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ENCUENTRO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
CON LOS JÓVENES DEL MOVIMIENTO "COMUNIÓN Y LIBERACIÓN"


Sala Pablo VI
Domingo 16 de marzo de 1980

 

Los jóvenes recibieron al Papa con cantos de su repertorio, a los que el Santo Padre se unió en muchos momentos. Le ofrecieron dos regalos: una guitarra y un traje de deportes. Juan Pablo II comentó después con humor :

Ha terminado la parte más bonita de la audiencia. Ahora comienza la menos bonita, en la que hablo yo y vosotros tenéis que escuchar

Queridísimos jóvenes:

Este encuentro está inundado de alegría. Alegría mía y vuestra, porque podemos vernos, hablarnos; alegría que encuentra, de este IV domingo de Cuaresma, su expresión litúrgica: "Alégrate, Jerusalén, y gozad con ella todos los que la amáis". Con estas palabras somos acogidos hoy al comienzo de la Santa Misa. Jerusalén, esto es, toda la Iglesia, está invitada a expresar su desbordante alegría. .¿Por qué motivo? Porque la Pascua ya está cercana. Cristo, Redentor del hombre, está presente en su Iglesia, en el mundo, en la historia, entre nosotros.

1. A vosotros, jóvenes de "Comunión y Liberación", que habéis venido de todas las regiones de . Italia, incluso a precio de notables sacrificios, quiero confiaros hoy un empeño y una consigna: Sed, ahora y siempre, portadores y transmisores de alegría cristiana. Y, al daros esta consigna, no puedo menos de recordar lo que recomendó a todos los jóvenes mi predecesor Pablo VI en su Exhortación Apostólica Gaudete in Domino, del 9 de mayo de 1975: "Os invitamos cordialmente a haceros más atentos a las llamadas interiores que surgen en vosotros. Os invitamos con insistencia a levantar vuestros ojos, vuestro corazón, vuestras energías nuevas hacía lo alto, a aceptar el esfuerzo de las ascensiones del alma" (VI).

Llevad, sobre todo, la alegría cristiana en vuestro corazón: alegría que brota de la fe serenamente aceptada; intensamente profundizada mediante la meditación personal y el estudio de la Palabra de Dios y de las enseñanzas de la Iglesia; dinámicamente vivida en la unión con Dios en Cristo, en la oración, y en la práctica constante de los sacra-alientos, especialmente de la Eucaristía y de la Reconciliación; en la asimilación del mensaje evangélico, a veces duro para nuestra débil naturaleza, que no está siempre en sintonía con las exigencias exaltantes, pero comprometidas del "Sermón de la Montaña" y de las "Bienaventuranzas". "Noli gaudere in saeculo —nos dice San Agustín— gaude in Christo, gaude in verbo eius, gaude in lege eius... In corde christiano et tranquillitas erit et pax; sed quamdiu vigilat fides nostra; si autem dormit fides nostra, periclitamur". (No te goces en la realidad terrena, gózate en Cristo, gózate en su palabra, gózate en su ley:.. En el corazón cristiano habrá paz y tranquilidad; pero mientras nuestra fe esté vigilante; en cambio, sí se duerme nuestra fe, estamos en peligro): Enarr. in ps. 93, 24 s.: PL 37, 1212 s.).

Y los peligros de que la fe de los cristianos, vuestra fe de jóvenes cristianos, pueda tener fases de decaimiento, están siempre y constantemente presentes, sobre todo en estos períodos de profundas y amplias transformaciones en el campo cultural, social, político económico.

Pero vosotros, jóvenes queridísimos, no tendréis ciertamente ni temor ni mucho menos vergüenza de ser y de manifestaros cristianos, siempre y en todas partes.

2. Llevad la alegría cristiana al ambiente en que vivís normalmente, esto es, a vuestras familias, a vuestras asociaciones, pero especialmente al mundo de los estudiantes.

