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PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A POLONIA

DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
EN EL SANTUARIO DE KALWARIA ZEBRZYDOWSKA


Jueves 7 de junio de 1979

 

1. No sé, desde luego, cómo dar las gracias a la Divina Providencia que me ha concedido una vez más visitar este lugar. Kalwaria Zebrzydowska, el santuario de la Madre de Dios, los Santos Lugares de Jerusalén vinculados a la vida de Jesús y de su Madre, reproducidos aquí, los así llamados "Caminitos". Los he visitado muchas veces, de niño, de joven. Los he visitado como sacerdote. Especialmente he visitado con frecuencia el santuario de Kalwaria como arzobispo de Kraków (Cracovia) y como cardenal. Veníamos aquí muchas veces, los sacerdotes y yo, para concelebrar ante la Madre de Dios. Veníamos en la peregrinación anual de agosto y también en las peregrinaciones de determinados grupos en primavera y otoño. Pero más frecuentemente venía aquí solo, y andando por los caminitos de Jesucristo y de su Madre, podía meditar sus misterios santísimos, y encomendar a Cristo, por medio de María, los problemas especialmente difíciles y de singular responsabilidad en mi complejo ministerio. Puedo decir que casi ninguno de estos problemas ha madurado sino aquí, mediante la oración ardiente ante este gran misterio de la fe que Kalwaria esconde dentro de sí.

2. Es un misterio, que todos vosotras conocéis bien: vosotros, padres y hermanos bernardinos (franciscanos), custodios de este santuario, y vosotros habitantes del lugar, feligreses, vosotros numerosos, numerosos peregrinos que venís aquí en diversos tiempos y en distintos grupos desde toda Polonia, especialmente de las regiones cercanas a los Cárpatos, de una y otra parte de Tatra, algunos bastantes veces. Kalwaria tiene en sí algo que atrae al hombre. ¿Qué es lo que provoca tal efecto? Quizá también esta belleza natural del paisaje, que se extiende en los umbrales de los Beskidy polacos. Ciertamente ello nos recuerda a María que —para visitar a Isabel— "se puso en camino y con presteza fue a la montaña" (Lc 1, 39). Pero lo que sobre todo atrae aquí al hombre continuamente es ese misterio de unión de la Madre con el Hijo y del Hijo con la Madre. Ese misterio está narrado de modo plástico y magnífico mediante todas las capillas e iglesitas que se extienden en torno a la basílica central, donde reina la imagen de la Virgen de Kalwaria, coronada con la diadema del Papa León XIII, el 15 de agosto de 1887, por el cardenal Albino Dunajewski. Para el centenario de este acto, que tendrá lugar en 1987, os prepararéis durante los próximos nueve años. Vivid profundamente estos nueve años de preparación y os acerquen todavía más a los misterios de la Madre y del Hijo, tan intensamente vividos y meditados en este santo lugar.

El misterio de la unión de la Madre con el Hijo y del Hijo con la Madre en el Vía Crucis, y después en las huellas de sus funerales de la Capilla de la Dormición en el "Sepulcro de la Virgen". Finalmente, el misterio de la unión en la gloria, que recuerdan los caminitos de la Asunción y de la Coronación. Todo ello, bien situado en el tiempo y en el espacio, revestido por las oraciones de tantos corazones, de tantas generaciones, constituye un singular tesoro vivo de la fe, esperanza y caridad del Pueblo de Dios en esta tierra. Siempre, cuando venía aquí, tenía conciencia de sacar de este tesoro. Y siempre tenía conciencia de que esos misterios de Jesús y de María, que meditamos rezando por los vivos y por los difuntos, son verdaderamente inescrutables. Siempre volvemos a ellos, y cada vez nos apremian a volver aquí de nuevo y a sumergirnos de nuevo en ellos En estos misterios se expresa en síntesis todo lo que forma parte de nuestra peregrinación terrestre, que forma parte de nuestros "caminitos" de la vida cotidiana. Todo esto fue asumido por el Hijo de Dios y, por medio de su Madre, le es devuelto de nuevo al hombre: está penetrado de una luz nueva, sin la cual la vida humana no tiene sentido y permanece en la oscuridad. " ..El que me sigue no anda en tinieblas sino que tendrá luz de vida" (Jn 8, 12). He aquí el fruto de mi peregrinación repetida durante tantos años por los caminitos de Kalwaria. El fruto que hoy comparto con vosotros.

3. Y si deseo animaron y entasiasmaros a algo, es precisamente a esto: que no ceséis de visitar este santuario. Más aún: quiero deciros a todos, pero sobre todo a los jóvenes (porque los jóvenes están encariñados de modo especial con este lugar): no ceséis de orar: es necesario "orar en todo tiempo y no desfallecer" (Lc 18, 1), dice Jesús. Orad y formad, mediante la oración, vuestra vida.

"No sólo de pan vive el hombre" (Mt 4, 4)... y no sólo con las cosas temporales, y no sólo con la satisfacción de las necesidades materiales, con las ambiciones, o con los deseos, el hombre es hombre. "No sólo de pan vive el hombre. sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4, 4). ¡Si debemos vivir esta Palabra, Palabra divina, es necesario orar "sin desfallecer"! Llegue desde este lugar a todos los que me escuchan, aquí y en cualquier sitio, esta invitación sencilla y fundamental del Papa a la oración.

Es la invitación más importante.

Es el mensaje más esencial.

El santuario de Kalwaria continúe reuniendo a los peregrinos, sirva a la archidiócesis de Kraków y a toda la Iglesia de Polonia. Se realice aquí una gran obra de renovación espiritual de los hombres, de las mujeres, de la juventud masculina y femenina, del servicio litúrgico del altar, y de todos.

Y a todos los que seguirán viniendo, les pido que recen por uno de los peregrinos de Kalwaria, al que Cristo ha llamado con las mismas palabras dichas a Simón Pedro: "Apacienta mis corderos... Apacienta mis ovejas" (Jn 21, 15-19).

Os pido: rezad por mí aquí durante mi vida y después de mi muerte.

Amén.

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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