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VISITA PASTORAL AL SANTUARIO DE POMPEYA Y A NÁPOLES

ENCUENTRO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
CON LOS OBISPOS, SACERDOTES, RELIGIOSOS Y FIELES

Basílica de Nuestra Señora del Rosario y de las Victorias
Domingo 21 de octubre de 1979

¡Hermanas y hermanos carísimos!

He venido a este santuario, con el ánimo de un ferviente y humilde peregrino, para venerar a la Virgen Santísima y cumplir así un secreto voto de piedad, gratitud y amor.

1. He saludado ante todo a Ella, a la Virgen que, desde su venerada y prodigiosa efigie, nos une a todos con esa "dulce cadena" que es el santo Rosario. Ella nos lo ofrece, nos lo propone, nos lo recomienda como medio sencillo, humilde, pero rico y eficaz, de oración cristiana.

Me he encontrado también brevemente con mis hermanos en el Episcopado, vuestros queridos Pastores, a los que deseo renovar mis sentimientos de estima y de gratitud por la invitación que me han dirigido.

Mi saludo se dirige ahora a todos vosotros, los aquí presentes, que tenéis la suerte de desarrollar vuestra actividad y vivir vuestra vida cotidiana bajo la mirada amorosa y la sonrisa maternal de la Virgen.

2. Ante todo, a vosotros, queridísimos hermanos sacerdotes, quiero manifestaros mi aplauso y mi estímulo, que es aplauso y estímulo de la Iglesia, por vuestro celo en el ministerio de la predicación de la Palabra de Dios, tan necesaria al hombre de nuestro tiempo, siempre en ansiosa e inquieta búsqueda de la verdad; también, por vuestra dedicación al ministerio del sacramento de la reconciliación, en el que tenéis la altísima misión y el inefable gozo de poder decir, como Jesús, "tus pecados te son perdonados" (Mt 9, 2); y en fin, por el ministerio de la oración, que encuentra en vosotros los guías y animadores de las multitudes de peregrinos que vienen a este santuario. Sí. Porque este templo, dedicado a la Virgen de Pompeya, es un lugar donde se reza, es decir, donde el hombre viene a realizar el gesto de adoración y súplica a Dios Creador y Redentor; es un lugar donde se escucha religiosamente la Palabra de Dios, para que sea luz que ilumine nuestro camino; es un lugar donde el hombre encuentra el perdón del Padre celestial.

Sé muy bien lo duro y fatigoso que es a veces vuestro trabajo apostólico, casi siempre escondido y silencioso, conocido solamente por Dios, que sabrá recompensaros superabundantemente. Continuad con generosidad vuestro ministerio, conscientes de ser, en las manos de Dios, instrumentos de salvación, donadores de paz y serenidad para muchas almas.

3. Os saludo también a vosotras, queridísimas hermanas religiosas, que perpetuáis la extraordinaria y espiritual herencia de vuestro fundador, el Venerable Bartolo Longo, su mensaje y sus ejemplos de fe y de caridad. Como es sabido, él, impulsado por su ardiente devoción a la Madre de Dios y confiando en la Divina Providencia, comenzó, en mayo de 1876, la construcción de este templo, hoy célebre en todo el mundo; pero, junto al santuario, quiso crear también una serie de admirables obras educativas y caritativas, especialmente en favor de niños y niñas, hasta el punto de que todo este complejo ha llegado a ser definido como "la ciudadela viviente de la caridad". La base de todas estas realizaciones era la profunda convicción que tenía el Venerable de que quien ama a Dios ama también al prójimo (cf. 1 Jn 4, 21).

Por tanto, en vuestra consagración religiosa, vivid el amor a Dios, a quien habéis dado toda vuestra vida, todo vuestro corazón, toda vuestra voluntad; pero vivid también, no menos intensa y concretamente, el amor a los hermanos necesitados, especialmente a los pequeños, con generosa disponibilidad y con inmenso gozo, conscientes de que "quien ama al prójimo, ha cumplirlo la ley" (Rom 13, 6).

4. A vosotros, niños y niñas, que transcurría serenamente vuestra infancia junto a la Virgen Santísima, os dirijo mi más afectuoso y paternal saludo. Vosotros sabéis cuánto amó Jesús a los pequeños. Ellos, fascinados por su palabra y su personalidad, le manifestaban con exuberancia su afecto: y Jesús, que quería estar con los niños, no permitía que los Apóstoles los alejasen de El: "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo prohibáis, que de ellos es el reino de Dios" (Lc 18, 16). También el Papa, como Jesús, os quiere mucho, se encomienda a vuestras oraciones y hoy, en este encuentro, os dice: Sed siempre amigos fieles y sinceros de Jesús; estudiad sus ejemplos, su vida, sus enseñanzas contenidas en el Santo Evangelio. Pero ser amigos fieles y sinceros de Jesús significa seguirle, poner en práctica cada día todo lo que El dijo. Entonces seréis verdaderamente felices, porque seréis cristianos ejemplares y buenos ciudadanos.

5. Por último, no puedo dejar de expresar mi saludo y mi aprecio a los empleados de la tipografía del Avvenire. Ante todo, gracias por el valioso trabajo que desarrolláis para hacer llegar oportunamente a toda Italia un diario que trata de informar objetivamente sobre los acontecimientos y de formar, además, a los propios lectores según la perspectiva cristiana. De ese modo, colaboráis en una verdadera acción de apostolado, muy meritoria ante el Señor. Dad siempre un claro y generoso testimonio de fe en la familia y en la sociedad, con una continua coherencia entre las ideas y la vida.

Sobre todos, queridísimos hermanos ,y hermanas, invoco la celestial protección de María Santísima y os imparto de corazón mi bendición apostólica.

Amén.

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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