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VIAJE APOSTÓLICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS ESTUDIANTES DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA

Washington
Domingo 7 de octubre de 1979

 

Queridos estudiantes de la Universidad católica:

Mi primer saludo al llegar a este "campus" va dirigido a vosotros. A todos os ofrezco la paz y el gozo de Jesucristo, nuestro Señor. Me han dicho que habéis dedicado a la oración una vigilia nocturna, para que Dios bendiga mi visita. Os doy cordialmente las gracias por tan admirable expresión de comunión conmigo y por tan hermoso regalo. Me gustaría hablar largo y tendido con vosotros; me gustaría escucharos y saber qué es lo que pensáis de vosotros mismos y del mundo. Pero el tiempo del que dispongo es muy breve.

Algo ya me habéis comunicado: al darme la bienvenida con la ofrenda de vuestras oraciones, habéis demostrado entender lo que es más importante en vuestra vida: vuestro contacto con Dios, vuestra búsqueda del sentido de la vida en la Palabra de Cristo, tal como os habla en la Sagrada Escritura. Me agrada saber que la reflexión sobre los valores espirituales y religiosos forma parte de vuestro deseo de vivir en plenitud esta etapa de vuestra vida. Los intereses materialistas y los valores unilaterales no son nunca suficientes para satisfacer los deseos del corazón y la mente de la persona humana. Una vida reducida a la sola dimensión de las posesiones, de los bienes de consumo, de los intereses temporales, nunca os permitirá descubrir y gozar de la plena riqueza de vuestra humanidad. Solamente en Dios (en Jesús, Dios hecho hombre) seréis capaces de comprender en plenitud lo que sois. El os desvelará vuestra auténtica grandeza: que habéis sido redimidos por El y acogidos en su amor; que en El habéis sido auténticamente liberados, El que dijo de Sí mismo: "Si, . piles, el Hijo os librare, seréis verdaderamente libres" (Jn 8, 36).

Sé que vosotros, como el resto de los estudiantes esparcidos por el mundo, estáis preocupados por los problemas que gravitan sobre vuestra sociedad y sobre todo el mundo. Dirigid la vista a esos problemas, exploradlos, estudiadlos y aceptadlos como un reto. Pero hacedlo a la luz de Cristo. El es "el camino, la verdad y la vida" (Jn 14, 6). El sitúa a todo ser humano en la verdadera dimensión de la verdad y del amor auténtico. El verdadero conocimiento y la auténtica libertad se hallan en Jesús. Dejad que Jesús forme parte siempre de vuestra hambre de verdad y justicia, y de vuestro compromiso por el bienestar de vuestros semejantes.

Gozad de los privilegios de vuestra juventud: el derecho a ser dinámicos, creativos y espontáneos; el derecho a vivir en plenitud la esperanza y la alegría; la oportunidad de explorar el maravilloso mundo de la ciencia y el conocimiento; y, sobre todo, la suerte de entregaros personalmente a los demás en un servicio alegre y generoso.

Os dejo ahora con esta oración: que el Señor Jesús se os revele a todos vosotros, que os conceda fortaleza para manifestar y profesar vuestra condición de cristianos, que os muestre que sólo El es capaz de saciar vuestros corazones. Aceptad su libertad y abrazad su verdad, y sed mensajeros de la certeza de haber sido auténticamente liberados por la muerte y resurrección del Señor Jesús. Esta será la nueva experiencia. la poderosa experiencia que generará, a través de vosotros, una sociedad más justa y un mundo mejor.

¡Que Dios os bendiga, y que la alegría de Jesús esté siempre con vosotros!

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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