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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL PERSONAL DE LA "ROMANA ASSOCIATIO PRO TRANSVEHENDIS
ITINERANTIBUS MISSIONARIIS" (RAPTIM)


Viernes 15 de febrero de 1980

 

Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra recibiros en esta casa en la fecha feliz del XXV aniversario de la apertura en Roma de la oficina italiana de vuestra Organización.

Os saludo muy cordialmente y os doy las gracias por haber deseado este encuentro. Quiero manifestaras enseguida aprecio por vuestra actividad singular, a la vez que me complazco en recordar el significado exacto de la sigla RAPTIM que os distingue; está formada por las iniciales de las palabras: "Romana Associatio Pro Transvehendis Itinerantibus Missionariis". La expresión es muy elocuente y lo es aún más la realidad que indica, es decir, la cercanía a la Sede Apostólica y el objetivo de facilitar generosamente los viajes de los misioneros de Cristo en todo el mundo. Pues bien, quisiera que este programa fuera siempre vuestro distintivo de honor.

Os deseo sinceramente que sean aplicables a cada uno de vosotros las hermosas palabras que el Apóstol Juan escribe al destinatario desconocido de su tercera Carta: "Carísimo, te muestras fiel por lo que practicas con los hermanos y aun con los peregrinos; ellos dieron testimonio de tu caridad en presencia de la Iglesia. Muy bien harás en proveerlos para su viaje de manera digna de Dios; pues por el nombre de Cristo partieron... Por tanto, debemos nosotros acogerlos, para ser cooperadores de la verdad" (3 Jn 5-8). Este texto podría ser como vuestro punto luminoso de referencia y motivo de estímulo de vuestra laboriosidad. Además, no hay duda de que son válidas también para vosotros las palabras de Jesús que prometen recompensa segura a quien haya prestado ayuda aunque sea pequeña, a un discípulo suyo; pues quien ayuda al misionero tendrá su misma merced (cf. Mt 10, 40-42). Así tomáis parte en el entusiasmo y amor práctico que tanto distinguieron a la Iglesia desde sus orígenes.

Os animo paternamente, pues, a proseguir con tesón el camino que iniciasteis hace 25 años. Si procuráis unir esta dimensión espiritual a la competencia técnica que os corresponde, no hay duda de que este camino será muy fructuoso. No esté nunca la una sin la otra para no correr el riesgo de conformaros con buenas intenciones o limitaros a una empresa puramente profana.

Y os colme de gracias el Señor. En prenda de éstas os concedo de corazón la bendición apostólica que quiero hacer extensiva a cuantos trabajan en vuestra Organización en los distintos continentes.

 

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

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