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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
AL COLEGIO DE DEFENSA DE LA NATO*


Jueves 8 de febrero de 1979

 

Queridos amigos:

Mi predecesor Pablo VI se complació en recibir visitas, repetidas a través de los años, de los profesores, personal y miembros del Colegio de Defensa de la NATO. Hoy deseo daros una bienvenida personal llena de cordialidad en el Vaticano. Es un gozo para mí recibiros a vosotros y a vuestras familias por primera vez, experimentar la alegría de la presencia de los niños, y pensar con vosotros brevemente en la tarea que tenéis posibilidad de desempeñar al servicio de la paz en el mundo entero.

En mi Mensaje para la Jornada mundial de la Paz de este año, me propuse llamar la atención sobre la estrecha relación existente entre la educación y la paz. Precisamente porque sois una institución educativa, estoy convencido de que tenéis oportunidades especiales para reflexionar sobre la paz y estudiar los requisitos previos y las condiciones de la paz, los elementos constitutivos de la paz, las exigencias de la paz.

Viviendo y estudiando en clima de solidaridad internacional, tenéis facilidad le meditar en los principios de la paz, a fin de consolidar las ideas y reforzar las actitudes que la promueven. Sí, el estado del edificio de la paz depende de la firmeza con que se aceptan los principios que están en la base de la misma. Por ello, quiero augurarme que no dejéis de reflexionar constantemente en los grandes principios relacionados con la paz, y que renovéis vuestro empeño en aplicarlos.

A este respecto, cuán necesario es que todos los individuos y pueblos cultiven la confianza mutua, deber derivado de los lazos que nos unen como hijos de Dios. La sensibilidad a las necesidades inmensas de la humanidad, trae consigo espontáneamente el rechazo de la carrera de armamentos, tan incompatible con la lucha integral contra el hambre, la enfermedad, el subdesarrollo y la ignorancia. Hay necesidad de reflexionar sobre la sacralidad de la vida humana, sobre las exigencias de la justicia y de la no aceptación de la violencia en sus múltiples formas; a fin de consolidar los fundamentos de la paz. En una palabra, la causa de la paz mundial viene impulsada cuando se salvaguarda la dignidad de la persona. La dignidad inviolable de cada individuo y de todos los pueblos en la plena realidad de su origen, existencia y destino, es el punto central para hacer triunfar la paz mundial.

Pido en la oración que abriguéis pensamientos de paz, inculquéis nuevas actitudes de paz en las generaciones jóvenes, y promováis eficaz y perseverantemente las condiciones que llevan a la paz. Y que Dios os conceda paz en el corazón y en vuestros hogares, hoy y siempre.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.10 p.8.

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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