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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS DIRIGENTES DEL «CÍRCULO SAN PEDRO»


Martes 23 de diciembre de 1980

 

¡Queridos dirigentes del "Círculo Son Pedro"!

1. Con verdadera alegría y con profunda satisfacción os acojo hoy, en la proximidad de las fiestas de Navidad, y dirijo mi más cordial saludo a todos vosotros, y de manera particular al consiliario, mons. Ettore Cunial, y al presidente, marqués Giulio Sacchetti. Habéis tenido la amable idea de venir a expresar al Vicario de Cristo vuestras felicitaciones y las de todos los pertenecientes a vuestra antigua y benemérita Asociación y a traer el óbolo de San Pedro, recogido por vosotros en la diócesis de Roma para las necesidades de la Santa Sede. Aceptad, por tanto, también los sentimientos de mi más vivo reconocimiento, junto con la complacencia y el aprecio por vuestra obra y por vuestro empeño. En el tejido de las diversas actividades formativas y caritativas de Roma, también está vuestra Asociación, sensible a las muchas necesidades y dinámica de muchas maneras, en la que intentáis vivir concretamente y testimoniar loablemente vuestra fe cristiana. Demos gracias al Señor por vuestra buena voluntad, y que la gracia del Altísimo continúe dándoos la luz y la fuerza necesarias para cumplir bien vuestra misión en esta nuestra sociedad moderna, tan necesitada de ideas justas y de amor fraterno.

2. La ya cercana solemnidad de la Navidad, en que conmemoramos el nacimiento del Divino Redentor Jesús en Belén, me induce a detenerme algunos instantes con vosotros para meditar este histórico y determinante acontecimiento y para sugeriros algunas directrices prácticas.

La fe, basada en la narración evangélica, nos dice que Dios se ha hecho hombre, y por tanto se ha introducido en la historia humana, no tanto para juzgarla, cuanto para iluminarla, para orientarla, para salvarla, redimiendo cada alma. Este es el sentido de la Encarnación del Verbo, éste es el sentido auténtico de la Navidad, la fiesta de la verdadera alegría y de la verdadera esperanza.

Comprender y aceptar el mensaje de la Navidad significa vivir la perenne contemporaneidad de Cristo. En nuestra historia de hombres inteligentes y libres, Jesús sigue siendo siempre y para todos "la salvación", es decir, la respuesta a los interrogantes supremos que atormentan al hombre, y la gracia para elevarse del mal y vivir en la perspectiva de la eternidad. ¡Llevad este sentido de la Navidad en vuestros ánimos, en vuestra vida, en vuestros ideales humanos y cristianos! El hombre de hoy, confundido por tantas ideologías contrastantes y atacado por tantos fenómenos dramáticos y dolorosos, necesita saber con seguridad que, a pesar de todo, hay esperanza y alegría, porque Dios se ha hecho hombre, Cristo se ha encarnado verdaderamente por nosotros, el Salvador anunciado por los Profetas ha venido y ha permanecido con nosotros.

¡Debemos creer en la Navidad, con fuerza y profundamente!

3. Deseo concluir citándoos un pensamiento de una mujer fuerte y sabia, Edith Stein, que después de convertirse del judaísmo se hizo carmelita, e inmoló su vida en Auschwitz como hija de la misma estirpe del Redentor Jesús. Cuando más encarnizada estaba la segunda guerra mundial y todo parecía derrumbarse en el odio y en la crueldad, ella escribía: "Las almas están custodiadas celosamente en el corazón de Dios... Esta fe en la historia secreta de las almas debe fortalecernos cuando aquello que vemos exteriormente, en nosotros y en los demás, nos quitaría el valor..." (Carta del 16 de mayo de 1941).

¡Que la festividad de la Navidad os dé valor y confianza siempre! Este es el augurio que os dejo a vosotros, a todos los socios del Círculo San Pedro y a vuestras familias, mientras de corazón os imparto la propiciadora bendición apostólica, prenda de numerosas gracias divinas.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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