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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
DURANTE EL ENCUENTRO CON LOS JÓVENES
DE LA PEREGRINACIÓN COMUNITARIA Y OFICIAL
DE LA ARCHIDIÓCESIS DE NÁPOLES


Sala Pablo VI
Sábado 24 de marzo de 1979

 

Queridísimos muchachos y muchachas:

Habéis venido muy numerosos, llenos de vida y de alegría, a visitar al Papa. Y el Papa os acoge con viva cordialidad y amistad sincera, porque sabe que vosotros, los jóvenes, sois el germen precioso que mañana dará su fruto en la Iglesia y en la sociedad; sabe que sois el porvenir y que el destino de la humanidad está en vuestras manos y en vuestros corazones.

Por esto, el Papa desea que seáis ahora y siempre el trigo bueno en medio de la cizaña, la que —como observa el Evangelio con sabio realismo— continuará creciendo, por desgracia, en el campo de la historia.

Al expresaros, pues, mi reconocimiento por esta visita, tan bella y agradable, me es grato dirigirme a vosotros con una palabra del Apóstol Pedro, para que permanezca en vuestros corazones como un recuerdo y una consigna: «Sed firmes en la fe» (1 Pe 5, 9).

1. Sedlo ante todo mediante el conocimiento profundo y gradual del contenido de la doctrina cristiana. No basta ser cristianos por el bautismo recibido o por las condiciones histórico-sociales en que se ha nacido o se vive. Poco a poco se crece en años y en cultura, se asoman a la conciencia problemas nuevos y exigencias nuevas de claridad y de certeza. Es necesario, pues, buscar responsablemente las motivaciones de la propia fe cristiana. Si no se llega a ser personalmente conscientes y no se tiene una comprensión adecuada de lo que se debe creer y de los motivos de tal fe, en cualquier momento puede hundirse fatalmente y ser echado fuera, a pesar de la buena voluntad de padres y educadores.

Por eso, hoy especialmente es tiempo de estudió, de meditación, de reflexión. Por tanto, os digo: emplead bien vuestra inteligencia, esforzaos por lograr convicciones concretas y personales, no perdáis el tiempo, profundizad en los motivos y fundamentos de la fe en Cristo y en la Iglesia, para ser fuertes ahora y en vuestro futuro.

2. Además, se es fuerte en la fe, por medio de la oración. Ya San Pablo recomendaba: «Orad sin cesar» (1 Tes 5,17). En efecto, se puede conocer perfectamente la Sagrada Escritura, se puede ser docto en filosofía y teología, y no tener fe, o naufragar en la fe; porque siempre es Dios quien llama primero a conocerlo y amarlo del modo justo. Por esto, es necesario ser humildes ante el Altísimo; es necesario mantener el sentido del misterio, porque entre Dios y el hombre media siempre lo infinito: es necesario recordar que frente a Dios y su Revelación no se trata tanto de entender con la propia razón limitada, sino sobre todo de amar.

Por esto decía Jesús: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos, y las revelaste a los pequeños. Sí, Padre, porque así te plugo» (Mt 11, 25-26).

He aquí, queridísimos jóvenes, el pensamiento que el Papa os confía esta mañana: sea él guía y apoyo para vuestro compromiso generoso.

Con mi bendición apostólica.

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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