MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
PARA LA XV JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
31 de mayo de 1981
Queridísimos hermanos y hermanas:
La XV Jornada mundial de las Comunicaciones Sociales, fijada para el domingo
31 de mayo de 1981, tiene como tema: "Las comunicaciones sociales al
servicio de la libertad responsable del hombre". A tan importante tema
tengo intención de dedicar este mensaje, que dirijo a los hijos de la
Iglesia católica y a todos los hombres de buena voluntad.
Un signo de los tiempos
1. En la continua expansión y progreso de los mass-media se
puede descubrir un "signo de los tiempos", que constituye un inmenso
potencial de universal comprensión y un fortalecimiento de premisas para
la paz y la fraternidad entre los pueblos.
Justamente Pío XII, de venerada memoria, en la Encíclica Miranda
prorsus, del 8 de septiembre de 1957, hablaba de estos "medios",
clasificándolos como "inventos maravillosos de los cuales se glorían
nuestros tiempos", y veía en ellos "un don de Dios". El
Decreto Inter mirifica del Concilio Ecuménico Vaticano II, al
reforzar este concepto, subrayaba las posibilidades de estos medios que, "por
su naturaleza están en condiciones de alcanzar y mover no sólo los
individuos, sino las mismas multitudes y toda la sociedad humana".
La Iglesia, al tomar acto de las enormes posibilidades de los mass-media,
ha añadido siempre, a una valoración positiva, el reclamo a
consideraciones que no se detengan solamente en una evidente exaltación,
sino que hagan reflexionar y considerar que la fuerza de sugestión de
estos "medios" ha tenido y tendrá sobre el hombre especiales
influencias que habrá que tener muy en cuenta. El hombre, también
en relación con los mass-media, está llamado a ser "él
mismo": o sea, libre y responsable, "usuario" y no "objeto",
"crítico" y no "pasivo".
Servicio a la paz
2. En el curso de mi "servicio pastoral", he llamado repetidamente
la atención sobre esa "visión del hombre" como "persona
libre", la cual, fundada en la divina Revelación, es confirmada y
reclamada por la misma naturaleza como una necesidad vital: visión que en
la actualidad resulta todavía más indispensable, tal vez también
como reacción a los peligros que corre y a las amenazas que sufre o teme.
En el "Mensaje" enviado con motivo de la "Jornada mundial de
la Paz", al abrirse este año 1981, quise llamar la atención
sobre la libertad como condición necesaria para la consecución de
la paz: libertad de los individuos, de los grupos, de las familias, de los
pueblos, de las minorías étnicas, lingüísticas,
religiosas.
De hecho el hombre se realiza a sí mismo en la libertad. Y a esta
realización, cada vez más plena, debe tender, sin detenerse únicamente
en exaltaciones verbales o retóricas, como ocurre demasiado a menudo, sin
dar la vuelta al mismo sentido de la libertad y sin "cultivar de mala
manera, como si todo fuera lícito a condición de que guste,
incluido el mal" -como reafirma la Constitución pastoral del
Concilio Vaticano II Gaudium et spes (núm. 17)-, al contrario
debe ver y alcanzar estrechamente, conceptualmente y de hecho, la libertad como
consecuencia de la "dignidad" proveniente del hecho de ser él
mismo signo altísimo de la imagen de Dios. Esta es la dignidad que exige
que el hombre actúe según opciones conscientes y libres, esto es,
movido e inducido por convicciones personales y no por un ciego impulso interno
o por mera coacción externa (cf. Gaudium et spes, l. c.).
También una sugestión sicológica, aparentemente "pacífica",
de la cual el hombre es hecho objeto con medios de persuasión hábilmente
manipulados, puede representar y ser un ataque y un peligro para la libertad.
Por este motivo deseo hablar de las comunicaciones sociales al servicio
de la libertad responsable del hombre. El hombre es creado libre y como tal debe
crecer y formarse con un esfuerzo de superación de sí mismo,
ayudado por la gracia sobrenatural. La libertad es conquista. El hombre debe
liberarse de todo aquello que puede desviarlo de esta conquista.
La verdad, la justicia y el amor
3. En este punto los mass-media se sitúan como factores
dotados de una particular "carga positiva" en el contexto de este "esfuerzo"
para la realización de la libertad responsable: es una constatación
que ha permanecido constantemente presente en la atención de la Iglesia.
