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DÍA DEL FERROVIARIO

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN LA ESTACIÓN TÉRMINI DE ROMA

Jueves 8 de noviembre de 1979

 

Queridísimos viajeros:

Aprovechando esta parada breve en la estación Términi, antes de llegar al depósito de locomotoras del barrio Salario para celebrar allí la Santa Misa con ocasión del Día del Ferroviario, deseo dirigir un saludo particularmente afectuoso a cuantos se hallan hoy en este punto de encuentro de pasajeros de la Roma cosmopolita, a donde yo también he llegado desde Polonia por voluntad misteriosa de Dios, igual que San Pedro desde Galilea en otro tiempo, como Obispo de la Urbe y Pastor de la Iglesia universal.

Deseo ante todo dedicar un saludo particular a cuantos se prodigan por el buen funcionamiento de esta estación y de los ferrocarriles: el Director general, los funcionarios de las distintas oficinas, los jefes de estación y jefes de tren, los conductores y maquinistas, todo el personal de conservación, reparación y limpieza. Recuerdo especialmente a los que prestan servicio de seguridad pública, atienden al orden social y moral y defienden a las personas que al hallarse solas y como perdidas en una estación tan grande como ésta, pueden encontrarse en situaciones peligrosas física o espiritualmente. Vaya a todos ellos mi reconocimiento y mi estímulo por este servicio delicado e importante en beneficio de la sociedad.

Mi pensamiento se extiende después a la inmensa multitud de viajeros que por motivos de trabajo o estudio, por razones sociales, religiosas o de turismo, se mueven por los caminos del mundo. Pienso sobre todo en los emigrantes que para proveer de lo necesario a la propia familia, se ven obligados a dejar la patria y los seres queridos, y someterse a sacrificios y privaciones en tierras desconocidas.

En los que viajan se refleja un aspecto de la vida de Jesús, que en su vida pública, en los tres años de predicación mesiánica, viajó constantemente de una región a otra, de una ciudad a otra de la antigua Palestina. Y como Jesús, que es nuestro "Camino" (cf. Jn 14, 6), así también hicieron los Apóstoles que se esparcieron por los caminos del mundo para anunciar la "Buena Nueva" a todas las naciones.

Sean los que fueren los motivos por los que os ponéis en viaje, sabed dar a éste una dimensión humana también, porque a través de los viajes, como dice el Concilio, "se afina el espíritu del hombre y los hombres se enriquecen con el conocimiento mutuo" (Gaudium et spes, 61); en los viajes se ofrecen buenas ocasiones de establecer relaciones fraternas entre personas de toda condición y estado social, y de toda nacionalidad, para integrar así la propia formación cultural y sobre todo comprender las necesidades de los demás. Pues por la conversación y confrontación de ideas se adquiere mayor conciencia de la necesidad de solidaridad humana y de ayuda recíproca.

De modo especial deseo que sepáis dar dimensión espiritual a vuestros viajes, quiero decir, significado bíblico de peregrinación ideal a la tierra prometida. El significado que le daba también San Agustín cuando explicaba a sus fieles: "¿Qué significa caminar? Ir adelante rectamente, avanzar en santidad... Si avanzas es señal de que caminas, pero debes caminar en el bien, debes avanzar en la fe verdadera, debes ir adelante en la santidad" (Sermón 256, 3; PL 58, 1193).

Confío estos deseos a la Virgen Santísima, Señora del Camino, para que les dé mayor valor con su intercesión poderosa; y a la vez, prometiéndoos mi recuerdo en la oración, os doy de corazón a todos, a vuestras familias y a vuestros seres queridos que están lejos, mi bendición apostólica especial

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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