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VIAJE APOSTÓLICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

PLEGARIA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA VIRGEN MARÍA
EN EL SANTUARIO DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Washington
Domingo 7 de octubre de 1979

 

Este santuario nos habla con la voz de toda América, con la voz de todos los hijos e hijas de América, llegados aquí de diferentes países del Viejo Mundo. Al llegar, trajeron consigo, en sus corazones, el mismo amor por la Madre de Dios que caracterizaba a sus antecesores y a ellos mismos en sus países de origen. Esta gente, a pesar de hablar diferentes lenguas y de provenir de ambientes históricos y tradicionales distintos, se unieron en torno al corazón de una Madre común. Su fe en Cristo les proporcionaba la conciencia de formar el único Pueblo de Dios, pero al mismo tiempo esta conciencia se hizo mucho más vívida con la presencia de la Madre en la obra de Cristo y de la Iglesia.

Hoy, al darte las gracias, Madre, por tu presencia en medio de los hombres y mujeres de esta tierra (una presencia que se ha prolongado durante doscientos años), por conferir una forma nueva a su vida social y cívica, encomiendo a todos a tu Corazón Inmaculado.

Rememoro, con gratitud y alegría, el honor que se te tributó al nombrarte Patrona de los Estados Unidos, bajo la advocación de Inmaculada Concepción, en la celebración del VI Concilio provincial de Baltimore en 1846.

Te encomiendo, Madre de Cristo, y te confío la Iglesia católica: obispos, sacerdotes, diáconos, personal e institutos religiosos, seminaristas, vocaciones y todo el apostolado laical en sus diversas modalidades.

De un modo especial, te confío el bienestar de las familias cristianas de este país, la inocencia de los niños, el futuro de los jóvenes, la vocación de hombres y mujeres. Te pido que comuniques a todas las mujeres de los Estados Unidos la gracia de compartir con profundidad la alegría que experimentaste en tu cercanía a Jesucristo, tu Hijo. Te pido que mantengas a todos libres del pecado y del mal, con esa libertad que experimentaste de manera única desde el momento mismo de la suprema liberación en tu Inmaculada Concepción.

Te confío la gran obra ecuménica que se desarrolla en este país, donde quienes confiesan a Cristo pertenecen a Iglesias y comuniones diferentes. Hago esto para que se cumplan las palabras de la plegaria de Cristo: "Que todos sean uno". Te confío las conciencias de hombres y mujeres y la voz de la opinión pública, para que no se opongan a la ley de Dios, sino que la sigan como fuente de verdad y bien.

A esto añado, Madre, la gran causa de la justicia y la paz en el mundo moderno, para que la fuerza y la energía del amor prevalezcan sobre el odio y la destrucción, y para que los hijos de la luz no fallen en la causa del bienestar de toda la familia humana.

Te encomiendo y te confío, Madre, a cuantos se preocupan por promover el progreso temporal, para que éste no sea parcial, sino que cree condiciones que permitan el pleno desarrollo espiritual de individuos, familias, comunidades y naciones. Te encomiendo al pobre, al que sufre, al enfermo y al impedido, a los ancianos y a los moribundos. Te pido que reconcilies a los que se hallan en pecado, que sanes a los que sufren y que animes a quienes han perdido su esperanza y su alegría. Ilumina con la luz de Cristo, tu Hijo, a quienes se debaten en la duda.

Los obispos de la Iglesia en los Estados Unidos han elegido tu Inmaculada Concepción como el misterio sobre el que gravite tu patronazgo para con el Pueblo de Dios en este país. Que la esperanza contenida en este misterio venza el pecado y sea compartida por todos los hijos e hijas de América, así como por toda la familia humana. Al mismo tiempo. cuando se recrudezca la lucha entre el bien y el mal, entre el príncipe de las tinieblas y padre de la mentira y el amor evangélico, que .la luz de tu Inmaculada Concepción ilumine a todos el camino hacia la gracia y la salvación. Amén.

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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