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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
A UN GRUPO DE DIPUTADOS BRASILEÑOS


Miércoles 20 de febrero de 1980

 

Señor Presidente de la Cámara de Diputados
y Excelentísimos Señores:

Vuestra presencia cualificada es un placer y un honor para mí. Al saludar cordialmente a vuestras personas en su representatividad de Diputados, saludo también a aquellos a quienes servís con vuestras altas funciones, saludo a todo el querido pueblo brasileño que siento aquí presente con ustedes en este momento, y al que va mi pensamiento afectuoso.

Al agradecer vuestra deferente visita, quiero expresar de nuevo el aprecio que merece a la Iglesia católica la tarea de servir al bien común, cuando admite una justa jerarquía de valores y está iluminada por un noble sentido de humanidad. En este encuentro con ustedes me permito repetir lo que ya he dicho en momentos significativos de mi pontificado: "Toda actividad política, nacional e internacional —en última instancia— procede del hombre, se ejerce mediante el hombre y es para el hombre. Esta no es nunca fin de sí misma, so pena de perder gran parte de su razón de ser" (cf. Discurso en la ONU, 2 de octubre de 1979. L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 14 de octubre de 1979, pág. 2).

Una verdad tal, profundizada y convertida en fuerza de paz, cuando se deja iluminar por ese Dios el cual quiso que todos los hombres constituyeran una sola familia humana, como la estrella de Belén, no puede dejar de llevar a Cristo Redentor del hombre y centro del cosmos y de la historia.

Que vuestras actividades estén guiadas siempre por el alto ideal del servicio al hombre nuestro hermano, como a "su única e irrepetible realidad humana"; y a través de vuestras distinguidas personas va a toda vuestra nación mis deseos ardientes de progreso creciente y prosperidad en libertad, justicia, solidaridad, amor fraterno y bienestar de todos los brasileños.

Y para ustedes, Excelentísimos Señores, y para cuantos lleváis en el corazón más especialmente, y para todo Brasil, pido las mejores bendiciones del Señor.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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