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VIAJE A TURQUÍA
DECLARACIÓN COMÚN
DEL PAPA JUAN PABLO II Y DEL PATRIARCA DIMITRIOS I
Nosotros, el Papa Juan Pablo II y el Patriarca Ecuménico Dimitrios
I damos
gracias a Dios que nos ha permitido juntarnos para celebrar la festividad del
Apóstol Andrés, primer llamado y hermano del Apóstol Pedro. "Bendito sea Dios y
Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en Cristo nos bendijo con toda bendición
espiritual en los cielos" (Ef 1, 3).
Buscando la sola gloria de Dios a través del cumplimiento de su voluntad,
declaramos de nuevo nuestra firme voluntad de hacer todo lo posible porque
llegue pronto el día en que se restablezca la plena comunión entre la Iglesia
católica y la Iglesia ortodoxa y en que podamos finalmente concelebrar la divina
Eucaristía.
Agradecemos a nuestros predecesores, el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras,
todo lo que hicieron por reconciliar nuestras Iglesias y hacerlas progresar en
la unidad.
Los progresos realizados en la etapa preparatoria nos permiten anunciar que el
diálogo teológico va a comenzar y hacer pública la lista de los miembros de la
comisión mixta católico-ortodoxa que llevará a cabo dicho diálogo.
Este diálogo teológico tiene como finalidad no sólo progresar hacia el
restablecimiento de la plena comunión entre las Iglesias hermanas católica y
ortodoxa, sino también contribuir a los diálogos múltiples que tienen lugar en
el mundo cristiano de cara a la búsqueda de su unidad.
El diálogo de la caridad (cf. Jn 13, 34; Ef 4, 1-7), enraizado en una fidelidad completa al único Señor Jesucristo y a su voluntad
para con la Iglesia (cf. Jn 17, 21), ha abierto el camino hacia una mejor comprensión de las posiciones
teológicas recíprocas y además hacia nuevos acercamientos del trabajo
teológico y hacia una nueva actitud de cara al pasado común de nuestras
Iglesias. Esta purificación del recuerdo colectivo de nuestras Iglesias
constituye un importante fruto del diálogo de la caridad y una condición
indispensable del progreso futuro. Este diálogo de la caridad debe continuar
intensificándose en la compleja situación que hemos heredado del pasado y que
constituye la realidad en la que debe desenvolverse hoy nuestro esfuerzo.
Deseamos que el progreso en la unidad abra nuevas posibilidades
de diálogo y colaboración con los creyentes de otras religiones y con todos los
hombres de buena voluntad, para que el amor y la fraternidad lo sitúen por
encima del odio y de la oposición entre los hombres. Esperamos contribuir así al
advenimiento de una verdadera paz mundial. Imploramos este don de quien era,
quien es y que vendrá, Cristo nuestro único Señor y nuestra verdadera paz.
Fanar, fiesta de San Andrés, 1979.
© Copyright 1979 - Libreria Editrice
Vaticana
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