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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A UN GRUPO  DE REPRESENTANTES
DE LA AVIACIÓN MILITAR ITALIANA


Lunes 17 de diciembre de 1979

 

Ilustres señores:

Me alegra sinceramente este encuentro nuestro, que se suma a los muchos que he tenido desde mi elevación a la Cátedra de Pedro con representantes de la Aviación Militar italiana en mis viajes apostólicos. Quiero saludar cordialmente en vosotros y con vosotros a todos vuestros compañeros esparcidos por Italia y por el mundo.

En esta alegría común deseo manifestar y repetir mi gratitud profunda por la disponibilidad, delicadeza, espíritu de sacrificio y entrega que habéis mostrado conmigo durante los vuelos que he realizado en este primer año de pontificado. El Señor os premie tanta generosidad con la bondad que El conoce y suele conceder a quienes saben donar con gozo.

A estos sentimientos obligados uno también un aprecio sincero y cordial por vuestra actividad comprometida y, en ciertos aspectos, entusiasmante. El mito griego de Icaro, el deseo ardiente del hombre de poder separarse físicamente de la tierra para elevarse libremente por el espacio, y el sueño de libertad y dominio de las cosas, se han hecho realidad con el invento del aeromóvil. Gracias a este invento científico extraordinario y revolucionario, el hombre ha acortado las distancias y ha ampliado todavía más el horizonte ya vasto de sus conocimientos; pero si su hambre de verdad se ha saciado en algunos aspectos, en otros ha crecido sin medida. También en la embriaguez del vuelo por los espacios inmensos del cielo, el hombre continúa llevando clavados en el corazón los grandes problemas relacionados con el significado y fin de su existencia.

Por ello hago votos para que en vuestros trabajos y en vuestros viajes aéreos sintáis hondamente la presencia de Dios y la dignidad del hombre, como la sentía y expresaba magníficamente David en el Salmo 8: "Yavé, Señor nuestro, ¡cuán magnífico es tu nombre en toda la tierra! ¡Tú, cuya majestad es celebrada sobre los cielos!... Cuando contemplo los cielos, obra de tus manos, la luna y las estrellas que tú has establecido.." ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que de él te cuides?" (Sal 8, 2. 4 s.).

La Virgen de Loreto, patrona vuestra celestial, os ayude y proteja siempre maternalmente, y ayude y proteja a vuestras familias y personas queridas.

Renovándoos el augurio que dirigí a todos los aviadores italianos en mi peregrinación al santuario de Loreto, de que vuestra labor, trabajo y valentía contribuyan al bien y la paz de la humanidad; os imparto de corazón mi bendición apostólica.

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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