Esta posibilidad, si es necesario, se puede también demostrar. Pero aquí
hay que preguntarse antes que nada: ¿De la pura posibilidad a su realización,
hay verdaderamente un "paso positivo"?, ¿responden de hecho losmass-media
a las expectativas suscitadas en cuanto factores que favorecen la realización
del hombre en su libertad responsable"?
¿Cómo se expresan estos medios o cómo son utilizados para
la realización del hombre en su libertad y cómo la promueven? De
hecho se presentan como realidad de la "fuerza expresiva" y a menudo,
bajo ciertos aspectos, como imposición, sin que el hombre de hoy esté
en condiciones de crear el vacío en torno a sí, ni de
atrincherarse en el aislamiento, porque esto equivaldría a privarse de
contactos de los cuales no puede prescindir.
A menudo los mass-media son expresión de un poder que se hace
"opresión", especialmente allí donde no se admite el
pluralismo. Esto puede tener lugar no solamente donde la libertad es de hecho
inexistente, en razón de dictaduras de cualquier signo, sino también
donde, aun conservándose de alguna manera esta libertad, se registran
continuamente enormes intereses y presiones manifiestas u ocultas.
Esto se refiere particularmente a la violación de los derechos de
libertad religiosa, pero vale también para otras situaciones opresivas
que, prácticamente, se basan por varios motivos en la instrumentalización
del hombre.
La manipulación de los «mass-media»
La libertad responsable de los operadores de las comunicaciones sociales,
que debe presidir determinadas opciones, ¡no puede dejar de tener en cuenta
a aquellos a quienes afectan dichas opciones, también ellos libres y
responsables!
Llamar a los operadores de los mass-media al compromiso que impone
el amor, la justicia, la verdad, junto con la libertad, es un deber de mi
servicio pastoral. ¡La verdad no debe ser nunca manipulada, ni dejada de
lado la justicia, ni olvidado el amor, si se quiere corresponder a aquellas
normas deontológicas que, olvidadas o inatendidas, producen sectarismo,
escándalos, sumisión a los poderosos o condescendencia a la razón
de Estado! No será la Iglesia la que sugiera atenuar u ocultar la verdad,
aunque sea dura: la Iglesia, precisamente porque es "experta en humanidad",
no se deja llevar por un ingenuo optimismo, sino que predica la esperanza y no
se complace en los escándalos. Pero, precisamente porque respeta la
verdad, ¡no puede por menos de poner de relieve que ciertos modos de
utilizar los mass-media son capciosos en relación con la verdad y
deletéreos en relación con la esperanza!
4. Todavía más: se nota en los mass-media una carga
agresiva en la información y en las imágenes: desde el espectáculo
a los mensajes políticos, desde los descubrimientos culturales
prefabricados y dirigidos -que son auténtico adoctrinamiento-, a los
mismos mensajes publicitarios.
Es difícil en nuestro mundo pensar en operadores de los mass-media
que estén desvinculados de sus propias matrices culturales; pero ello no
debe hacer que se imponga a otros la ideología personal. El operador
deberá llevar a cabo un servicio lo más objetivo posible y no
transformarse en un persuasor oculto por interés de parte, conformismo o
ganancia.
Hay además un peligro para la libertad responsable de los usuarios de
los medios de comunicación social, que hay que señalar como un
grave atentado y está constituido por las solicitaciones a la sexualidad,
llegando incluso a la irrupción de la pornografía: en las palabras
pronunciadas o escritas, en las imágenes, en las representaciones e
incluso en ciertas manifestaciones llamadas "artísticas". Se
lleva a la práctica a veces un auténtico lenocinio, que cumple con
una obra de destrucción y perversión. Denunciar este estado de
cosas no es manifestar, como a menudo se oye decir, mentalidad atrasada o
voluntad de censura: la denuncia, también en este punto, se hace
precisamente en nombre de la libertad, que postula y exige no tener que sufrir
imposiciones por parte de quien quiera transformar la sexualidad misma en un "fin".
Esta operación sería no sólo anticristiana, sino
antihumana, con los consiguientes pasos a la droga, a la perversión, a la
degeneración.
La capacidad intrínseca de los medios de comunicación social
ofrece posibilidades enormes, se ha dicho. Entre ellas también la de
exaltar la violencia, a través de la descripción y figuración
de la existente en la crónica cotidiana, con "complacencias" de
palabras y de imágenes, ¡tal vez con el pretexto de condenarla! Se
da demasiado a menudo una especie de búsqueda que tiende a suscitar
emociones violentas para estimular la atención, cada vez más débil.
