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PALABRAS DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
DURANTE UNA VELADA CON LOS UNIVERSITARIOS
DEL MOVIMIENTO "COMUNIÓN Y LIBERACIÓN"


Sala Regia
Sábado 26 de enero de 1980

 

Estos últimos días de enero; hace precisamente un año, salí por vez primera del Vaticano para visitar México. Tuve un encuentro con el Presidente y mantuve con él una conversación de una hora: era la primera vez que tenía un diálogo en español con un Presidente. El comenzó diciendo: "Ya sabe usted que México es un país surrealista", y he de confesar que esta introducción facilitó la entrevista sobre problemas fundamentales que no faltaban ni faltan en México, como es sabido. Recuerdo este episodio para decir que el surrealismo no pertenece únicamente a la tierra mexicana: también en el Vaticano es como de casa. Porque yo me pregunto en primer lugar, ¿cómo han acertado a entrar hasta aquí estos jóvenes?; después me vuelvo a preguntar —y tengo aquí presente un testigo ocular, el dr. Griegel, de Cracovia—, ¿cómo podíamos haber imaginado hace poco más de un año una velada como ésta en que estudiantes italianos cantan con el Papa? Es sin duda algo surrealista. Pero al lado de la palabra "surrealismo" hay otra muy parecida y, a la vez, sumamente diferente, la palabra "sobrenatural"; ésta no es surrealista sino muy real; y yo veo que vosotros tratáis de vivir dentro de la realidad. Ello me proporciona alegría, al igual que todos nuestros encuentros comenzando por éste, el primero del año.

Quiero decir con suma brevedad —si bien sobre este tema habría para escribir un tratado— que el camino elegido por vosotros es muy adecuado a la situación del hombre de hoy, porque la nuestra es una época de gran poder del hombre que, al mismo tiempo, se siente desarraigado de sí mismo. Podemos decir con certeza que no se puede descubrir la identidad del hombre en el aspecto económico de la socialidad; si se quiere descubrir al hombre y acercarse a su identidad humana, hay que ir a la cultura: la cultura hace al hombre y el hombre hace la cultura. Es ésta una referencia fundamental, y me parece que la teoría y la práctica de vuestro Movimiento intenta encontrar  al hombre —lo que significa encontrarse a sí mismo— en su cultura, en sus raíces culturales; basta participar media hora en vuestros cantos para percibirlo. Al oír el texto de los cantos medievales, los he encontrado parecidos a los textos polacos de la misma época. Se ve que los caminos de la cultura humana y sus manifestaciones vienen a seguir la misma trayectoria en los distintos pueblos. Al encontrar al hombre— en su— cultura y a través de su cultura, se llega a la comunidad humana auténtica, a la dimensión comunitaria de la vida humana; se llega a las distintas comunidades en su variedad, en su pluralismo, y con sus parecidos y paralelismos al mismo tiempo. Este breve encuentro me ha dado ocasión de constatar que vuestro modo de abordar los problemas es cercano al mío; o mejor, es el mismo. Os agradezco esta constatación y también el haberme enseñado el camino para entrar en el Vaticano... Dios os bendiga este año que acaba de comenzar: que sea bueno y pacífico. Feliz año. Y espero que volváis de nuevo, ya que habéis aprendido el camino...

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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