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VIAJE APOSTÓLICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS REPRESENTANTES DE LAS ORGANIZACIONES
INTERGUBERNAMENTALES Y NO GUBERNAMENTALES*


Nueva York, Palacio de Cristal
Martes 2 de octubre de 1979

 

Señoras y señores:

Es para mí un gran placer extender mis saludos a los representantes de las Organizaciones Intergubernamentales y No-Gubernamentales que están presentes aquí y agradecerles su cordial bienvenida.

Su presencia en el centro de las actividades de las Naciones Unidas es una consecuencia del convencimiento creciente de que los problemas del mundo actual sólo pueden solucionarse cuando todas las fuerzas se hallan unidas y dirigidas hacia un objetivo común. Los problemas a que se enfrenta hoy la familia humana pueden parecer abrumadores. Yo personalmente estoy convencido de que existe un potencial inmenso para afrontarlos La historia nos dice que la raza humana es capaz de reaccionar y de cambiar de dirección siempre que percibe claramente la advertencia de que se halla en el camino equivocado. Ustedes, en este. edificio, son testigos privilegiados de cómo los Representantes de las naciones se esfuerzan por trazar un camino común para que la vida en este planeta se viva en paz, orden, justicia y progreso para todos. Pero saben también que cada uno ha de trabajar por el mismo objetivo. Son las acciones individuales unidas las que logran hoy y mañana el impacto total que es o beneficioso o perjudicial para la humanidad.

Los diferentes programas y organizaciones que existen dentro de la estructura de las Naciones Unidas, así como las agencias especializadas y otros organismos intergubernamentales, son una parte importante de este esfuerzo total. En el área de su propia especialización, alimentación, agricultura, comercio, medioambiente, desarrollo, ciencia, cultura, educación, salud, ayuda en las catástrofes, o en los problemas de los niños y los refugiados, cada una de estas organizaciones contribuye de un modo singular, no sólo a solucionar las necesidades humanas, sino también a fomentar el respeto a la dignidad humana y la causa de la paz mundial.

Sin embargo, ninguna organización, ni siquiera las Naciones Unidas o alguna de sus agencias especializadas, puede solucionar sola los problemas globales que constantemente requieren su atención, si sus preocupaciones no son compartidas por todos los hombres. La función privilegiada de las Organizaciones No-Gubernamentales es, pues, ayudar a llevar estas preocupaciones a las comunidades y los hogares de los hombres, y traer a las agencias establecidas las aspiraciones y prioridades del pueblo, para que todos los proyectos y las soluciones previstas respondan verdaderamente a las necesidades de la persona humana.

Los delegados que redactaron la Carta de las Naciones Unidas tuvieron una visión de unidad y cooperación gubernamental, pero tras las naciones veían también a los individuos, y querían que cada ser humano fuera libre y disfrutara de sus derechos fundamentales. Hay que mantener esta inspiración fundamental.

Quiero expresar mis mejores deseos a todos los presentes que trabajan juntos para llevar a todas las partes del mundo los beneficios de la acción coordinada. Mi cordial saludo se dirige a los representantes de las diferentes Asociaciones protestantes, judías y musulmanas, y de un modo particular a los representantes de las Organizaciones católicas Internacionales. Que las dificultades no dobleguen nunca vuestra dedicación y vuestro sentido moral, que nunca perdáis de vista el objetivo final de vuestros esfuerzos: crear un mundo donde cada persona humana pueda vivir dignamente y en armonía de amor como un hijo de Dios.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n. 41 p.10.

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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