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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS JÓVENES EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO


Miércoles 21 de febrero de 1979

 

Queridísimos:

1. Cada encuentro es para mí y para vosotros un nuevo descubrimiento, fuente de gozo auténtico. El Papa quiere conocer, dialogar y oír a sus pequeños amigos y a sus amigos jóvenes; pero también vosotros tenéis gran deseo de manifestar al Papa vuestra alegría, vuestro entusiasmo y también, ¿por qué no?, vuestros problemas.

Pues bien, vosotros sois particularmente sensibles al gran problema de la "libertad", de la "liberación". Pero nos preguntamos vosotros y yo: "libertad", ¿en qué sentido?, "liberación", ¿de quién, de qué, de cuál condicionamiento, de cuál esclavitud?

Una vez más hago referencia hoy al tema de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano, dedicada a la evangelización en el presente y en el futuro de la Iglesia. Evangelizar significa hacer todo lo posible, según nuestras capacidades, para que el hombre "crea", para que el hombre se vuelva a encontrar a sí mismo en Cristo, para que en El encuentre el sentido pleno y la dimensión justa de la propia vida. Este "volver a encontrarse" es, al mismo tiempo, la fuente más profunda de la liberación del hombre. «Para que gocemos de libertad, Cristo nos ha hecho libres», nos dice San Pablo (Gál 5, 1). Ciertamente, la liberación es una realidad de fe, inserta profundamente en la misión salvífica de Cristo, en su obra, en sus enseñanzas.

2. El mismo Jesús vincula la "liberación" al conocimiento de la verdad: «Conoceréis la verdad, y la verdad os librará» (Jn 8, 32). En esta afirmación se halla la significación íntima de la libertad que Cristo nos da. La liberación es una transformación interior del hombre, en cuanto consecuencia dimanante del conocimiento de la verdad; se trata de un proceso espiritual de maduración, mediante el cual el hombre se convierte en representante y portavoz de la «justicia y santidad verdaderas» (Ef 4, 24) en los distintos niveles de la vida personal, individual y social. Pero esta verdad no es la simple verdad de carácter científico o histórico; es Cristo mismo —Palabra del Padre encarnada— que puede decir de Sí mismo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6). Por ello, durante su vida terrena Jesús se opuso reiteradamente y con fuerza, con firmeza y decisión, a la "no-verdad", si bien era consciente de lo que le esperaba.

Este servicio a la verdad, participación en el servicio profético de Cristo, es tarea de la Iglesia, y procura cumplirla en los diferentes contextos históricos. Hay que denominar claramente por su nombre a la injusticia, a la explotación del hombre por el hombre, a la explotación del hombre por el Estado o por organismos encuadrados en los sistemas o regímenes. Hay que llamar por su nombre a todas las injusticias sociales, a toda discriminación, a toda violencia contra el hombre, sea en el cuerpo o en el espíritu, en la conciencia o en la dignidad de su persona o de su vida.

La liberación arranca, incluso en su significación social, del conocimiento y proclamación audaz de la verdad, sin manipulaciones ni falsificaciones de ninguna clase.

3. Jóvenes y muchachos: Estad intensamente unidos siempre también vosotros a Cristo-Verdad; sed testimonios de la Verdad que es El mismo y su mensaje, frágil y fuerte al mismo tiempo, confiado al hombre. ¿Recordáis la meditación llena de luz de Pascal sobre el hombre? «El hombre es sólo una caña, la caña más débil de la naturaleza; pero es una caña que piensa. No hace falta que llegue a armarse el universo entero para aplastarlo; un vapor, una gota de agua bastan para matarlo. Pero aun en el caso de que el universo lo aplastara, el hombre seguiría siendo más noble que aquello que le había producido la muerte, porque sabe que debe morir y conoce la superioridad del universo sobre él: pero el universo no sabe nada» (B. Pascal, Pensamientos, 547).

Pues bien, esta caña frágil precisamente porque "piensa" se supera a sí misma; lleva dentro de si el misterio trascendental y la "inquietud creadora" que de aquél dimana. Y sin embargo, justamente en estos tiempos se anuncia que la premisa de la "liberación del hombre" seria su liberación "de Cristo", de su mensaje, de su ley de amor; es decir, de la religión. a la que se califica de "alienación del hombre".

Queridísimos: Cristo os espera para liberaros del mal, del pecado, del error, o sea, de las verdaderas raíces de las que brotan las miserias que degradan y envilecen al hombre. Sed siempre profetas y testigos de la verdad.

Con mi bendición apostólica.

Amén.

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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