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MENSAJE DEL
CARDENAL ANGELO SODANO, EN NOMBRE DEL PAPA, CON OCASIÓN DEL DÍA MUNDIAL
DE LA ALIMENTACIÓN
Señor director general:
La celebración anual del Día mundial de la alimentación brinda a
Su Santidad el Papa Juan Pablo II la oportunidad de expresarle, una vez más, su
estima a usted, señor director general, a las representaciones de los Estados
miembros de la FAO y a todos los que, con diferentes tareas y responsabilidades,
están comprometidos en el esfuerzo por aliviar la desnutrición y el hambre.
El aniversario de la institución de la FAO nos invita a
reflexionar juntos en una de las paradojas más sorprendentes de nuestro tiempo.
Mientras los objetivos que la familia humana ha alcanzado nos alientan a esperar
un futuro que responda cada vez más a las necesidades humanas, el mundo sigue
dividido entre unos que viven en la abundancia y otros que carecen del pan
necesario de cada día. Los recientes acontecimientos, los desastres naturales y
las situaciones causadas deliberadamente por la acción humana han acentuado esta
división.
Hay cada vez mayor necesidad de una acción más eficaz por parte
de la comunidad internacional y de sus instituciones en favor de todos los
hombres, mujeres, familias y comunidades que viven en las áreas más pobres del
mundo. De hecho, el análisis de las causas y los efectos de la desnutrición y el
hambre nunca debe llevarnos a descuidar la necesidad de la acción práctica en
favor de quienes no pueden beneficiarse de los recursos y los frutos de la
creación. Por eso, la respuesta no puede ser una actitud continua de falta de
solidaridad, que requiere una intervención más eficaz.
La experiencia reciente también ha llevado a la humanidad a
cobrar mayor conciencia de que las soluciones técnicas, aunque sean esmeradas,
no son eficaces si carecen de la necesaria referencia a la importancia central
de la persona humana, el principio y el fin de los derechos inalienables de todo
individuo, comunidad y pueblo. Entre estos derechos, sobresale el derecho
fundamental a la alimentación; pero la actual realización de este derecho no
puede verse meramente como un objetivo que hay que afanarse por conseguir. En
efecto, este derecho debe inspirar una acción encaminada a promover una vida
compatible con las exigencias de la dignidad humana y libre de las presiones
externas que, de cualquier forma, pueden limitar la libertad de elección e,
incluso, comprometer la supervivencia de las personas, las familias y las
comunidades civiles.
Su Santidad el Papa Juan Pablo II espera que estas breves
reflexiones contribuyan a promover en cada uno la convicción de que la ayuda
material, la modificación de los hábitos relacionados con los estilos de vida
opulentos, y el interés por preservar los recursos y el medio ambiente no bastan
para luchar contra el hambre y la desnutrición. Se necesita, asimismo, una
opción de vida que, redescubriendo un sentido de comunión y teniendo en cuenta
la dimensión humana de la tragedia del hambre y la desnutrición, sea capaz de
superar los intereses particulares, también en el área de la actividad
internacional. Ésta podría ser la dirección justa de los esfuerzos por capacitar
a todos los pueblos y naciones para que alcancen un adecuado nivel de seguridad alimentaria.
Con estos sentimientos, el Santo Padre invoca sobre la FAO y su
trabajo abundantes bendiciones celestiales, y le renueva cordialmente a usted,
señor director general, sus mejores deseos.
Cardenal Angelo Sodano Secretario de Estado
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