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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS PARTICIPANTES EN LA ASAMBLEA ITALIANA
SOBRE LA PASTORAL FAMILIAR


Sábado 5 de mayo de 1979

 

Y ahora estoy verdaderamente contento por poder dirigir un saludo especial a los participantes en la asamblea sobre la pastoral familiar, que se desarrolla en estos días, aquí, en Roma, y especialmente a los queridos hermanos en el Episcopado que participan en ella.

Queridísimos, os agradezco esta visita que, si a vosotros os ofrece la posibilidad de renovar vuestros vínculos de fidelidad y comunión con el Sucesor de Pedro, a mí me da la oportunidad de hablar brevemente sobre un tema de vital importancia para la sociedad y para la Iglesia de nuestro tiempo.

La asamblea de estos días sobre la pastoral familiar se refiere ciertamente a un aspecto central de la vida y de la responsabilidad de los bautizados. Su actualidad se confirma doblemente, desde un punto de vista positivo y negativo. Por una parte, en efecto, vosotros anticipáis, al menos parcialmente, el terna de un calificado acontecimiento, como es el futuro V Sínodo de los Obispos que tratará precisamente de la "Misión de la familia cristiana en el mundo contemporáneo". Por otra parte, reclama una seria reflexión sobre el tema la simple constatación, según la cual, el clima psicológico, social e ideológico de hoy tiene frecuentemente efectos perturbadores en el matrimonio y en la vida familiar.

Mi deber, por lo tanto, es alabar y estimular toda iniciativa dedicada a salvaguardar, a educar y a promover, primero la toma de conciencia, y después la realización práctica de los compromisos referentes a las relaciones mutuas entre las familias cristianas y la comunidad eclesial. Me complace repetiros, porque es válido universalmente, lo que ya dije en Puebla a los obispos de América Latina: "Haced todos los esfuerzos para que haya una pastoral familiar. Atended a campo tan prioritario con la certeza de que la evangelización en el futuro depende en gran parte de la 'iglesia doméstica' ". Así también se expresa muy bien el reciente documento de la Conferencia Episcopal Italiana sobre "Evangelización y sacramento del matrimonio'', cuando afirma que "la familia no debe ser sólo el término de la acción responsable de las diversas estructuras de la sociedad civil, sino que debe convertirse en colaboradora responsable" (núm. 117). Para que esto suceda, es necesaria una educación eficaz de la madurez integral, humana y cristiana, de los cónyuges, de los hijos, y de los unos junto con los otros.

En un mundo en el que parece venir a menos la función importante de muchas instituciones, y se deteriora de modo impresionante la calidad de la vida, sobre todo urbana, la familia puede y debe convertirse en un lugar de auténtica serenidad y de crecimiento armonioso; y esto, no para aislarse en formas de autosuficiencia orgullosa, sino para ofrecer al mundo un testimonio luminoso de cómo es posible la recuperación y promoción integral del hombre, si ésta tiene como punto de partida y de referencia la sana vitalidad de la célula primaria del entramado civil y eclesial.

Es necesario, pues, que la familia cristiana se transforme cada vez más en una comunidad de amor tal, que permita superar, en la fidelidad y en la concordia, las inevitables pruebas que se derivan de las preocupaciones cotidianas; en una comunidad de vida, para dar origen y cultivar gozosamente nuevas y preciosas existencias humanas a imagen de Dios; en una comunidad de gracia, que haga constantemente del Señor Jesucristo el centro propio de gravitación y el punto propio de fuerza para fecundar así los compromisos de cada uno y sacar siempre nueva fuerza en el camino de cada día.

Y a vosotros, que de manera tan calificada os dedicáis a problemas tan fundamentales, van mi aplauso y mi estímulo más cordiales, con el deseo de que vuestras fatigas sean verdaderamente provechosas, con miras a una incidencia real de familias renovadas en Cristo, para un dinamismo nuevo de la Iglesia y para un bienestar general de la sociedad humana.

De estos deseos es prenda sincera la paterna bendición apostólica que de corazón imparto a todos vosotros y a cuantos colaboran en vuestro precioso trabajo.

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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