The Holy See
back up
Search
riga

VIAJE APOSTÓLICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN LA CATEDRAL UCRANIA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN


Filadelfia
Jueves 4 de octubre de 1979

 

¡Alabado sea Jesucristo!

Con este saludo cristiano me dirijo a vosotros en vuestra lengua natal, el ucranio, antes de comenzar a hablar en inglés.

En primer lugar saludo a todas las jerarquías aquí presentes, tanto de la metrópoli de Filadelfia, como de la de Pittsburgh.

De modo especial saludo al metropolita de Filadelfia recién nombrado.

Saludo a todos mis queridos sacerdotes, religiosos y religiosas.

Saludo cordialmente a todos vosotros, queridos fieles de la metrópoli ucrania de Filadelfia, que os habéis reunido aquí, en este templo de la Santísima Madre de Dios, para honrar en mi persona al Sucesor de San Pedro en la Cátedra de Roma, Vicario de Cristo en la tierra.

Sobre todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, invoco abundantes gracias de Dios Omnipotente por intercesión de la Inmaculada Virgen María, a quien está dedicada esta catedral.

A todos bendigo muy de corazón, ¡Alabado sea Jesucristo!

Queridos hermanos y hermanas:

"Ahora por Cristo Jesús... sois conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el fundamentó de los Apóstoles y de los Profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús" (Ef 2, 13; 19, 20). Con estas palabras recordó el Apóstol Pablo a los efesios la bendición inmensa que habían recibido al hacerse miembros de la Iglesia. Y estas palabras son verdad todavía hoy. Formáis parte de la familia de Dios. Vosotros, miembros de la tradición ucrania, sois parte de un edificio que tiene por fundamento a los Apóstoles y Profetas, y al mismo Cristo Jesús como piedra angular. Todo esto ha sucedido de acuerdo con el plan providencial de Dios.

Hace algunos años, mi amado predecesor Pablo VI donó una piedra del sepulcro de San Pedro para que se incluyera en la construcción de esta hermosa catedral dedicada a María Inmaculada. El Papa Pablo quiso que este don fuera símbolo visible del amor y estima de la Sede Apostólica de Roma a la Iglesia ucrania. Al mismo tiempo se entendía que esta piedra iba a ser signo también ,de la fidelidad de la Iglesia ucrania a la Sede de Pedro. Con este profundo gesto simbólico Pablo VI estaba reafirmando las enseñanzas del Apóstol Pablo en la Carta a los efesios.

Hoy vengo a visitaros en esta magnífica catedral nueva como sucesor de Pablo VI en la Cátedra de San Pedro. Estoy contento ante esta oportunidad. Aprovecho la ocasión para afirmar, como Pastor universal de la Iglesia, que cuantos han heredado la tradición ucrania tienen una misión importante y distinguirla que cumplir en la Iglesia católica.

Corno lo atestigua la historia, la Iglesia desarrolla una serie de ritos y tradiciones al irse extendiendo por las naciones en el transcurso del tiempo desde Jerusalén, y encarnándose en la lengua, cultura y tradiciones humanas de cada uno de los pueblos que aceptaron el Evangelio de todo corazón. Estos varios ritos y tradiciones, lejos de ser signo de desviación, infidelidad o desunión, fueron en realidad prueba Infalible de la presencia del Espíritu Santo que continuamente renueva y enriquece a la Iglesia, Reino de Cristo presente ya ahora en misterio (cf. Lumen gentium, 3).

Las distintas tradiciones dentro de la Iglesia dan expresión a la abundancia de modos con que el Evangelio puede echar raíces y florecer en la vida del pueblo de Dios. Son evidencia viviente de la riqueza de la Iglesia. Cada una, a la vez que está unirla a todas las demás en "la misma fe, en los mismos sacramentos y el mismo gobierno" (Orientalium Ecclesiarum, 2), se manifiesta sin embargo en su liturgia, disciplina eclesiástica y patrimonio espiritual propios. Cada tradición integra expresiones artísticas particulares y una concepción espiritual única con una experiencia vivida —que no tiene igual— de ser fieles a Cristo. Teniendo en cuenta estas consideraciones, el Concilio Vaticano II declaró: "La historia, las tradiciones y muchísimas instituciones eclesiásticas, atestiguan de insigne manera cuán beneméritas son de la Iglesia universal las Iglesias orientales. El Santo Sínodo alaba como se merece y estima como es justo, este patrimonio eclesiástico y espiritual; pero además lo considera firmemente como patrimonio de la Iglesia universal de Cristo" (Orientalium Ecclesiarum, 5).

