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PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A POLONIA

DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS PROFESIONALES DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Domingo 10 de junio de 1979

 

Queridos amigos:

Nos hemos visto ya lejos de aquí y, aunque el Sucesor de Pedro puede sentirse en su casa en cualquier parte del mundo —dado que su mandato es "para todas las gentes" (Mt 28, 19)—, sin embargo, me produce especial satisfacción y placer reunirme con vosotros y abriros mis brazos aquí, en el suelo de mi tierra natal. Mi deseo es que hayáis obtenido un nuevo y gran enriquecimiento del espíritu y una profunda paz interior en los santuarios y en los lugares sagrados, donde la fe del pueblo polaco ha sabido expresarse tan intensamente.

La peregrinación es una práctica de tradición antigua entre nosotros, los cristianos. Determinados lugares se consideran especialmente sagrados por la santidad y la virtud adquirida por algunas personas, que vivieron en ellos; su sacralidad aumenta con el paso del tiempo, mediante las oraciones y los sacrificios de las multitudes de peregrinos que van a visitarlos.

Así la virtud engendra nueva virtud; la gracia atrae gracia, y la bondad de un santo o de una santa, mantenida en permanente memoria por un pueblo entero, continúa arraigándose a través de los siglos, renovando, inspirando y fortaleciendo el espíritu de las generaciones sucesivas. De este modo se nos ayuda y anima en el difícil ascenso a la virtud.

Tal vez recordaréis que uno de mis primeros deseos, apenas elegido Papa, fue el de ir en peregrinación a los santuarios de los Patronos nacionales de Italia, San Francisco de Asís y Santa Catalina de Siena. Sentí entonces la necesidad de asegurarme la ayuda de estos grandes santos y de pedir en sus santuarios la resolución y el consejo, que mi nuevo formidable deber exigía. Pero sentía también la necesidad profunda de fortalecer mi espíritu con una peregrinación a los lugares sagrados de mi patria, y doy gracias a Dios que, por su bondad, me lo ha permitido realizar y lo ha hecho posible precisamente este año, en el que Polonia celebra el IX centenario de su Patrono principal, San Estanislao.

Y ahora, en.,el momento de mi partida os doy las gracias, amigos de los mass-media, por haberme acompañado durante mi peregrinación. Os doy las gracias a vosotros y a los diversos medios de comunicación que representáis, por haber traído —y creo poderlo afirmar con seguridad— el mundo entero a Polonia, teniéndolo a mi lado y haciéndole participar en estas preciosas jornadas de oración y de mi regreso a casa.

Al expresaros mi gratitud profunda, querría aún pediros un favor. Os ruego que digáis al mundo y a los pueblos de cada una de vuestras regiones, que Juan Pablo II los ha recordado, los ha tenido en el corazón, ha rezado por ellos eri cada etapa de esta peregrinación: en los santuarios de la Santa Madre de Dios en Warszawa (Varsovia), Czestochowa, Nowy Targ y Maków; ante las tumbas de San Wojciech y San Estanislao en Gniezno y Kraków (Cracovia); en el santuario de la Santa Cruz de Mogila y en la celda de Oswiecim, donde el Beato Maximiliano Kolbe pasó sus últimas horas heroicas de vida. Decidles —porque es verdad—que el Papa reza por ellos cada día, muchas veces al día, dondequiera se encuentre, y les pide que rueguen por él.

Y ahora una palabra especial para vosotros, profesionales de la prensa y de las agencias fotográficas, de la radio, de la televisión y del cine. Cuando os veo ocupados en vuestro trabajo, me siento cada vez más impresionado por la nobleza de la tarea que vuestra vocación y profesión os han confiado. He dicho en otra ocasión (México, enero de 1979) que, a través de una información "completa, cuidadosa, exacta y fiel", vosotros ponéis a cada uno de los hombres o mujeres en condición de participar y ser responsable del "progreso general de todos" (Communio et progressio, 34, 19). Idealmente vuestras vidas están dedicadas al servicio de la verdad. Sólo permaneciendo fieles a este ideal. mereceréis el respeto y la gratitud de todos.

Querría recordaros a este fin lo que Jesucristo dijo durante el proceso que decidiría sobre su vida —y es el único elemento que adujo en su defensa—: "Para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad" (Jn 18, 37). Aplicaos esto cada uno de vosotros a la propia vida, y os ayudará a aliviar vuestros sufrimientos y a reforzar vuestra valentía en la mayor parte de las pruebas y frustraciones de vuestra existencia.

Este es el pensamiento que os dejo hasta cuando nos encontremos de nuevo. Llevad mi saludo y mi agradecimiento a vuestras familias, y mi afecto especial a vuestros niños. Mientras digo adiós a vosotros y a Polonia, os bendigo de todo corazón.

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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