en la contemplación del rostro de Dios, como ciudadano de la Jerusalén del cielo que tantas veces indicó como modelo de la ciudad terrena. Oramos para que su ejemplo estimule y aliente a cuantos se esfuerzan por testimoniar con su vida el Evangelio en la sociedad actual y se ponen al servicio de los demás, especialmente de la "pobre gente" que siempre encontró en él un amigo solícito y fiel.

4. Al confiarle estos pensamientos, venerado hermano, me uno espiritualmente a las celebraciones con que la comunidad diocesana y la civil de Florencia rendirán homenaje a este inolvidable servidor de Cristo y del hombre. Ojalá que honrar su memoria impulse a todos a atesorar sus enseñanzas.

Con este deseo, le envío de corazón a usted, y a cuantos han sido confiados a su solicitud pastoral, la implorada bendición apostólica.

Vaticano, 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos.

 

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