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DISCURSO EL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A UN GRUPO DE MUCHACHOS DE LA ACCIÓN CATÓLICA ITALIANA

Domingo 20 de diciembre de 1980

 

Queridos muchachos de Acción Católica:

1. Esta es una ocasión de alegría para mí: encontrarme con vosotros para recibir la felicitación de Navidad que me traéis también en nombre de todos los muchachos de la Acción Católica Italiana. Pero también es una ocasión de pena, porque vosotros procedéis, como representantes de vuestros coetáneos, de esas zonas del Sur de Italia que han sido azotadas tan duramente por el reciente terremoto, que ha suscitado pavorosas perturbaciones, sembrando en un momento destrucción y muerte.

Vosotros habéis sido testigos de esos momentos de enorme sufrimiento, y a pesar de todo, fuertes en vuestra fe cristiana, os hacéis portadores ante el Papa de un mensaje de alegría y paz, como para expresarle a él las certidumbres evangélicas que os acompañan en él arduo camino de la hora presente. Queridos muchachos, os doy las gracias por este acto de devoción y de obsequio, y junto con vosotros deseo detenerme un momento en la reflexión de los profundos e inextinguibles motivos de confianza que llenan la espera litúrgica de la Iglesia en este tiempo de inmediata preparación a la Navidad.

2. La liturgia del Adviento ilumina con luz viva la sicología del cristiano. Ella, mientras nos hace constatar que "la conciencia de nuestra culpa nos entristece", nos indica al mismo tiempo, con un contraste expresivo, la fuente de nuestra alegría "en la llegada del Redentor", quien, salvándonos en el espíritu y en la carne, nos llena de esperanza y nos abre, también al amor, convertido en signo de la vida cristiana y anticipo de los bienes eternos. El amor de Dios por su pueblo nunca viene a faltar, y Dios mismo será el Redentor de su pueblo, ofreciéndole una alianza de paz: "Porque tu marido es tu Hacedor; Yavé de los ejércitos es su nombre, y tu Redentor es el Santo de Israel... Que se retiren los montes, que tiemblen los collados, no se apartará de ti mi amor, ni mi alianza de paz vacilará, dice el que se apiada de ti, Yavé" (Is 54, 5-10).

He aquí dónde se fundan vuestra certidumbre, vuestra confianza, vuestra esperanza: en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo Salvador, y del cual vosotros queréis haceros mensajeros y testigos, en la convicción de que el amor es más potente que el sufrimiento y la muerte, es más potente que el pecado (cf. Carta Encíclica Dives in misericordia, 8). Profundizando en la fe, en la oración, en la experiencia cotidiana la realidad del amor de Dios que salva, vosotros aspiráis a ser ante los demás signo de esa amorosa voluntad salvífica; encontrando misericordia, vosotros queréis manifestar misericordia. Esta es la "síntesis de toda la Buena Nueva, de todo el intercambio admirable en ella encerrado, que es una ley sencilla, fuerte y dulce a la vez, de la misma economía de la salvación" (l. c.).

3. Vosotros aquí presentes, y todos aquellos que militan en las filas de la Acción Católica Italiana, estáis animados por el propósito de colaborar con una responsabilidad cada vez mayor en el apostolado jerárquico, en la tarea de evangelización que implica a toda la Iglesia. Rendid, pues, testimonio eficaz y concreto del gozo de la Navidad, del gozo de la salvación, de la certidumbre del amor de Dios que es más fuerte que toda destrucción, que sabe construir sobre cualquier ruina cosas más grandes y más hermosas. He aquí, entonces, una meta privilegiada, la meta de las metas de vuestra obra de jóvenes católicos: sed apóstoles de la esperanza y del amor que la Navidad trae al mundo.

Y en particular vosotros, que me escucháis, al regresar entre vuestras personas queridas, difundid a vuestro alrededor la confianza en un mañana más sereno, porque está basado en el amor. La vida seguirá, pero debe afrontar cada día problemas enormes de reconstrucción. La solidaridad generosa exigirá siempre nuevos esfuerzos concretos, que podrán ser afrontados y sostenidos sólo si van animados interiormente por la seguridad de un amor que viene desde arriba y que realiza su designio de salvación a través de los caminos a menudo atormentados de la humanidad. Sed heraldos de este mensaje luminoso.

Feliz Navidad, queridos muchachos, a vosotros, a todos vuestros amigos de la Acción Católica Italiana, a vuestros asistentes y presidentes, a vuestras familias y parroquias. Llevad este mi augurio de paz a todas las personas afectadas por la reciente e inmensa calamidad. Decidles que el Papa en la noche de Navidad estará cerca de ellos en intensa oración, para que el Niño Jesús lleve a sus corazones dulzura y esperanza. Que os acompañe en los próximos días festivos mi afectuosa bendición.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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