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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS CAPELLANES
CASTRENSES DE ITALIA
Jueves 24 de enero de 1980
Excelentísimo señor,
queridísimos sacerdotes:
Es la primera vez que los capellanes castrenses de Italia se reúnen todos en
Roma y vienen a la audiencia del Papa. Por ello, es éste un momento
verdaderamente histórico, emocionante e importante para vosotros y también
para mí.
Es grande mi alegría y consuelo por encontrarme entre vosotros y agradezco de
corazón, por tanto, al Ordinario castrense, mons. Mario Schierano, y os
agradezco también a vosotros este acto de devoción profunda hacia mi persona.
Os saludo con afecto a cada uno, queridos capellanes castrenses, y os confieso
mi complacencia sincera y mi estima más cordial por la obra que realizáis con
sacrificio e interés entre las Fuerzas Armadas de las unidades territoriales
del Ejército, los sectores de la Aviación, los departamentos marítimos y los
distintos Cuerpos de Carabineros, Policía y Aduanas. Vuestra acción pastoral
merece el aplauso y comprensión de todos.
Y al saludaros a vosotros aquí presentes, me propongo llegar con el afecto a
todos los ex-capellanes castrenses que han gastado su vida sacerdotal en este
sector importante y, en particular, a los que acompañaron a sus soldados en
todos los ejércitos de combate durante el último conflicto terrible, con
angustia en el corazón por tanta destrucción tan injusta y cruel,
confortándoles en los campos de batalla y de prisión. Y un recuerdo reverente
junto con una oración de sufragio fraterno se elevan asimismo por todos los
capellanes caídos en el cumplimiento del deber, víctimas también ellos al lado
de los jóvenes que les estaban encomendados.
Quisiera que os hicierais portadores de mi saludo a todos los jóvenes de Italia
que tenéis cerca, acompañáis y amáis durante el servicio militar. Haceos
intérpretes del afecto y amor del Papa. Decid a todos que el Papa les ama y
recuerda en sus preocupaciones y su oración.
Queridos capellanes castrenses: Habéis terminado un largo ciclo de puesta al día
sobre los temas de la "promoción humana, la familia y la catequesis", temas de
importancia esencial; y me complazco sinceramente en vuestra buena voluntad e
interés.
1. Ante todo me imagino vuestras dificultades. Cada vida sacerdotal tiene las
suyas; pero puede decirse que la vuestra es particularmente difícil, sobre todo
en la situación actual de la sociedad. Dificultades para seguir un plan
pastoral orgánico; dificultades para acercasse y relacionarse con cada joven;
dificultades por la heterogeneidad de los ambientes; dificultades para alcanzar
las metas fijadas y superar las desilusiones que nunca faltan; dificultades
asimismo por las condiciones ideológicas y sicológicas particulares en que se
hallan sobre todo los jóvenes, turbados y agobiados por el tumulto incesante de
los acontecimientos.
También vosotros tenéis necesidad de comprensión, también vosotros sentiréis
alguna vez el drama de la soledad. Pues bien, sabed que contáis con mi amistad y
mi oración. Entre las muchas preocupaciones que inquietan la mente y el corazón
del Papa, estáis también vosotros, capellanes castrenses de Italia. Os sigo y
acompaño junto con vuestros obispos y superiores. Pero os exhorto sobre todo a
mantener vivas y altas la valentía y la certeza. Llamados por la Providencia a
ejercer un cualificado servicio sacerdotal, vuestra vida está bien empleada,
aunque no tengáis siempre el consuelo de palpar la eficacia y los resultados de
vuestro ministerio. Alegraos de servir a Cristo y a la humanidad siendo
capellanes castrenses, imitando a Jesús que colmó de gracia y amistad también
al centurión romano. A vosotros, en especial, repito las palabras famosas de San
Pablo a los Efesios: "Confortaos en el Señor y en la fuerza de su poder; vestíos
de toda la armadura de Dios para que podáis resistir. Estad, pues alerta, ceñidos vuestros lomos con la verdad,
revestida la coraza de la justicia, y calzados los pies, prontos para anunciar
el Evangelio de la paz. Embrazad en todo momento el escudo de la fe... Tomad el
yelmo de la salud y la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. Orad en
todo momento... velando a este fin con plena perseverancia" (Ef 6, 10. 13-18).
