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DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
A LOS MUCHACHOS DE LA ACCIÓN CATÓLICA
CON MOTIVO DE LAS FELICITACIONES NAVIDEÑAS
Sábado 22 de diciembre de 1979
Queridísimos muchachos y muchachas de Acción Católica, que desde Roma y
de
todas las regiones habéis venido a presentar al Papa la felicitación de Navidad en representación de vuestros
amigos y amigas:
Os saludo cordialmente y quiero saludar en vosotros a todos los afiliados de la
Acción Católica de niños de Italia; o, mejor aún, deseo enviar mi saludo
navideño afectuoso a todos los muchachos del mundo, y os confío el encargo de
anunciar a todos que el Papa les ama como les ama Jesús.
Gracias, por tanto, de vuestra visita y vuestra felicitación tan sincera y
espontánea, gestos ambos conmovedores de fe y devoción al Vicario de Cristo.
Respondo con gusto a vuestra delicada atención con mi felicitación calurosa.
Mi primer deseo es ante todo que siempre seáis conscientes del verdadero valor
de la Navidad Santa. ¿Qué significa este acontecimiento tan grandioso y solemne
que se desarrolló en la humildad y silencio de la cueva de Belén? Lo sabéis.
Navidad nos recuerda que el mismo Dios Creador del universo quiso hacerse hombre
como nosotros criaturas suyas, quiso nacer de María Santísima de forma
milagrosa y real a la vez, y aceptar como nosotros la vida diaria con todos sus
gozos y dolores.
Jesús es la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el cual asumió en Sí la
naturaleza humana: es éste un acontecimiento tan maravilloso y único que
revoluciona la historia humana. ¡Dios se ha hecho como nosotros!
Queridísimos: Mantened vivo el sentido verdadero de la Navidad: sed siempre
conscientes de su significado auténtico: Jesús ha nacido para cada uno de
nosotros, para cada hombre, para cada muchacho y muchacha, incluso aunque no
lo sepan ni estén enterados; ha nacido para amarnos, para salvarnos, para
enseñarnos el sentido verdadero de la vida. Por ello mantened siempre viva la
alegría de la Navidad que es una alegría inmensa, interior, sobrenatural. Esta
es la alegría que os auguro para ahora y para siempre.
El segundo deseo es que seáis testimonios de la Navidad a lo largo
de vuestra vida y en cualquier lugar en que os encontréis.
Ser testimonios de la Navidad significa aceptar el mensaje de
Jesús como
definitivo y decisivo porque es divino, Jesús es el Verbo encarnado, es la
"Palabra de Dios" hecha hombre para comunicar la Verdad, para revelar, para
iluminar a la humanidad entera sobre sus destinos eternos. Jesús es la luz; no
se puede prescindir de El.
Ser testimonios de la Navidad significa vivir la presencia de
Jesús en
nosotros por la "gracia" y la Eucaristía. El recuerdo de la Navidad histórica
debe hacerse compromiso de la Navidad mística, la cual está siempre presente
en lo íntimo del alma y se renueva de modo misterioso en el encuentro
eucarístico por la santa comunión. Sed siempre amigos de Jesús eucarístico
para poder gozar en todo momento de la alegría de la Navidad.
Ser testimonios de la Navidad significa, además transformar la vida en don de
caridad y generosidad hacia todos los hermanos. Caridad espiritual con
bondad, docilidad, oración y ayuda a todos los que sufren miseria, enfermedad,
abandono. Y también caridad total respondiendo generosa y completamente a la
vocación sacerdotal o religiosa si alguno se siente llamado a este estado
superior de vida.
Queridísimos: Pasad la Navidad Santa con alegría, junto a vuestros Nacimientos,
cerca de vuestros padres y familiares, a quienes también transmitiréis mi
felicitación.
Que la Virgen os ayude. Os acompañe mi afectuosa bendición apostólica.
© Copyright 1979 - Libreria Editrice
Vaticana
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