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VIAJE APOSTÓLICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN LA CATEDRAL DE SAN PATRICIO

Nueva York
Martes 2 de octubre de 1979

 

Querido cardenal Cooke,
queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Considero una gracia especial volver a Nueva York y estar en San Patricio durante el centenario de la catedral.

Hace seis meses escribí una carta al cardenal Cooke diciendo que esperaba seriamente "que la comunidad eclesial local, simbolizada en este glorioso edificio de piedra (cf. 1 Pe 2, 5), se renueve en la fe de Pedro y Pablo, la fe de nuestro Señor Jesucristo, y de que cada uno de vosotros encuentre nuevo vigor de vida auténticamente cristiana". Y ésta es mi esperanza hoy para todos vosotros. Por eso estoy aquí: para confirmaros en vuestra fe santa, católica y apostólica; para invocar sobre vosotros la alegría y la fuerza que os sostengan en la vida cristiana.

En esta ocasión envío mis saludos a todos los habitantes de Nueva York. De un modo especial mi corazón está con los pobres, con los que sufren con aquellos que se encuentran solos y abandonados en medio de esta populosa metrópoli.

Ruego por el éxito del apostolado en esta archidiócesis. Que las agujas de la catedral de San Patricio reflejen siempre la verdad con que la Iglesia desempeña su función fundamental en todo tiempo: "Dirigir la mirada del hombre, orientar la conciencia y la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo, ayudar a todos los hombres a tener familiaridad con la profundidad de la redención, que se realiza en Cristo Jesús" (Redemptor hominis, 10).

También esto está incluido en el simbolismo de San Patricio. Esta es la misión de la Iglesia en Nueva York, la expresión de su vital y distintivo servicio a la humanidad: dirigir los corazones hacia Dios y mantener viva la esperanza en el mundo. Y así repetimos con San Pablo: "Por esto penamos y combatirnos, porque esperarnos en Dios vivo" (1 Tim 4, 10).

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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