Desde hace muchos años tengo en alta estima al pueblo ucranio. He conocido los sufrimientos e injusticias sinnúmero que habéis padecido. Estos han sido y siguen siendo causa de grandes preocupaciones para mí. También tengo conocimiento de las luchas de la Iglesia católica ucrania a lo largo de la historia para seguir siendo fiel al Evangelio y mantenerse unida al Sucesor de San Pedro. No puedo olvidar los innumerables mártires ucranios de tiempos antiguos y modernos, cuyos nombres no son conocidos en su mayoría, que dieron la vida antes que abandonar la fe. Hago alusión a ellos para mostrar mi gran estima de la Iglesia ucrania y su fidelidad probada en el sufrimiento.

Deseo también mencionar cosas que habéis conservado cual especial patrimonio espiritual vuestro: la lengua litúrgica eslava, la música eclesiástica y las muchas formas de piedad que se han ido desarrollando a través de los siglos y siguen alimentando vuestra vida. Vuestro aprecio de estos tesoros de la tradición ucrania queda patente en el hecho de que habéis mantenido la adhesión a la Iglesia ucrania y habéis continuado viviendo la fe de acuerdo con su tradición propia.

Hermanos y hermanas mías en Cristo: Quiero recordar en vuestra presencia las palabras con que Jesús oró la víspera de su muerte en la cruz: "Padre... que sean uno" (Jn 17, 11). Jamás debemos olvidar esta oración; y en la práctica debemos tratar de hallar medios mejores de salvaguardar y fortalecer los lazos de unión que nos vinculan a todos en la Iglesia católica una.

Recordad las palabras de San Pablo: "Edificados sobre el fundamento de los Apóstoles y de los Profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús" (Ef 2, 20). La unidad del edificio espiritual que es la Iglesia, se mantiene con la fidelidad a la piedra angular que es Cristo, y a las enseñanzas de los Apóstoles conservadas y explicadas en la Tradición de la Iglesia. La auténtica unidad en la doctrina nos vincula a todos en la unidad.

La unidad católica supone el reconocimiento del Sucesor de San Pedro y de su ministerio de fortalecer y preservar intacta la comunión de la Iglesia universal, y de salvaguardar a la vez la existencia de tradiciones individuales legítimas dentro de aquélla. Al igual que las demás Iglesias orientales, la Iglesia ucrania tiene derecho y deber, según las enseñanzas del Concilio (cf. Orientalium Ecclesiarum, 5), de mantener su propio patrimonio eclesiástico y espiritual. Precisamente porque se entiende que estas tradiciones individuales enriquecen a la Iglesia universal, la Sede Apostólica de Roma tiene gran cuidado en protégelas y vigorizarlas. A su vez, las comunidades eclesiales que siguen estas tradiciones están llamadas a adherirse con amor y respeto a ciertas formas particulares de disciplina que mis predecesores y yo hemos juzgado necesarias para bien de todo el Cuerpo de Cristo, cumpliendo nuestra responsabilidad pastoral sobre toda la Iglesia.

Nuestra unidad católica depende en gran medida de la caridad mutua. Recordemos que la unidad de la Iglesia tuvo su origen en la cruz de Cristo, que rompió las barreras del pecado y la desunión y nos reconcilió con Dios y entre nosotros. Jesús predijo este acto de unificación cuando dijo: "...y yo, si fuere levantado de la tierra, atraeré todos a mí" (Jn 12, 32). Si seguimos imitando el amor de Jesús nuestro Salvador en la cruz, y si perseveramos en el amor mutuo, entonces mantendremos los lazos de unión en la Iglesia y daremos testimonio del cumplimiento de la oración de Jesús: "Padre, ...que sean uno" (Jn 17, 11).

Y para el porvenir os confío a la protección de María Inmaculada, Madre de Dios, Madre de la Iglesia. Sé que la honráis con gran devoción. Esta grandiosa catedral dedicada a la Inmaculada Concepción da prueba elocuente de vuestro amor filial. Nuestra bendita Madre ha sido durante siglos la fuerza de vuestro pueblo en los sufrimientos, y su amorosa. intercesión ha sido causa de vuestra alegría.

Seguid confiándoos a su protección. Seguid siendo fieles a su Hijo nuestro

Señor Jesucristo, Redentor del mundo. Y que la gracia de nuestro Señor

Jesucristo esté siempre con vosotros.

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

top