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PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A POLONIA

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
DURANTE LA "LLAMADA DE JASNA GÓRA"

Martes 5 de junio de 1979

 

"María, Reina de Polonia, estoy a tu lado, te recuerdo, vigilo".

Repetiremos dentro de poco estas palabras que, desde el tiempo de la gran novena de preparación para el milenio del bautismo, se convirtieron en la llamada de Jasna Góra y de la Iglesia en Polonia.

Las repetiré hoy con vosotros como Papa-peregrino en su tierra patria.

Qué bien responden estas palabras a la invitación que tantas veces oímos en el Evangelio: "Vigilad". Respondiendo a esta invitación del mismo Cristo, deseamos hoy, como cada tarde a la hora de la llamada de Jasna Góra, decir a su Madre: "¡Estoy a tu lado, te recuerdo, vigilo!".

Estas palabras expresan, de modo sencillo y, al mismo tiempo, fuerte, lo que significa ser cristiano en tierra polaca siempre, pero especialmente en esta decisiva "milenaria" época de la historia de la Iglesia y de la nación. Ser cristiano quiere decir vigilar, como vigila el soldado durante la guardia, la madre a su hijo y el médico al enfermo.

Vigilar significa custodiar un gran bien.

Con ocasión del milenio del bautismo, nos hemos dado cuenta, con una nueva fuerza, de ese gran bien que es nuestra fe y toda la herencia espiritual que de ella toma su origen en nuestra historia. Vigilar significa recordar todo esto. Significa percibir agudamente los valores que existen en la vida de cada hombre por el simple hecho de serlo, de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios y haber sido redimido con la sangre de Cristo. Vigilar quiere decir recordar todo esto. Recordárnoslo a nosotros mismos y muchas veces también a los demás, a los connacionales, al prójimo.

2. Hay que vigilar, mis queridísimos hermanos y hermanas; hay que vigilar y cuidar con gran celo todo bien del hombre, porque ésa es la gran tarea que nos corresponde a cada uno de nosotros. No puede permitirse que se pierda nada de lo que es humano, polaco, cristiano sobre esta tierra.

"Sed sobrios y vigilad" (1 Pe 5, 8), dice San Pedro. Y yo hoy. en la hora de la llamada de Jasna Góra, repito sus palabras. Me encuentro aquí, en efecto, para vigilar en esta hora con vosotros y mostraros cuán profundamente me afecta cualquier amenaza contra el hombre, contra la familia y la nación. Amenazas que tienen siempre su origen en nuestra debilidad humana, en la voluntad frágil, en la forma superficial de considerar la vida.

. Por tanto, queridísimos connacionales, en esta hora de particular sinceridad, en el momento de abrir el corazón ante Nuestra Señora de Jasna Góra, os digo esto y esto es lo que os confío. ¡No sucumbáis en la debilidad!

No os dejéis vencer del mal, sino venced al mal con el bien (cf. Rom 12, 21). Si ves que tu hermano cae, levántalo, ¡no lo dejes expuesto al peligro! A veces es difícil sostener a otro hombre, sobre todo "si se nos escapa de entre las manos...". Pero, ¿se puede hacer? Es Dios mismo, es el mismo Cristo quien nos confía cada uno de nuestros hermanos, de nuestros connacionales, diciendo: "Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40). ¡Estad atentos a no haceros responsables de los pecados de los demás! Cristo dirige severas palabras contra quienes producen escándalo (cf. Mt 18, 6-7). Mira a ver, por tanto, querido hermano y hermana, en esta hora de sinceridad nacional, ante la Madre y ante su corazón lleno de amor, si escandalizas, si arrastras a otros al mal, si echas con ligereza sobre tu conciencia los vicios y malas costumbres que los otros contraen por causa tuya... Los jóvenes... quizá incluso tus propios hijos...

"¡Sed sobrios y vigilad!".

Vigilar y recordar de este modo, quiere decir estar junto a María. Estoy a tu lado. No puedo sentirme cerca de Ella, de Nuestra Señora de Jasna Góra si no es vigilando y recordando estas cosas. Y si realmente "vigilo y recuerdo", ya por eso mismo estoy a su lado. Y puesto que Ella ha invadido tan profundamente nuestros corazones, es más fácil para nosotros vigilar y recordarnos de lo que es nuestra herencia y nuestro deber, estando junto a María. "Estoy a tu lado".

3. La llamada de Jasna Góra no ha dejado de ser nuestra plegaria y nuestro programa. ¡Plegaria y programa de todos! ¡Que sea, de modo especial, la plegaria y el programa de las familias polacas!

La familia es la primera y fundamental comunidad humana.

Es ambiente de vida, es ambiente de amor. La vida de toda sociedad, nación y Estado, depende de la familia; la familia es, dentro de esa sociedad, un verdadero ambiente de vida y de amor. Hay que hacer mucho, mejor dicho, hay que hacer todo lo posible para proporcionar a la familia las condiciones necesarias para ello: condiciones de trabajo, de vivienda, de manutención,: cuidando de la vida desde el momento de la concepción, respeto social de la paternidad y la maternidad, gozo que dan los niños desde que llegan al mundo, pleno derecho a la educación y, al mismo tiempo, ayuda a la educación en todas sus formas... He aquí un amplio y rico programa, del que depende el porvenir del hombre y de la nación.

¡Cómo deseo hoy, queridísimos connacionales, cuán ardientemente deseo que en este programa se cumpla, día tras día, año tras año, la llamada de Jasna Góra, la plegaria de los corazones polacos!

¡Cuán ardientemente deseo yo, que debo la vida, la fe, la lengua y una familia polaca, que la familia no deje jamás de ser fuerte con la fuerza de Dios! ¡Que supere todo cuanto la debilita, la destroza, todo cuanto no le permite ser verdadero ambiente de vida y de amor!

Para eso ruego por vosotros en este momento, con las palabras de la llamada de Jasna Góra.

Y deseo rogar también en el futuro, repitiendo: "Estoy a tu lado, te recuerdo, vigilo", a fin de que este nuestro grito ante la Madre de Dios resuene y se actualice allí donde más se sienta su necesidad.

Allí donde, de la fidelidad a estas palabras, repetidas al finalizar el primer milenio, dependerá en su mayor parte el milenio nuevo.

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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