|
SALUDO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A UN GRUPO DE MINEROS ITALIANOS
DE LA
DIÓCESIS DE MASSA MARITTIMA-PIOMBINO
Jueves 4 de diciembre de 1980
Queridos hermanos:
Ante todo quiero agradeceros el haber venido a este encuentro
que, por tener lugar el día de Santa Bárbara, patrona de cuantos trabajan en las
minas, es signo patente de vuestra fe cristiana y además de vuestra adhesión al
Sucesor de Pedro.
Por todo ello, os saludo cordialmente y os doy la bienvenida a esta casa que es
la del Pastor común de la Iglesia y, por consiguiente, está abierta a todos.
¡Cuánto más debía abrirse a vosotros, queridos mineros! Vosotros, en efecto,
representáis a un grupo de personas que ejecutan uno de los trabajos más pesados
y, además, me traéis a la memoria el trabajo que yo mismo tuve que ejecutar
durante algunos años de mi juventud.
Sé por experiencia que se trata de una ocupación dura, si bien a lo largo de los
años ha habido sin duda mejoras en la técnica de trabajo; por tanto, puedo
captar vuestros problemas y os aseguro mi cercanía afectuosa.
Quiero deciros sobre todo que si es exacta la afirmación común de
que el trabajo ennoblece al hombre, es también verdad al mismo tiempo que sólo la
fe cristiana puede ennoblecer el trabajo en sí y hacerlo incluso más humano. Por
ello, la exhortación que os dirijo es que renovéis y reforcéis vuestra adhesión
plena a Cristo, Redentor del hombre y Señor nuestro. Sólo El nos da capacidad
para encauzar todas nuestras energías a la construcción de una sociedad que sólo
será nueva si está completamente fundada en el respeto y, sobre todo, en el amor
mutuo.
Esto os deseo de todo corazón, a la vez que os reitero otra vez los sentimientos
de mi afecto pastoral. Transmitid mi saludo sincero y especial a vuestros seres
queridos y a vuestros compañeros de trabajo, a todos los cuales deseo abundantes
favores celestiales para una vida humana y cristiana próspera y serena
En prenda de estos deseos me complazco en impartiros mi bendición apostólica.
© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana
|