Grandes posibilidades y eventuales peligros
5. No se puede dejar de hablar del efecto y de la influencia que todo esto
ejerce de manera particular en la fantasía de los más jóvenes
y de los niños, grandes usuarios de los mass-media, desprovistos
y abiertos a los mensajes y a las sensaciones.
Hay una maduración que debe ser ayudada sin traumatizar
artificiosamente un sujeto todavía en formación.
La Iglesia, en éste como en otros campos, pide responsabilidad, no sólo
a los operadores de los medios de comunicación social, sino a todos y, de
manera especial, a las familias.
El modo de vivir, especialmente en las naciones más industrializadas,
lleva muy a menudo a que las familias se descarguen de sus responsabilidades
educativas, encontrando en la facilidad de evasión (en casa representada
especialmente por la televisión y ciertas publicaciones) el modo de tener
ocupados tiempo y actividad de niños y muchachos. Nadie puede negar que
en ello hay una cierta justificación, dado que demasiado a menudo faltan
estructuras e infraestructuras suficientes para potenciar y valorizar el tiempo
libre de los chicos y orientar sus energías.
Sufren las consecuencias precisamente aquellos que más necesidad
tienen de ser ayudados en el desarrollo de su libertad responsable. Y he aquí
que emerge el deber -especialmente para los creyentes, para las mujeres y los
hombres amantes de la libertad- de proteger especialmente a los niños y
muchachos de las agresiones que sufren también por parte de losmass-media.
¡Que nadie falte a su deber aduciendo motivos demasiado cómodos para
desentenderse!
Acción pastoral de la Iglesia
6. ¡Hay que preguntarse, especialmente en las circunstancias de esta
Jornada, si la misma acción pastoral lleva a buen fin todo aquello que se
le pide en el sector de los mass-media!
Al respecto hay que recordar, además del documento Communio et
progressio, cuyo décimo aniversario celebramos, lo dicho en el Sínodo
de los Obispos de 1977 -ratificado por la Constitución Apostólica
Catechesi tradendae-, así como lo que ha puesto de relieve el Sínodo
de los Obispos de octubre de 1980, sobre problemas de la familia.
La teología y la práctica pastoral, la organización de
la catequesis, la escuela -especialmente la escuela católica-, las
asociaciones y los grupos católicos, ¿qué han hecho,
concretamente, por este específico punto crucial?
Hay que intensificar la acción directa para la formación de
una conciencia crítica que influya en las actitudes y en los
comportamientos no sólo de los católicos o de los hermanos
cristianos -defensores por convicción o por misión de la libertad
y de la dignidad de la persona humana-, sino de todos los hombres y mujeres,
adultos y jóvenes, a fin de que sepan verdaderamente "ver, juzgar y
actuar" como personas libres y responsables, también -quisiera decir
sobre todo- en la producción y en las decisiones que se refieren a los
medios de comunicación social.
El servicio pastoral, del que soy responsable; la mentalidad conciliar, de
la que tantas veces he tenido modo de hablar y que siempre he estimulado; mis
experiencias personales y convicciones de hombre, de cristiano y de obispo me
llevan a subrayar la posibilidad de bien, la riqueza, el carácter
providencial de los mass-media. Puedo añadir que no me pasa
inadvertido, antes bien, me "interesa mucho" ese aspecto suyo que se
suele llamar artístico. Pero todo ello no impide que se vea también
la parte que en el uso -o abuso- de los mass-media tiene la ganancia, la
industria, la razón del poder.
Todos estos aspectos han de ser considerados de cara a una valoración
global de estos medios. ¡Que los mass-media sean, cada vez menos,
instrumentos de manipulación del hombre! Y sean en cambio, cada vez más,
promotores de libertad: medios de potenciamiento, de crecimiento, de maduración
de la verdadera libertad del hombre.
Con estos deseos, me siento feliz de invocar sobre todos aquellos que lean
estas palabras y traten de captar y actuar su sentido pastoral, los más
abundantes favores celestiales, de los cuales es prenda mi bendición
apostólica.
Vaticano, 10 de mayo, IV domingo de Pascua de 1981, III año de mi
pontificado.
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