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VIAJE A LA REPÚBLICA DOMINICANA,
MÉXICO Y BAHAMAS

MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS EPISCOPADOS DE AMÉRICA CENTRAL Y DE LAS ANTILLAS

 

Queridos hermanos: 

Antes de dejar el suelo de México siento la necesidad de enviar a vosotros y, por vuestro conducto, a todos los fieles confiados a vuestros cuidados pastorales un paterno saludo. 

Saludo marcado con el signo de la pena por no haber podido visitar a esos queridos hijos, aun estando tan cerca de vuestros países. 

Pena que se traduce en una expresión más profunda de amor. 

Decidles que el Papa, en los días que ha vivido en el Nuevo Continente, ha pensado mucho en ellos y ha rezado mucho por ellos. 

La vecindad material debida a mi visita a México, me ha hecho sentir más vivamente mi afecto y mi interés por toda la América Latina, y en particular he recordado con especial amor a todo el Archipiélago de las Antillas durante mi breve estancia en Santo Domingo. 

Ahora que mi pensamiento y mi afecto está más cercano a vosotros viene a mi memoria de manera especial el recuerdo de las calamidades materiales que aún hace poco tiempo flagelaron a algunos países, muy singularmente a Guatemala y Nicaragua. Damos gracias a Dios que el proceso de reconstrucción continúa realizándose satisfactoriamente. 

¡Si pudieseis comprender cuánto desea el Papa que las gentes de estos países fuesen comprendidas en toda su dimensión de seres humanos, y que los que tienen en sus manos las posibilidades y el poder lo ejercitaran con una justicia cabal que es condición de la paz y el desarrollo de los pueblos!

El Papa regresa a Roma, pero queda con vosotros su palabra: que sea un estímulo constante a que sigáis trabajando con renovado esfuerzo cada día para que el grande amor a vuestras Patrias se manifieste a través de vuestro empeño en favor del bien y de la convivencia fraterna de esa gran familia que componen todos y cada uno de los países del continente americano. 

Al impartir a los obispos, y por su medio a todos los pueblos de estas tierras la bendición, el Papa desea consolidar, acrecentar y hacer más profundos estos lazos que se han establecido gracias a su misión pastoral. 

Sea alabado Dios omnipotente que nos ha permitido, con motivo de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano, hacer por unos días el centro de la Iglesia en tierras de América, días todos importantes para el presente y el futuro de la evangelización en ese amado y gran continente. 

1 de febrero de 1979

IOANNES PAULUS PP. II 

  

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