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MENSAJE TELEVISIVO DEL
SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL PUEBLO DE POLONIA EN LA NAVIDAD DE 1980
¡Alabado sea Jesucristo!
Con todos parto el "oplatek" (el pan de Navidad) en la mesa de la, cena de la
vigilia. He escrito estas palabras en la carta a los compatriotas, dirigida al
Primado y a todos mis hermanos en el Episcopado de la tierra polaca. Hoy me es
permitido completar estas palabras. Deseo tomar en las manos este "oplatek" de
Polonia, que me ha enviado el Primado, y con este "oplatek" en la mano, estando
ante vosotros, quiero acercarme, encontrarme, y partirlo con cada uno de
vosotros, con todos, sin excepción. Deseo que mi palabra de la vigilia de
Navidad llegue a todos. Quiero, sobre todo, que llegue a las familias, a los
padres y a los niños, a las generaciones de los adultos y de los jóvenes, y que
sea una palabra de amor, de paz, de reconciliación, una palabra de corazón.
Deseo que estas felicitaciones de la vigilia de Navidad lleguen de modo
particular a mis hermanos y hermanas que padecen por cualquier motivo que sea, a
todos los que sufren, a todos los que se sienten solos. En esta Noche Santa
quiero proclamaros la Buena Nueva. Vosotros mismos la proclamaréis cuando os
reunáis en la Misa de media noche. Cuando los sacerdotes, en sus parroquias, en
sus iglesias, comiencen la Santa Misa, esta Buena Nueva de Belén se difundirá
ampliamente con las palabras del canto navideño: "En el silencio de la noche se
difunde la voz, levantaos, pastores...".
Estas palabras fueron dirigidas una vez a los pastores de Belén. Hoy se dirigen
a todos nosotros: a cada uno, a los obreros y a los intelectuales, a los hombres
de ciencia, a los jóvenes que estudian o trabajan, a los ancianos, a la
generación más anciana y a los niños, a la generación más joven y a los recién
nacidos.
Precisamente estos más pequeños tienen un derecho especial a esta fiesta de hoy.
La noche de la vigilia de Navidad siempre es para nosotros, polacos, un momento
de particular comunión. No sólo en cada familia, sino también en esta gran familia que constituimos todos, en
esta familia que es nuestra patria, nuestra nación. Quiero recordar a esta
gran familia las palabras que escribió el poeta Stanislaw Wyspianski,
precisamente para la vigilia de Navidad: "Danos un sentido de fuerza y danos la
Polonia viva"; son las palabras de oración de Konrad, pero ¿no podemos ponerlas
en la boca de cada uno de nosotros, ya se trate del más sencillo, ya del más
culto, ya del que da las órdenes, o del que ostenta el poder? Permitidme, pues,
que ponga estas palabras en vuestros labios, queridos hermanos y hermanas, y
como Konrad de Wyspianski ruego juntamente con vosotros —esta noche— por la
patria común. Al rezar, encomiendo a Cristo, a su Madre, todo lo que ha
sucedido y sucede en Polonia durante los últimos meses, sobre todo esta obra de
unidad, de paz, de respeto recíproco y comprensión, la obra que no se dirige
contra ninguno, no "contra", sino "para", para la reconstrucción, para la
renovación, a fin de que todos puedan participar en Polonia, de modo más pleno,
para que todos puedan sentirse en ella un sujeto de creatividad, de trabajo, de
deber, pero también de la alegría de construir un bien común. Pensando esto,
parto este "oplatek" (pan de la vigilia de Navidad) con toda la gran comunidad
de la patria, y deseo que estas iniciativas vayan acompañadas, también en el
futuro, del orden, del respeto recíproco, de la gracia, de la paz interna y
externa, y así se pueda terminar la obra comenzada.
Queridos hermanos y hermanas, amadísimos compatriotas, parto con vosotros este
"oplatek" y formulo estas felicitaciones desde aquí, desde mi capilla en el
Vaticano. Las formulo tal como están escritas en mi corazón; si bien hay
que decir que están escritas en el corazón de cada uno de vosotros, en el
corazón de nuestra amada Patria.
Deseo terminar este excepcional encuentro con vosotros, amados connacionales,
añadiendo mi saludo para todos sin excepción. He tratado de recordaros a todos
aunque no haya podido nombraros a todos a causa del limitado tiempo de que
dispongo. Recibid ahora la bendición en nombre de la Santísima Trinidad.
© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana
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