Con cuánta esperanza, con cuánto respeto, pero también con cuánta ansiedad los ciudadanos de un Estado bien ordenado miran a la escuela, el lugar donde los jóvenes, reunidos, puedan buscar juntos apasionadamente la verdad, hacer de todos los diversos conocimientos adquiridos una síntesis unitaria, que les de la capacidad de juzgar e interpretar los varios y complejos fenómenos socio-culturales. Por desgracia —es una queja que se oye repetir muy frecuentemente— la escuela contemporánea está en "crisis" y se convierte, a veces, en deformadora y anti-educativa; mientras, por su parte, los modernos instrumentos de comunicación social, desde sus "cátedras" difunden sus "lecciones" de hedonismo, de indiferentismo, de materialismo y pretenden conquistar y someter especialmente a los jóvenes.

Vuestra presencia en el mundo de los estudiantes, y en el más amplio de la cultura, sea animadora de auténticos intereses en el ámbito de los diversos conocimientos, respetando el pluralismo, pero con la convicción firme de que la cultura debe tender a la perfección integral de la persona humana, al bien auténtico de la comunidad y de toda la sociedad humana.

Vivid en estrecha unión con los hombres de vuestro tiempo; esforzaos por penetrar en su modo de pensar y de sentir; sabed armonizar el conocimiento de la ciencia, de la cultura y de los más recientes descubrimientos con la moral y el pensamiento cristiano (cf. Gaudium et spes, 62).

Vosotros, jóvenes de "Comunión y Liberación", con vuestro estudio, con vuestra preparación, con vuestra seriedad, con vuestro entusiasmo, con vuestro ejemplo, comprometeos a sostener la fe de vuestros condiscípulos. Esta será una obra altamente meritoria ante Dios y ante la Iglesia.

3. Al hablar de alegría cristiana, que brota de la fe y de la búsqueda sincera de la verdad, no podemos olvidar que está íntimamente unida con el amor. Quien posee y transmite la alegría cristiana es, al mismo tiempo, portador de un mensaje de solidaridad, de paz, de amor. Al llegar aquí, mi llamada quiere ser intensa y apremiante. La espiral de la violencia, continúa provocando y sembrando, bárbara y cínicamente, odio y muerte. En esta situación, dramática por sí misma, el aspecto que más impresiona a todos los hombres de buena voluntad es la escalofriante comprobación de que los jóvenes matan a otros jóvenes. Al copiar y seguir sus ideologías desviadas, los jóvenes se hacen la ilusión de que sólo provocando la muerte, pueden transformar esta sociedad. Pero es necesario proclamar con fuerza y convicción que un mundo de justicia de solidaridad, de paz, no se construye sobre la sangre y los cadáveres de víctimas, que sólo son culpables de pensar de otra manera.

Responded a la violencia ciega y al odio inhumano, jóvenes queridísimos, con la fuerza fascinante del amor. Testimoniad con vuestro comportamiento, con vuestra vida, sobre todo entre los estudiantes, que las ideas no se imponen, sino que se proponen; que el auténtico pluralismo cultural, tan exaltado por la sociedad contemporánea, exige el máximo respeto en relación con las ideas de los otros. Construid, sobre estas bases, día tras día, vuestro hoy, que prepara y preludia el mañana, del que ya comenzáis a ser verdaderos protagonistas.

Al regresar a vuestras regiones, a vuestras casas, a vuestras aulas escolares, haceos portadores de estas indicaciones y de estas preocupaciones del Papa, que, en nombre de la Iglesia, os manifiesta su comprensión, su afecto, su estima, su esperanza.

Y el canto, que vivifica siempre y anima vuestras asambleas comunitarias, sea el signo de vuestra fe profunda en Cristo y en la Iglesia.

"Cantate vocibus —dice también San Agustín—, cantate cordibus, cantate oribus, cantate moribus" (Cantad con vuestra voz, cantad con vuestro corazón, cantad con vuestros labios, cantad con toda vuestra vida Serm. 34, cap. 3, 6: PL 38, 211).

Con esta renovada invitación a la alegría, que se abre al canto, os imparto de corazón mi bendición apostólica.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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