MENSAJE DEL SANTO PADRE PARA LA 25a JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
12 de mayo de 1991
Queridos hermanos y hermanas:
Para la celebración de esta Jornada mundial para las comunicaciones
sociales, volvemos de nuevo al tema que constituye el mensaje central de la
instrucción pastoral Communio et progressio, aprobada por el Papa
Pablo VI en 1971, concerniente a la aplicación del decreto del Concilio
Vaticano II sobre los medios de comunicación social. Preparada según
el deseo de los padres conciliares, dicha instrucción contempló,
en su día, las principales finalidades de la comunicación social y
todos los medios de que se sirve para la unidad y el progreso de la familia
humana. En el vigésimo aniversario de este importante documento, deseo
contemplar de nuevo sus consideraciones básicas para invitar a los hijos
de la Iglesia a que reflexionen una vez mas acerca de los serios problemas y las
numerosas oportunidades nuevas que ofrece el continuo desarrollo de los medios
de comunicación, especialmente por lo que se refiere a la unidad y el
progreso de todos los pueblos.
La Iglesia posee desde hace mucho tiempo la convicción de que los
medios de comunicación social (prensa, radio, televisión, cine,
...) han de ser contemplados como «dones de Dios» (cf. Pío XII,
carta encíclica Miranda prorsus, AAS, 24 [1957], pág.
765). La lista de los «dones» que ofrece la comunicación social
ha continuado ampliándose desde que fue publicada la instrucción
pastoral. Realidades tales como los satélites, las computadoras, las
videograbadoras y los medios cada vez más perfectos para la transmisión
de informaciones están ahora a disposición de la familia humana.
El objeto de estos nuevos dones es el mismo que el de los demás medios de
comunicación tradicionales: conducirnos a una fraternidad y comprensión
mutuas cada vez mayores, y ayudarnos a avanzar en nuestro destino humano de
hijos e hijas amados de Dios.
La relación entre esta consideración general y la reflexión
que en esta ocasión deseo ofrecer es clara y directa: ese poder, puesto a
disposición del hombre, significa un elevado sentido de responsabilidad
en su utilización por parte de aquellos a quienes afecte. Según lo
expresado en la instrucción pastoral de 1971, los medios de comunicación
social son instrumentos carentes de vida propia. El que cumplan o no las
finalidades para las cuales nos fueron dados, depende grandemente de la
prudencia y sentido de responsabilidad con que se utilicen.
Desde el punto de vista cristiano son unos medios maravillosos a disposición
del hombre, bajo la providencia de Dios, para construir unas relaciones más
fuertes y claras entre los individuos y en toda la familia humana. En verdad, al
desarrollarse, los medios de comunicación social son capaces de crear un
nuevo lenguaje, que pone a la gente en condiciones de conocerse y entenderse
mutuamente con mayor facilidad y, por tanto, de trabajar juntos con mayor
prontitud en favor del bien común (cf. Communio et progressio
12). Pero para que sean medios eficaces de mayor compañerismo y de auténtico
progreso humano, estos medios han de ser un canal y expresión de verdad,
justicia, paz, buena voluntad y caridad activa, ayuda mutua, amor y comunión
(cf. Communio et progressio 12 y 13). El que los medios puedan servir
para enriquecer o empobrecer la naturaleza del hombre, depende de la visión
moral y de la responsabilidad ética de quienes están implicados en
el proceso de las comunicaciones y de aquellos que reciben el mensaje de estos
medios.
Todo miembro de la familia humana, ya sea el más humilde de los
consumidores o el más poderoso productor de programas, tiene su
responsabilidad individual al respecto. Me dirijo, por esto, especialmente a los
pastores de la Iglesia y a los fieles católicos que están
comprometidos en la tarea de las comunicaciones sociales para reanimar en ellos
el conocimiento de los principios y directrices que con tanta claridad quedaron
ya expuestas en la Communio et progressio. Ojalá que todos
entiendan mejor en dónde está su deber y se animen a realizar sus
deberes como un servicio fundamental a la unidad y al progreso de la familia
humana.
Abrigo la esperanza de que esta XXV Jornada mundial de las comunicaciones
sociales sea ocasión para que las parroquias y comunidades locales
presten una atención renovada a las diversas implicaciones de estos
medios y a su influencia en la sociedad, en la familia y en los individuos,
especialmente en los niños y en los jóvenes. Veinte años
después de la publicación de la Communio et progressio
cabe adherirse plenamente a aquello que el documento advierte y a las
expectativas referentes al desarrollo de las comunicaciones: «Cada día,
y con rapidez, crece la conciencia de la responsabilidad del pueblo de Dios en
el uso de los medios de comunicación social para que éstos presten
una fecunda y eficaz colaboración al progreso de la humanidad entera... a
fin de que hasta el último rincón del orbe llegue el testimonio de
Cristo Redentor» (n. 182). Pido a Dios fervientemente que os guíe y
sostenga en la realización de esta gran tarea y esperanza.
Vaticano, 24 de enero de 1991, fiesta de san Francisco de Sales.
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