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PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A POLONIA

PALABRAS DE SALUDO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA LLEGADA AL AEROPUERTO DE OKECIE


Sábado 2 de junio de 1979

 

Distinguido Señor Profesor
Presidente del Consejo de Estado
de la República Popular Polaca:

1. Manifiesto mi sincera gratitud por las palabras de saludo que ahora mismo me ha dirigido, al comienzo de mi estancia en Polonia. Le agradezco cuanto ha dicho en relación con la Sede Apostólica y también sobre mi persona. En sus manos, Señor Presidente, dejo la expresión de mi estima a las autoridades estatales y reitero una vez más mi cordial reconocimiento por la benévola actitud en relación con mi visita a Polonia, "patria amada de todos los polacos", a mi patria.

Quiero recordar aquí una vez más la carta gentil que recibí de usted en el pasado marzo, en la que ha querido expresar, en nombre propio y del Gobierno de la República Popular Polaca, la satisfacción por el hecho de que "el hijo de la nación polaca llamado a la suprema dignidad en la Iglesia" quiere visitar la patria. Recuerdo con gratitud estas palabras. Al mismo tiempo conviene repetir lo que ya he manifestado: es decir, que mi visita está inspirada en motivos estrictamente religiosos. A la vez deseo vivamente que mi presente viaje a Polonia pueda servir a la gran causa del acercamiento y de la colaboración entre las naciones; que sirva para la comprensión recíproca, para la reconciliación y la paz en el mundo contemporáneo. Deseo finalmente que el fruto de esta visita sea la unidad interna de mis compatriotas y también un favorable desarrollo ulterior de las relaciones entre el Estado y la Iglesia en mi amada patria.

Eminentísimo señor cardenal
primado de Polonia:

Le agradezco sinceramente las palabras de saludo, que me son particularmente gratas, tanto considerando la persona que las ha pronunciado, como por lo que respecta a la Iglesia en Polonia, de la que expresan los sentimientos y pensamientos.

Deseo que la respuesta a estas palabras sea todo mi servicio previsto en el programa durante los días que la Providencia divina y vuestra cordial benevolencia me conceden pasar en Polonia.

Queridísimos hermanos y hermanas,
queridos compatriotas:

2. He besado el suelo polaco en el que he crecido: la tierra de la que —por inescrutable designio de la Providencia— Dios me ha llamado a la Cátedra de Pedro en Roma; la tierra a la que llego hoy como peregrino.

Permitidme, pues, que me dirija a vosotros, para saludar a cada uno y a todos con el mismo saludo con el que el 16 de octubre del año pasado saludé a los presentes en la plaza de San Pedro:

¡Alabado sea Jesucristo!

3. Os saludo en el nombre de Cristo, tal como he aprendido a saludar a la gente aquí, en Polonia:

en Polonia, esta mi tierra nativa, a la que permanezco profundamente arraigado con las raíces de mi vida, de mi corazón, de mi vocación;

en Polonia, este país en el que —como escribió el poeta Cipriano Norwid— "se recoge, por respeto a los dones del cielo, toda migaja de pan que cae por tierra..., donde las primeras inclinaciones de saludo son como una confesión perpetua de Cristo: ¡Sea alabado!";

en Polonia, que, por su historia milenaria, pertenece a Europa y a la humanidad contemporánea;

en Polonia, que a lo largo de todo el curso de la historia se ha vinculado a la Iglesia de Cristo y a la Sede Romana con un vínculo particular de unión espiritual.

4. ¡Oh, queridísimos hermanos y hermanas!

¡Oh, compatriotas!

Llego a vosotros como hijo de esta tierra, de esta nación, y al mismo tiempo —por inescrutables designios de la Providencia— como Sucesor de San Pedro en la Sede de Roma.

Os doy las gracias porque no me habéis olvidado, y desde el día de mi elección, no cesáis de ayudarme con vuestra oración, manifestándome, al mismo tiempo, tanta benevolencia humana.

Os doy las gracias porque me habéis invitado.

Saludo en espíritu y abrazo con el corazón a cada uno de los hombres que viven en la tierra polaca.

Saludo, además, a todos los huéspedes, venidos del extranjero para estos días y, de modo particular, a los representantes de la emigración polaca de todo el mundo.

¡Qué sentimientos suscitan en mi corazón la melodía y las palabras del himno nacional, que hemos escuchado, hace poco, con el debido respeto!

Os doy las gracias porque este polaco, que hoy viene "de la tierra italiana a la tierra polaca" (Himno nacional polaco), es acogido en el umbral de su peregrinación a Polonia por esta melodía y estas palabras, en las que se expresa siempre la incansable voluntad de la nación por vivir: "mientras vivamos" (Himno nacional polaco).

Deseo que mi estancia en Polonia contribuya a reforzar esta incansable voluntad de vivir de mis compatriotas en la tierra, que es nuestra madre y patria común, y que sirva para el bien de todos los polacos, de todas las familias polacas, de la nación y del Estado.

Que pueda esta estancia, lo quiero repetir una vez más, servir a la gran causa de la paz, a la convivencia amistosa de las naciones y a la justicia social.

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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