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PLEGARIA DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
A NUESTRA SEÑORA APARECIDA
Señora Aparecida, un hijo vuestro
que os pertenece sin
reserva
—totus tuus!—
llamado por misterioso designio de la Providencia
a ser Vicario de Vuestro Hijo en la tierra,
quiere dirigirse a Vos, en
este
momento.
El recuerda, con emoción, por el color moreno
de esa
vuestra imagen, otra representación vuestra,
¡la Virgen
Negra de Jasna Góra!
Madre de Dios y nuestra,
proteged a la Iglesia, al Papa, a los
obispos, a los
sacerdotes
y a todo el pueblo fiel; ¡acoged bajo vuestro manto protector
a los
religiosos, religiosas, a las familias,
a los niños, a los jóvenes y a sus
educadores!
Salud de los enfermos y Consoladora de los
afligidos,
sed consuelo de los que sufren en el cuerpo o en el alma;
sed luz de los que buscan a Cristo,
Redentor del hombre; todos los hombres
mostradles que sois la Madre de
nuestra confianza.
Reina de la paz y Espejo de justicia,
¡alcanzad para el
mundo la paz,
haced que Brasil tenga paz duradera,
que los hombres convivan
siempre como hermanos,
como hijos de Dios!
Nuestra Señora Aparecida
bendecid este vuestro santuario y a
quienes en él trabajen,
bendecid a este pueblo que aquí reza y canta,
bendecid a todo vuestros hijos,
bendecid a Brasil.
Amén.
(Misa en Aparecida,
4 de julio de 1980)
© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana
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