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MENSAJE URBI ET ORBI
DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II


Domingo de Resurrección, 15 de abril de 1979

 

1. «Resurrexit tertia die...: Resucitó al tercer día...»

Hoy, en unión con toda la Iglesia, repetimos estas palabras con particular emoción. Las repetimos con la misma fe con que —precisamente en este día— fueron pronunciadas por primera vez. Las pronunciamos con la misma certeza que pusieron en esta frase los testigos oculares del hecho. Nuestra fe proviene de su testimonio y el testimonio nace de la visión, de la escucha, del encuentro directo, del contacto con las manos, los pies y el costado traspasados.

El testimonio nació del hecho; sí, Cristo resucitó al tercer día.

Hoy repetimos estas palabras con toda sencillez, porque provienen de hombres sencillos. Provienen de corazones que aman y que han amado a Cristo de tal forma que han sido capaces de transmitir y predicar únicamente la verdad sobre El:

Crucifixus sub Pontio Pilato, passus et sepultas est.

Fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato, murió y fue sepultado.

Así suenan las palabras de este testimonio. Y con la misma sencillez de la verdad, continúan proclamando:

Et resurrexit tertia die.

Al tercer día resucitó.

Esta verdad sobre la cual, como sobre «Piedra angular» (cf. Ef 2, 20), se basa toda la construcción de nuestra fe, queremos compartirla hoy nuevamente entre nosotros, recíprocamente, como plenitud del Evangelio: nosotros confesores de Cristo, nosotros cristianos, nosotros Iglesia. Al mismo tiempo queremos compartirla con todos aquellos que nos están escuchando, con todos los hombres de buena voluntad.

La compartimos con alegría, porque ¿cómo no exultar de alegría por la victoria de la Vida sobre la muerte?

Mors et vita duello conflixere mirando! Dux vitae, mortuus, regnat vivus!

«El Señor de la vida había muerto: pero ahora, vivo, triunfa» (Secuencia pascual).

2. ¿Cómo no alegrarse de la victoria de este Cristo que pasó por el mundo haciendo el bien a todos (cf. Act. 10, 38) y predicando el Evangelio del Reino (cf. Mt 4, 24), en el que se manifiesta toda la plenitud de la bondad redentora de Dios? En ella, el hombre ha sido llamado a la dignidad más grande.

¿Cómo no alegrarse por la victoria de Aquel que tan injustamente fue condenado a la pasión más terrible y a la muerte en la cruz; por la victoria de Aquel que anteriormente fue flagelado, abofeteado, ensuciado con salivazos con tan inhumana crueldad?

¿Cómo no alegrarse por la revelación de la fuerza del solo Dios, por la victoria de esta fuerza sobre el pecado y sobre la ceguera de los hombres?

¿Cómo no alegrarse por la victoria definitivamente alcanzada del bien sobre el mal?

¡Este es el día en que actuó el Señor!

Este es el día de la esperanza universal. El día en que, en torno al Resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada, la opresión, la coacción, cosas todas ellas que gritan en alta voz:

Victimae paschali laudes immolent christiani!

«¡A la Víctima pascual se eleven hoy himnos de alabanza!».

El Resucitado no se aleja de nosotros; el Resucitado vuelve a nosotros.

«Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro que os precederá...» (Mc 16, 7). El viene por doquiera, adonde más se le espera, adonde más grande es la tristeza y el miedo, adonde más grandes son la desgracia y las lágrimas. El viene para irradiar la luz de la resurrección sobre todo aquello que está envuelto en las tinieblas del pecado y de la muerte.

3. Entrando en el Cenáculo, a puertas cerradas, Cristo resucitado saluda a sus discípulos allí reunidos con las palabras:

«La paz sea con vosotros» (Jn 20, 19).

Estas fueron las primeras palabras de su mensaje pascual.

¡Cuán grande es el bien que El nos da con esta paz, y que el mundo no puede dar (cf. Jn 14, 27)! ¡Cuán íntimamente unida está con su venida y su misión!

¡Cuán necesaria es para el mundo su presencia, la victoria de su espíritu, el orden proveniente de su mandamiento de amor, para que los hombres, las familias, las naciones y los continentes puedan gozar de la paz!

Paz universal

Este saludo del Resucitado a los Apóstoles en el Cenáculo de Jerusalén queremos repetirlo hoy desde este lugar y dirigirlo a todos los lugares donde resulta particularmente actual y donde es especialmente esperado.

Paz a vosotros, pueblos de Oriente Medio.

Paz a vosotros, pueblos de África. Paz a vosotros, pueblos y países de Asia.

Paz a vosotros, hermanos y hermanas de América Latina.

¡Y paz a vosotros, pueblos que vivís en los diversos sistemas sociales, económicos y políticos!

¡Paz! Como fruto del orden fundamental; como expresión del respeto del derecho a la vida, a la verdad, a la libertad, a la justicia y al amor a todo hombre.

