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VIAJE A TURQUÍA
PALABRAS DE
DESPEDIDA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN EL AEROPUERTO ROMANO DE FIUMICINO
Miércoles 28 de noviembre de 1979
Doy las gracias de todo corazón a los venerables cardenales, a los obispos, al
Decano del Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede, al Ministro Adolfo Sarti y a
las demás autoridades italianas, como también a todos los que han
querido presentarme su saludo de buenos deseos al comienzo de mi breve viaje a
Oriente.
Como ya manifesté en el primer anuncio de esta nueva peregrinación, siguiendo
las huellas de mi predecesor Pablo VI que a fines del mes de julio de 1967 fue
a Turquía, viajo a esa nación para continuar con renovado interés el esfuerzo
hacia la unidad de todos los cristianos, según una de las finalidades
preeminentes del Concilio Vaticano II; para mostrar, además, la importancia que
la Iglesia católica da a las relaciones con las venerables Iglesias ortodoxas
en vísperas del comienzo de un diálogo teológico; y, finalmente, para expresar
mi sincero afecto y mi profunda caridad hacia todas esas Iglesias y sus
Patriarcas, especialmente hacia el Patriarcado Ecuménico.
Por lo tanto, después de haber presentado mi obligado saludo a las autoridades
de la República de Turquía en Ankara, iré a Estambul para un encuentro con Su
Santidad el Patriarca Ecuménico Dimitrios I y para participar en las solemnes
celebraciones en honor de San Andrés. Luego, iré a Efeso, la ciudad donde en el
año 451 tuvo lugar el tercer Concilio Ecuménico, que proclamó a la Virgen María:
"Theotokos", es decir, "Madre de Dios"; y también haré una visita a Esmirna.
Quiera el Señor Dios, por la materna intercesión de María Santísima, acompañar
con su gracia mis pasos por este camino de gran esperanza, que representa otra
etapa importante hacia la unidad plena y perfecta de todos los cristianos.
Por estas altas finalidades religiosas y ecuménicas pido, en este momento, la
oración intensa de todos los hijos de la Iglesia y su serena disponibilidad a la voz del Espíritu.
Con mi bendición apostólica.
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Vaticana |