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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL SEÑOR GURBACHAN SINGH ,
NUEVO EMBAJADOR DE INDIA ANTE LA SANTA SEDE*


Jueves 11 de enero de 1978

 

Señor Embajador:

Yo también, y con gran cordialidad. hago los mismos amables votos que usted me ha transmitido de las principales autoridades civiles de la República de India. Su delicada atención me proporciona gran placer, lo mismo que vuestra presencia y las palabras que acaba de pronunciar en la presentación de las Cartas Credenciales que lo acreditan como Embajador de vuestro país ante la Santa Sede.

Con acierto ha relevado Vuestra Excelencia la interdependencia de todos los miembros de la raza humana, interdependencia puesta en evidencia hoy en día más que anteriormente. No podemos ignorar la existencia y necesidades de otros individuos y pueblos, tanto si los conocemos como si nos pasan inadvertidos. Está cada vez más claro que las naciones forman una única sociedad global. No obstante los intentos de aislamiento que a veces se pretende hacer, cada país está influido por los otros para bien o para mal. Cada país siente los efectos de las ideas profesadas en otros países, de su nivel de prosperidad. de su paz o de la ausencia de ésta, de su orden y libertad. Las desgracias de los demás son un terreno bien inseguro para asentar en ellas el propio éxito.

El camino acertado es el de ayudarse mutuamente, procurar la paz en todas partes, la prosperidad que posibilita el desarrollo integral, y la dedicación a ideales nobles. Los que eligen dicho camino, bien se merecen el apoyo y aliento que está en mi poder darles, pues es el camino que la Iglesia católica tiene el deber de inculcar en cuantos escuchan su mensaje.

El mensaje cristiano del que está encargada es, corno Vuestra Excelencia sabe, un mensaje en el que están íntimamente ligados el amor a Dios y el amor al hombre; de tal modo que todo el que sigue las vías que aquélla enseña, tendrá que probar su amor a Dios desterrando del corazón todo egoísmo, orgullo, ambición desmesurada, rivalidad e injusticia; y tratar a los demás como quisiera ser tratado por ellos. La Iglesia se afana por crear tal actitud en el pueblo, sin la que no puede haber sincera política de solidaridad con los individuos y pueblos que forman la familia humana.

India ha sido bendecida con muchos elementos preciosos de su tradición antigua y viva, que favorecen tal actitud. Por ello. miro a India con gran confianza por la aportación que es capaz de prestar a la paz y al progreso verdadero. y para garantizar el respeto a la plena dignidad espiritual del hombre. Pido a Dios que siga protegiendo a vuestro país.

Oro también por el éxito de vuestra misión. El Embajador tiene especial responsabilidad de impulsar la cooperación internacional para bien de todos. Vuestra Excelencia está encargado de hacer todavía más fructíferas las relaciones de amistad entre India y la Santa Sede. Puede contar, por tanto, con mi apoyo pleno y el de mis auxiliares; y con nuestras oraciones.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.10 p.10.

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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