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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS VENCEDORES DEL «CONCURSO VERITAS»


Domingo 25 de noviembre de 1979

 

Queridísimos jóvenes, vencedores del "Concurso Veritas":

Os recibo con una alegría totalmente especial, en este encuentro particular, expresamente reservado para vosotros, y os doy mi bienvenida paterna y afectuosa.

Efectivamente, sois los vencedores de esa interesante y significativa iniciativa, lanzada por la Acción Católica al comienzo de cada año en todas las diócesis de Italia entre los alumnos de las escuelas superiores, y que ahora ya ha alcanzado su 30 edición, para hacer más dinámico, apasionado y fecundo el estudio de la fe cristiana. Por tanto, os expreso mi satisfacción por la diligencia que habéis puesto en el estudio y en la profundización del tema asignado; y al mismo tiempo hago extensivo mi saludo agradecido a todos los sacerdotes y profesores que os han iluminado y guiado con método y con amor.

¡Demos gracias al Señor por vuestra juventud límpida y ardiente, que ha sabido y sabe todavía entusiasmarse con las realidades sublimes y salvíficas! Sabed que el Papa está contento de vosotros; pero sobre todo está contento Jesús, el amigo divino, a quien. la liturgia de hoy nos hace contemplar como "Rey del universo".

Recordáis el conmovedor episodio del Evangelio de San Juan. Jesús responde al Gobernador Poncio Pilato, que le pregunta por sur identidad como rey: "Yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye mi voz". Y Pilato, pensativo, añade: "¿Y qué es la verdad?" (Jn 18, 37-38).

Queridos jóvenes: ¡Sed en el mundo los portadores del "mensaje de la Verdad", sed los testigos de Cristo camino, verdad y vida, luz del mundo y salvación de la humanidad! Sabed demostrar con vuestro ejemplo ante todos que: la verdad debe ser amada. La verdad debe ser conocida, y por esto, buscada con amor, con dedicación, con método, y sobre todo que la verdad debe ser vivida. El cristianismo no es sólo una doctrina: es ante todo una Persona: Jesucristo, que debe ser amado y, en consecuencia, imitado y realizado en. la vida de cada día, mediante la fe total en su palabra, la vida de gracia, la oración, la caridad hacia los hermanos.

Queridísimos jóvenes: ¡Continuad viviendo en la Verdad y para la Verdad! Os asista, os ilumine y os conforte María Santísima Trono de la Sabiduría, Madre del Verbo que ilumina a todo hombre.

Con estos deseos os imparto mi bendición apostólica, que con particular benevolencia hago extensiva a vuestros sacerdotes y a todas vuestras personas queridas.

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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