2. El encuentro de hoy debe servir también de estímulo para cumplir cada vez
mejor la obra a que habéis sido llamados. Están encomendados a vosotros nada
menos que 350.000 jóvenes que pasan cada año por los cuarteles de Italia,
además del personal fijo de los sectores varios de las Fuerzas Armadas. No hay
duda de que tenéis una gran responsabilidad, pues la Iglesia, cada familia, los
superiores y los jóvenes han puesto su confianza en vosotros y de vosotros
esperan luz, consejo, fuerza espiritual y un punto seguro de referencia. Sentid
hondamente esta responsabilidad, pero experimentad al mismo tiempo la alegría de
poder anunciar a Cristo y su mensaje salvífico a tantos jóvenes que se hallan
en trance de búsqueda y elección en medio de íntimos sufrimientos quizá.
El joven llamado al servicio militar en el momento más delicado e importante
de su existencia, tiene una sicología particular; se encuentra de repente
arrancado de su ambiente natural y normal, y de sus costumbres de vida; y por
ello, lógicamente se siente solo, amargado, atemorizado, y se da cuenta de que
necesita gran esfuerzo de voluntad para aceptar el nuevo tipo de vida; además,
obligado a un ritmo de actividades diversas o contrarias a sus gustos y entre
personas desconocidas y diferentes por mentalidad y temperamento, se siente
impulsado a evadirse de alguna manera para mantener su personalidad y llenar el
vacío afectivo y la soledad que le atormentan, cediendo alguna vez a
experiencias perjudiciales; y al ponerse en contacto con otros modos de pensar y
vivir, puede llegar a sufrir incluso crisis espirituales violentas. Pues bien,
vosotros estáis llamados a estar cerca de estos jóvenes en este momento tan
delicado; podéis conocerlos, amarlos, iluminarlos. Ellos tienen necesidad de
vuestra amistad y afecto.
3. Y concretamente, ¿en qué debe consistir esta amistad y afecto?
— Ante todo debe ser delicado y respetuoso. En una sociedad tan abiertamente
pluralista y autónoma hay que tener comprensión con todas las experiencias.
Tratar de comprender para amar mejor, no quiere decir justificar; significa
sólo ganarse la confianza, abrirse a la simpatía recíproca, crear relaciones de
amistad, proponer recorrer juntos este trozo de camino. Se necesita, por tanto, gran paciencia, gran sentido del equilibrio y tener
madurez.
— Vuestro afecto debe ser iluminador. Nunca como hoy ha tenido necesidad el
joven de certeza sobre el significado auténtico de la vida y de su destino.
Nunca como hoy ha sentido el joven la necesidad de convicciones personales
probadas y demostradas, para poder encontrarse con seguridad absoluta con Dios,
con Cristo y con la Iglesia, a pesar de los avatares de la historia y la
variedad de ideologías. Por ello se necesita una buena apologética, una
explicación exhaustiva de los "preámbulos de la fe" que disipe las tinieblas
del error, de los prejuicios, de la confusión. Sed, siempre, por tanto,
coherentes y lógicos al anunciar sin temor, toda la verdad.
— Y, en fin, vuestro afecto debe ser siempre formativo. Dad a conocer a Jesús y
hacedlo amar, haced comprender y estimar la vida de gracia y la perspectiva
eterna y responsable de la existencia humana. Toda actitud de jactancia o de
mundanidad, de crítica o de tibieza, hace banal la vida del sacerdote y la
vacía de su valor de testimonio. Sed siempre conscientes de vuestra dignidad de
ministros de Cristo, y con la ayuda de jóvenes ya maduros y formados, sabed
crear otro tipo de mentalidad que espiritualice y eleve el ambiente.
Queridos capellanes castrenses: Hoy celebramos a San Francisco de Sales, cuyas
enseñanzas son "tan adecuadas a las necesidades de nuestro tiempo", como dijo
Pablo VI de venerada memoria (Carta Apostólica Sabaudiae gemma, 29 de enero de
1967); y me complace concluir dejándoos un pensamiento suyo. ¿Os acordáis de
lo que escribía en la "Introducción a la vida devota"? "Es un error o más bien
una herejía —decía— querer proscribir la vida devota de los cuarteles de
soldados, del taller de los artesanos, de la corte de los príncipes, y de la
vida de la familia de los casados" (Parte primera, cap. II). Para poder llevar
esta vida cristiana hecha de fe y gracia, todos tienen necesidad de un director
espiritual en quien poner "confianza absoluta y reverencia sagrada... Este guía
espiritual deberá ser como un ángel... Deberá estar lleno de caridad, ciencia y
prudencia" (ib., cap IV). Sed vosotros los "ángeles" visibles de los jóvenes
confiados a vosotros.
Os ayude la intercesión del Santo Doctor de la Iglesia.
Os haga sentir su amor materno María Santísima.
Con mi bendición apostólica portadora de consuelo.
© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana
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