Paz a las conciencias y paz a los corazones. Esta paz no podrá obtenerse mientras cada uno de nosotros no tenga conciencia de hacer lo que está en su mano para que todos los hombres —hermanos de Cristo, amados por El hasta la muerte— tengan asegurada desde el primer momento de su existencia una vida digna de los hijos de Dios. Pienso en este momento, particularmente, en todos los que sufren por la falta incluso de lo estrictamente necesario para sobrevivir, en todos los que sufren hambre, y sobre todo en los más pequeños, que por su debilidad son los predilectos de Cristo y a los que se ha dedicado este año, el "Año Internacional del Niño".

Que Cristo resucitado inspire a todos, cristianos y no cristianos, sentimientos de solidaridad y de amor generoso hacia todos nuestros hermanos que se hallan en necesidad.

4. Surrexit Christus, spes mea!

Queridos hermanos y hermanas: ¡Qué elocuente es para todos nosotros este día que nos habla con toda verdad de nuestro origen! Piedra angular de toda nuestra construcción es el mismo Cristo Jesús (cf. Ef 2, 20 s.). Esta piedra, desechada por los constructores, piedra que Dios ha irradiado con la luz de la resurrección, ha sido colocada como fundamento de nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad Es la razón primera de nuestra vocación y de la misión que cada uno recibimos en el bautismo. Deseamos descubrir hoy nuevamente esta vocación, asumir de nuevo directa y personalmente esta misión. Deseamos que se impregne de nuevo de la alegría de la resurrección. Deseamos acercarla a todos los hombres, próximos y lejanos. Compartamos unos con otros esta alegría. Compartámosla con los Apóstoles, con las mujeres que fueron las primeras en dar el anuncio de la resurrección. Unámonos a María Regina coeli laetare!

El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien. Que este día sea para nosotros el comienzo de la nueva esperanza

A todos los que nos escuchan:

de lengua italiana:
Buona Pasqua, nella gioia e nella pace di Cristo.

de lengua francesa:
Saintes et joyeuses Fêtes de Pâques!

de lengua inglesa:
A happy, blessed and peaceful Easter to you all.

de lengua alemana:
Gesegnete, frohe Ostern!

de lengua española:
¡Paz, felicidad y alegría en Cristo resucitado!

de lengua portuguesa:
Votos de santa e feliz Páscoa.

de lengua neerlandesa:
Zalig Paasfeest! Weest blij want Kristus Jezus is voor ons verrezen!

de lengua noruega:
God paske.

de lengua sueca:
Glad Pask.

de lengua albanesa:
Per shum mot Pàshkt.

de lengua croata:
Sretan i blagoslovljen Uskrs!

de lengua eslovena:
Blagoslovljene velikonocne praznike.

de lengua checa:
Kristus vstal z nirtvych. Raduijte se.

de lengua eslovaca:
Veselú Veslkú Noc.

de lengua húngara:
Boldog husvéti ünnepeket.

de lengua rumena:
De Sfintele Pasti urez tuturor credinciosilor români: Cristos a înviat.

de lengua búlgara:
Czestito waskresenie Christòwo.

de lengua rusa:
Christos woskriese.

de lengua lituana:
Broliams lietuviams linkiu Velyku. vilties Kristuje.

de lengua letona:
Priecigas Lieldienas.

de lengua ucrania:
Z welékodnem bazáju wesélych swiat - Christós woskrés.

de lengua bielorrusa:
Chrystós Uvaskrós! Allilúja!

de lengua armenia:
Sznorchawór surp zadík Kristós chariáw i merelóc.

de lengua hindú:
Ap sabá ko páska ki szub kámnae.

de lengua china:
Ku dzu fu chlo dzie ü klaj.

de lengua japonesa:
Gofkac omedetó godzáimas.

de lengua árabe:
Fuse mazíd la mubárak.

de lengua etíope:
Nquan löbürhane Tünsaew Aderesaciuh.

de lengua suahili:
Héri nyínghi kwá sikukuu ya pasáka.

de lengua polaca:
Queridos compatriotas:

Permitidme que os recuerde las palabras el antiguo canto polaco de la Pascua: «Cristo ha resucitado, / se nos ha dado como ejemplo, / ya que también nosotros debemos resucitar / y reinar con el Señor Dios / Aleluya». Con estas palabras me uno a toda la nación y a la Iglesia de Polonia. Os deseo esa fe, esa esperanza y ese amor por los que la resurrección de Cristo fructifica en las almas de los hombres, en la historia de las naciones. Que la resurrección de Cristo sea siempre fuerza para nosotros.

de lengua griega:
Cristós anésti!

Para todos:
Surrexit Dominus vere, Alleluia!

 

© Copyright 1978 - Libreria Editrice Vaticana

 
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