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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
AL SEÑOR JORGE NICHOLSON SOLOGUREN,
NUEVO EMBAJADOR DEL PERÚ ANTE LA SANTA SEDE*

Viernes 7 de julio de 1979

 

Señor Embajador:

En este acto de presentación de sus Cartas Credenciales como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario del Perú ante la Santa Sede, sean mis primeras palabras de saludo y bienvenida para Vuestra Excelencia.

Con ánimo complacido he escuchado sus nobles expresiones, que reflejan profundos sentimientos de admiración y de gratitud por la labor evangelizadora de la Iglesia en Perú. En efecto, a lo largo de vuestra historia patria se han ido delineando los elementos constitutivos de vuestro propio ser: el sentido religioso de la vida, la estima por los valores fundamentales de la familia, la orientación por un preciso código de conducta moral, la solidaridad que tiene sus raíces más vitales en la paternidad universal de Dios. Todo ello ha dejado huellas imborrables en la realidad concreta del pueblo peruano. Es una herencia que hay que salvaguardar y potenciar.

Cuando se camina hacia finales de este siglo XX, el hombre es cada vez más consciente de la necesidad de vivir, también comunitariamente, ciertos valores éticos que son la base de la convivencia humana y del crecimiento moral y espiritual de la sociedad. Me refiero más concretamente a los valores de la paz y de la justicia. Porque es imperioso y urgente seguir el verdadero camino de la paz; y para ello hay que saber discernir el rostro de la justicia, la cual lleva al auténtico desarrollo, que es el verdadero nombre de la paz, como acertadamente afirmó mi Predecesor Pablo VI (cf. Popolorum progressio, 76).

La Iglesia, fiel a la misión de llevar a los hombres la Salvación integral, seguirá a su lado iluminándolos, alentándolos y trabajando por la defensa de sus derechos. Es un servicio que la Iglesia quiere continuar prestando a la sociedad y al hombre de nuestro tiempo.

Excelencia: Permítame expresar un férvido deseo: que sus conciudadanos no olviden el patrimonio humano, religioso y cultural recibido de sus antepasados; que lo transmitan a las generaciones futuras enriquecido aún más; que se esfuercen por plasmar estos ideales en la vida diaria; que trabajen por consolidar los valores permanentes de la justicia y de la paz; que tiendan la mano a los grupos humanos olvidados y marginados y a los otros pueblos necesitados.

Señor Embajador: No quiero concluir mis palabras sin rogarle que tenga la bondad de transmitir mi saludo deferente y agradecido al Señor Presidente, a las Autoridades y a los amadísimos hijos peruanos. A todos encomiendo al Señor en mis plegarias. Lo haré en particular por Vuestra Excelencia, para que cumpla felizmente y con acierto la Misión que hoy comienza ante la Sede Apostólica.



*AAS 71 (1979), p. 1350-1351.

Insegnamenti di Giovanni Paolo II, vol.II, 2 pp.27-28.

L'Attività della Santa Sede 1979 pp. 484-485.

L’Osservatore Romano 8.7.1979 p.1.

L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.28 p.11.

 

Copyright 1979 © Libreria Editrice Vatican


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